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Memoria del fútbol callejero

Millones de personas en todo el mundo esperan con ganas la vuelta del balompié a la televisión. Otros tantos —quizá más— sueñan con el momento en el que puedan volver a disfrutar de la sensación de disputar un partido de fútbol. En campos reglamentarios o en canchas improvisadas. De grava o de arena. Con porterías pintadas en la pared o marcadas por montículos de piedras.

Hay ciudades en las que el fútbol callejero forma parte de la agenda diaria. El proyecto Una cancha llamada Medellín recoge imágenes y sonidos del fútbol aficionado en la ciudad colombiana, y se ha convertido en memoria contemporánea de un fútbol que también existe y que, al igual que el profesional, ha desaparecido momentáneamente con la pandemia.

Al frente de este proyecto documental, artístico y social está el fotógrafo Óscar Cardona (Río Negro, Colombia; 36 años). Con formación en comunicación en lenguajes audiovisuales, siempre le gustó el fútbol, aunque no se le daba muy bien. “Desde pequeño me atrajo la relación del fútbol con el arte. Las formas, los colores… Mientras los demás niños jugaban, yo dibujaba los escudos de los equipos del mundo, que copiaba de una revista del Mundial de 1982. Me pedían el escudo del Barcelona o del Ajax y los reproducía. Y no había Internet, ¿eh?”, explica a través de una videoconferencia.

Hincha del Independiente de Medellín —“un club no tan ganador”—, se presentó a una convocatoria de la alcaldía que buscaba mostrar, a través de fotografías, el poder socializador del fútbol. En agosto de 2019 comenzó a visitar, cámara en mano, canchas de las 16 comunas de la ciudad. El objetivo: captar la expresión del fútbol en la calle. En cada visita tiraba unas 500 fotos. Después, seleccionaba y editaba 20. Todas en blanco y negro: “Es una mirada y una postura de equidad y neutralidad. El fútbol permite que todos seamos iguales. No es verde ni rojo, ni millonario ni pobre. Hay dos bandos, pero en el fútbol callejero comunitario se generan lazos”, cuenta Óscar Cardona.

“La visita comenzaba unos días antes. Aún hay violencia, por lo que era importante conocer a los líderes comunitarios. Después, intentaba aportar una visión documentalista: a través del diálogo, conocer las historias que hay detrás de los niños y niñas o de los señores y señoras que juegan al fútbol. Pero no solo eso, también comprender la dinámica que hay alrededor de un partido”, explica.

El proyecto de Cardona ha ido evolucionando, pasando de lo deportivo y lo artístico a lo social. “A veces, como periodistas o como artistas, vamos a un lugar, obtenemos la información y no regresamos. En este caso no es así. Las imágenes vuelven a los barrios en forma de exposición. Y es muy bonito ver la reacción de la gente cuando ven que forman parte de ella y que son valorados por lo que le aportan”, reflexiona. También ha ganado su alcance. De su cuenta de Instagram ha pasado a convertirse en una serie para la televisión local. ¿El siguiente paso? “Trabajar en proyectos sociales y sostenibles para cuando la gente vuelva a patear un balón en la calle”.

En una de las fotografías se ve a dos pequeños futbolistas abrazados. Uno es portero. El otro, delantero. Se abrazan con fuerza. Están celebrando un gol. Y qué gol. Lo anotó el portero tras un saque de puerta y varios botes. Se tomó antes del inicio de la crisis del coronavirus. ¿Cuándo volverán a celebrarse goles en el fútbol callejero?

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