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Mi casa saldrá en la próxima serie de Netflix

Quien tiene una casa de cierto tamaño y atractivo puede tener algo mejor que un tesoro. Tras sufrir el cerrojazo global por los confinamientos, la economía registra el mayor pico de consumo de contenido audiovisual. Directivos y profesionales empiezan a apuntarse a un negocio con el que obtener un sobresueldo nada despreciable; se animan al alquiler de sus viviendas, ante la proliferación de nuevas plataformas volcadas en el rodaje de innumerables series y películas. Un mercado al que se suman también los anuncios publicitarios y, sobre todo, los videoclips que piden ritmos de verano.

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Un centro de inteligencia de pega

Los edificios singulares, universitarios, palacetes, clubes sociales o bibliotecas también son objeto de deseo de muchas productoras para situar sus series. Arturo de las Heras, presidente del Grupo CEF-Udima, relata que en su caso, incluso, “hay una persona del equipo que trabaja como manager de nuestros edificios ante la demanda que están generando”. En su opinión, el alquiler para rodajes supone un ingreso “muy interesante” sobre todo para zonas que no usan habitualmente y arriendan por días o fines de semana. A veces incluso les dan sorpresas: “Recibimos la visita de una delegación de una universidad de China y al hacernos la foto de familia no salían de su asombro porque nuestro logo estaba tapado y en su lugar leyeron: Centro Nacional de Inteligencia. ¡A ver cómo se lo explicas!”.

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