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Miren Agur Meabe, Premio Nacional de Literatura, la autora que erotizó la poesía vasca

Mi madre solía decir que de joven se parecía a Maureen O’Hara”. Así comienza ‘Madre en píxeles’, un poema de Miren Agur Meabe (Lekeitio, Bizkaia, 59 años) incluido en Cómo guardar ceniza en el pecho, el libro con el que acaba de ganar el Premio Nacional de Poesía, que por primera vez en su historia ha recaído en una obra escrita en euskera. La madre de la ganadora tenía algo de razón. En el pasillo de su casa, en su pueblo natal, hay una foto de boda en la que puede verificarse el parecido con la actriz irlandesa. “Cuando me llamó el ministro [Miquel Iceta] para decirme que había ganado”, cuenta Meabe, “lo primero que hice fue ir al pasillo y darle un beso a esa foto y a la de mi hijo. Tenía mucho que agradecerles”. Publicado originalmente en 2020 por la editorial Susa con el título de Nola gorde errautsa kolkoan, la versión al castellano del libro acaba de llegar a las librerías de la mano del sello madrileño Bartleby. La propia autora se ha encargado de la traducción: “Antes era insegura, pero ahora me autotraduzco sin complejos. Hay que dejar que el poema sea libre en el idioma de llegada, porque a veces una palabra que en la lengua base es muy evocadora, en la otra puede ser una cursilada. ¿Un ejemplo? Bihotza, corazón”.

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Los lectores en castellano por fin se asoman al euskera, el catalán y el gallego

El 14 de noviembre de 2019, el entonces ministro de Cultura, José María Guirao, leyó el poema de Joan Margarit ‘No tires las cartas de amor’ (No llencis les cartes d’amor) para anunciar que el poeta de Sanaüja (Lleida) acababa de ganar el Premio Cervantes, el más prestigioso en lengua castellana. La fecha supone un pequeño hito porque, a pesar de presentarse como poeta de escritura bilingüe desde el libro Estació de França, Margarit era, sobre todo, un poeta en catalán. Tres días antes, el Premio Nacional de las Letras Españolas, destinado a autores en cualquiera de los idiomas oficiales del Estado, distinguió por primera vez a uno en euskera: Bernardo Atxaga. Y ese mismo año el Nacional de Poesía recayó en Tempo fósil, de la gallega Pilar Pallarés. De hecho, las últimas cuatro ganadoras en ese apartado han sido, además de mujeres, sendas autoras en catalán (Antònia Vicens en 2018), gallego (la citada Pallarés en 2019 y Olga Novo en 2020) y vasco (Miren Agur Meabe en 2021). Días después de que se comunicara el premio a esta última, se anunció que su equivalente en narrativa era para la novela Virtudes (e misterios), del autor gallego Xesús Fraga. 

Muy lejos, en 2002, queda la polémica suscitada cuando Unai Elorriaga se llevó el Nacional de Narrativa por SPrako tranbia (Un tranvía en SP) y algunos medios desconfiaron de la capacidad del jurado para leer el original. Los que conocen el mecanismo del galardón saben que, una vez seleccionados los finalistas, se pide una versión al castellano de aquellos títulos escritos en las otras tres lenguas. Miren Agur Meabe dedicó el verano a traducir su Cómo guardar ceniza en el pecho y eso ha sido lo que ha hecho posible que la edición de Bartleby llegue a las librerías un mes después del fallo. Editor y poeta se conocieron en agosto durante el festival Expoesía de Soria, que dedicó un espacio destacado a la lírica en lengua vasca. Actos como ese siguen el rastro de otros que —como los encuentros de Verines (Asturias), el Mapa poético y Cosmopoética (en Córdoba) o los promovidos por la Fundación Rafael Alberti en el Puerto de Santa María o el desaparecido José Carlos Cataño en Barcelona— han ido tejiendo una red de contactos entre escritores de toda la Península que poco a poco ha ido calando en los lectores. 

Más allá de los reconocimientos oficiales y de los festivales literarios, los libros de nombres de las nuevas generaciones como Kirmen Uribe, Karmele Jaio, Eider Rodríguez, Harkaitz Cano, Katixa Agirre, Yolanda Castaño, Eva Baltasar, Pol Guasch, Llucia Ramis, Jordi Nopca o Marta Carnicero aparecen traducidos regularmente en los catálogos tanto de grandes grupos como de sellos independientes. Tal vez sus obras no han tenido aún el eco que tuvieron las de Manuel Rivas o el propio Atxaga, pero el juego está más repartido que nunca. Y llega más lejos que nunca: el festival de literatura y naturaleza Siberiana, que se celebra cada año en el pueblo extremeño de Tamurejo, tuvo este junio como invitada estelar a la escritora barcelonesa Irene Solà, autora de Canto jo i la muntaya balla, que cerró su intervención leyendo en catalán el poema ‘El meu cos és una casa’ (Mi cuerpo es una casa) y se llevó el mayor aplauso de la jornada.

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