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Muere a los 91 años Mort Drucker, ilustrador de ‘MAD’

Mort Drucker en Toronto en 1989.Mort Drucker en Toronto en 1989.Bernard Weil / Toronto Star via Getty Images

“Se buscan dibujantes”. Acudió a la llamada. Con 18 años entró a trabajar en un periódico a hacer tiras cómicas, por recomendación de Will Eisner (1917-2005), después llegó a National Periodical Publications (DC Comics), donde se hartó en siete años de dibujar superiores, y con ese anuncio en el periódico se presentó, en 1956, en las oficinas de MAD. La publicación tenía cuatro años de vida y había pasado de ser un cómic a una revista. Les enseñó su carpeta y el editor, Bill Gaines, le dijo que si los Dodgers de Brooklyn ganaban el partido de la Serie Mundial de beisbol, tendría que dibujarlo. Así ocurrió. Le contrataron inmediatamente, pero no para hacer superhéroes. Querían caricaturas. Sátiras de personajes de televisión y de cine. Tenía que dibujar a los famosos, sacarles de contexto, ridiculizarlos. Allí pasó más de cincuenta años y terminó dibujando a todo Hollywood. Sus parodias se publicaban en casi todos los números de MAD, más de doscientas tiras cómicas. Sus favoritas fueron las de El padrino. La última se publicó en 2008, antes de su jubilación. Ayer, su hija anunció la muerte de Mort Drucker, en Nueva York, a los 91 años. No le hicieron test de coronavirus.

Mort Drucker -Morris Drucker- nació en Brooklyn e hizo portadas para Newsweek, Time, Rolling Stone y las que hizo para Life se conservan, junto al resto de portadas de la revista, en la National Portrait Gallery. Fue muy bueno cuando dejó que la decepción política hablara en sus caricaturas, mucho más interesante que cuando se dedicó a acompañar el producto cinematográfico de la cultura popular. Porque la caricatura es el género del desvelo, que se detiene al borde de la ofensa. Drucker criticó a Ronald Reagan (1911-2004) desde todos los ángulos (hasta le visitó de Vito Corleone) y el presidente invitó al dibujante y a su mujer, Barbara, a un paseo por la Casa Blanca para conocer a su ídolo y, de paso, neutralizar la ironía. También publicó un álbum para colorear cuyo protagonista era JFK, que se convirtió en un éxito de ventas.

Género en extinción

La caricatura nace, crece y se reproduce en la polémica. Y responde a un manifiesto: cuanto más fuerte el dogma, más fuerte la caricatura. Es crítica con el poder hasta ridiculizarlo. Bebe del humor, que tiene la capacidad de hacer dudar y cuestionar las verdades más asentadas, porque el humor es intolerable para el poder: la risa iguala. Mondracke -con los guiones de Stan Hart- recogió esa tradición iniciada por Honoré Daumier (1808-1879) hace dos siglos, quien no hacía chistes con el humor al denigrar a los Borbones y a los políticos corruptos. Tanto La caricature, de Daumier, como MAD -famosa por atacar a los intocables y burlarse de los hipócritas en todos los sectores de la sociedad, sin tener nada que perder- se han enfrentado a procesos judiciales que han tratado de asfixiar su libertad de expresión.

“Pertenecía a un género en extinción, el de la parodia, la que necesita una revista. Varias páginas, un contexto que, casualmente, también hace un tiempo que nos está ya dejando”, explica el dibujante Manel Fontdevila. El humor de MAD era nihilista y Drucker encajó a la perfección. Para Art Spiegelman, autor de Maus y judío como Drucker, MAD es su Talmud. “La parodia es un género que, además, él mismo inventó (creo) y perfeccionó (de eso estoy seguro). Su trabajo se define por su eficacia: concreta muchísima información en cada centímetro de viñeta, la ordena y la sirve a un ritmo de lectura casi gimnástico. Y luego está su increíble capacidad para la caricatura, claro”, añade Fontdevila. El ilustrador Fernando Vicente cuenta que conoció el trabajo de Drucker muy pronto, “no creo que tuviese diez años”. “Mi padre tenía un amigo en la embajada americana y a casa llegaba alguna revista MAD, recuerdo como si tuviera en las manos ahora mismo una parodia de Kojak, con Telly Savalas, que veíamos por televisión y otra de Sean Connery de James Bond, que me parecían y aún me parecen inalcanzables. Un currante del lápiz como no ha habido otro”, asegura Vicente.

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