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Messi se queda frío en Valdebebas

Messi se cambió la camiseta mojada por la lluvia.
Messi se cambió la camiseta mojada por la lluvia.JUANJO MARTÍN / EFE

Era su primer clásico en Valdebebas y no se sabe si será el último en total de Leo Messi, epicentro del Barcelona desde que se pusiera las botas en el Camp Nou cuando todavía era un imberbe. “Para ganar al Madrid, necesitamos al mejor Barça, pero también al mejor Messi”, destacó Koeman en la previa del encuentro; “ojalá sea decisivo”. Pero el 10, de nuevo anónimo en un partido de gran calado, no lo fue y, en una noche de récord, se quedó en un clásico para olvidar.

No hay mejor estadio para Messi que el Bernabéu, pues ha marcado 15 goles por los 11 que ha hecho en el Camp Nou frente al Madrid. Lo mismo sucede con las asistencias, ya que acumula ocho en el feudo madridista por cinco en el azulgrana. Pero Valdebebas es y fue otra historia. Quizá porque ya no guardaba un buen recuerdo de las instalaciones, puesto que hace tres cursos trabajó en la ciudad deportiva del Madrid para preparar el amistoso de Argentina ante la selección española, después vapuleada por 6-1 en el Wanda. No le fue bien esta vez ante el Madrid. Y eso que no era un partido menor en el torneo, perseguidores ambos de un Atlético que daba tregua. Tampoco era un duelo más para Messi, que atrapó a Sergio Ramos como el futbolista con más clásicos a la espalda (45).

No empezó demasiado bien el argentino, poco participativo en el juego por más que cuando tocara el esférico le diera sentido. Como ese pase en profundidad a Alba que por poco no completó Dembélé; como ese otro centro que el mismo Dembélé no remató por los pelos. Pero en una de esas contras, Leo se tiró al suelo ante la entrada limpia de Lucas Vázquez y, para su infortunio, la siguiente jugada que armó el Madrid acabó con un taconazo de Benzema a las redes. Aunque Leo protestó de inicio la falta que no era, después pasó a frotarse la cabeza, preocupado por el rumbo del encuentro.

Casi gol olímpico

No se salía con la suya Leo, atado por Militão y Nacho, bien escudados por las ayudas puntuales de Casemiro. Tampoco le llegaban balones en condiciones, acaso los que fabricaba Pedri con sus conducciones para romper líneas. Aunque con eso no bastaba, al punto de que se quedó sin apenas chutar a puerta en el primer tiempo, acaso ese remate desde fuera del área que Militão desvió con las piernas y uno último ante Courtois. Aunque, genio como es, se inventó un córner olímpico que por poco no cogió puerta, solo escupido el balón por el poste más alejado.

Tampoco imponía su ley en el segundo acto, con un remate flojo tras un centro de Pedri que acabó por despejar Nacho. Aunque, orgulloso como es, sí que logró encontrar a Alba para que pusiera un centro y Mingueza lo rematara a la remanguillé, con la espinillera, a gol. Pero faltaba la guinda de Leo, su gol. No lo consiguió con ese disparo desde fuera del área que se le marchó alto, después de una carrera y asistencia de Dembélé. Tampoco lo logró con dos lanzamientos de falta, ambos a la barrera como si la lluvia le pesara demasiado. Lo que sí que le pesaba, sin embargo, eran las camisetas —la azul interior y la del Barça— y se las cambió a falta de 10 minutos. Necesitaba sentirse ligero. Pero ni con esas porque tiró una tercera falta y Courtois la paró.

No había manera de que se significara en el área rival y la falta de gol ya es una tónica preocupante para el argentino en los clásicos; suma siete, su peor marca, sin ver puerta. Precisamente, desde que se fuera Ronaldo a la Juve. Así, su último autógrafo llegó en mayo de 2018, en un 2-2 en el Camp Nou en el que nada había en juego con el Barça campeón. Lo que no empaña, sin embargo, su historia porque ha celebrado 26 goles ante el Madrid cuando el segundo puesto lo comparten Ronaldo y Di Stéfano (18).

No llegó el último gol en su posible último clásico y Leo deja la hoja de servicios ante el Madrid con 19 triunfos, 11 empates y 15 derrotas. En Valdebebas se quedó frío.

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