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Michael Ondaatje: “Este es un momento de la historia tan extraño que no sé a dónde va a llevarnos”

Michael Ondaatje, en 2014 en Ramala durante un festival literario.Michael Ondaatje, en 2014 en Ramala durante un festival literario.Rob Stothard / Getty Images

Michael Ondaatje, narrador, poeta, editor, nació en 1943 en lo que es hoy Sri Lanka. De adolescente fue puesto, solitario, en cierto sentido confinado, en un barco en el que vivió experiencias que le sirvieron para su novela El viaje de Mina. Vivió años en Inglaterra y desde 1963 reside en Toronto (Canadá). De un modo u otro, todos sus libros, también los de poesía, tienen que ver con la soledad o el confinamiento, y también con la enfermedad, el dolor y la herida. El más famoso de todos ellos, El paciente inglés (Alfaguara), es el pico de esas metáforas. En tiempos en los que la esencia de lo que ocurre remite al sufrimiento y a la necesidad del otro es pertinente también citar su libro Luz de guerra (Alfaguara), donde la sombra de la posguerra mundial marca la vida de unos adolescentes. De esa relación de su obra con este momento hablamos con Ondaatje, que nos atendió desde su casa en Toronto.

Pregunta. En Luz de guerra escribe algo que serviría para la vida actual: “Si una herida es profunda nadie puede convertirla en algo que se dice o que se escribe”. La herida es muy difícil de contar. Quizá escritores como usted escriben para curar heridas…

Respuesta. Sí, creo que es verdad. En todos mis libros hay un intento de curar. Incluso en El paciente inglés, aunque termina con la muerte, hay un intento de unir a este grupo de personas desesperadas. La guerra los convierte en una familia. Es una especie de curación. Luz de guerra, sin duda, es un libro que empieza con un rechazo de unos chicos abandonados por sus padres, pero precisamente porque son abandonados aprenden más sobre ellos mismos. No soy consciente de que estoy escribiendo sobre un proceso de curación, pero lo que sí es cierto es que en todo lo que escribo se produce ese proceso en que la ruptura y la desesperación se van curando.

P. En algunos de sus libros expresa miedos que pueden ser marcas de su infancia. Usted cita a John Berger diciendo que una historia nunca se contará como si fuera la única. Así que las metáforas de los escritores nos sirven a todos, todos vivimos las historias que ellos nos cuentan. En este sentido, ¿cómo le marca a usted este mundo paranoico que sufrimos ahora?

R. Es algo muy extraño lo que vivimos. Vemos el mundo como personas o como escritores tratando de conocer solo un aspecto de la sociedad. Como dice Toni Morrison, “la historia de Estados Unidos es irrelevante sin las personas negras”. Antes te veías obligado a reconocer solo a la gente adinerada y que se halla segura en una ciudad como Nueva York, y de pronto somos muy conscientes de todos los aspectos de la sociedad, de los pobres, de los ricos, de los médicos que trabajan, de los enfermos que sufren. Lo que es común a la gente que hay en India, en Sri Lanka, en España o en cualquier país es que todos somos conscientes del mundo que nos rodea y que es el mundo entero el que padece la pesadilla. Esa es al menos una cosa positiva de lo que está pasando: todos reconocen que es algo terrible y que todo el mundo tiene miedo. Tengo familia en Sri Lanka, en Estados Unidos, en Canadá… Y en todas partes es una época muy difícil y aterradora. Los estadounidenses no están siendo solo estadounidenses, los ingleses tampoco están siendo solo ingleses: de repente se dan cuenta de que el sitio en el que viven empieza a ser realmente otro país.

P. ¿Hubiera salido algo así de su imaginación o ahora como tema sería demasiado tremendo?

R. No tengo ni idea. He escrito sobre otras épocas, y no creo que ninguna novela sea realmente histórica, aunque todas las novelas son históricas en cierta manera. Un libro ambientado en 1945 o un libro ambientado en 2020 se crea en la mente de una persona, haya nacido en Sri Lanka o en Letonia. Tenemos nuestros propios miedos, nuestras propias perspectivas, nuestras propias preocupaciones y nuestras propias infancias. Todas esas cosas nos afectan. Empiezas una novela y no sabes a dónde vas a ir. Es como la actualidad: no sabes qué va a pasar. No creo que escriba algo como esto que ahora sucede. En cierta manera parece que el mundo real es más importante que el mundo literario.

P. En algunos libros usted dice que el objetivo principal de la guerra es la propia guerra. Líderes mundiales dicen que este es el peor conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. ¿En su vida personal ha vivido una situación como esta?

R. Nadie puede comparar las guerras. Piense lo que pasó también en Vietnam, en otras guerras… Tenías la sensación de que podías decir esto o lo otro, podías evitar algunas cosas, tenías una cierta influencia en lo que podía pasar. Pero esto es como una terrible pesadilla. Te afecta, pero no sabes cómo te afecta. Estoy de acuerdo: es mucho peor que la guerra. Se parece a guerra habidas en ciertos países europeos, donde se produjo la tragedia de la destrucción. Pero lo que pasa ahora se parece más a una nueva historia.

P. Dice su personaje Caravaggio en El paciente inglés: “Somos lo que no deberíamos ser”. Podría servir para resumir la pesadilla de la que usted habla…

R. Sí, es muy cierto. Pero me temo que no lo puedo resumir. Es algo muy nuevo para todos nosotros. Además, diga lo que diga, será lo mismo que lo que diría alguien en Sri Landa, en India o en México. Imposible decirlo en unas frases. Este es un momento de la historia tan extraño y tan nuevo que no sé a dónde va a llevarnos. Sobre las pesadillas no tenemos control…

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