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Más de la mitad de los adolescentes cree que la pornografía da ideas para sus propias experiencias sexuales

Una pareja en un parque de Madrid, en una imagen de archivo.
Una pareja en un parque de Madrid, en una imagen de archivo.SANTI BURGOS

Algo más de la mitad de los adolescentes (el 54,1%) cree que la pornografía da ideas para sus propias experiencias sexuales y al 54,9 % le gustaría poner en práctica lo que ha visto, según una encuesta presentada este martes por la ONG Save the Children. El informe, titulado (Des)información sexual: pornografía y adolescencia y hecho a partir de una encuesta a 1.753 jóvenes entre 14 y 17 años, revela además que el 62,5% ha tenido acceso a los contenidos de este tipo alguna vez en su vida. En el caso de los chicos ha sido de forma mayoritaria (el 85,5% ha visto pornografía alguna vez en su vida), pero también llega a un porcentaje alto de las chicas: el 38,9%. Además, alrededor del 40% de los jóvenes reconoce que la pornografía es su principal fuente de aprendizaje y un poco más de la mitad (el 53,4%), que tuvo su primer contacto con algún contenido sexual explícito entre los seis y los 12 años. El estudio alerta de que la pornografía disponible de forma gratuita en Internet influye de forma negativa en el desarrollo personal de los jóvenes y refuerza las conductas de riesgo basadas en la sumisión de la mujer frente al hombre. El texto considera ”urgente” hacer obligatoria la educación afectivo-sexual en los colegios para que los jóvenes puedan tomar decisiones en relación con su vida sexual basadas en la información fiable y en los hechos.

La educación sexual en España es escasa porque las clases de esta materia no son obligatorias, señala el informe. Según la encuesta, en los últimos dos años, más de la mitad de los participantes han recibido menos de 10 horas de formación de este tipo en su centro escolar. Los expertos alertan del acceso a la pornografía de los niños antes de que lleguen a su madurez y de la alta probabilidad de que esos contenidos se conviertan en la única fuente de información sobre el tema: el 30 % de los encuestados admiten que es así. Esto, por su parte, puede comportar consecuencias graves cuando se trata de reaccionar contra las prácticas de riesgo o de desigualdad entre géneros muy presentes en la pornografía. El 20,2% de los adolescentes, según el informe de Save the Children, no son capaces de decir qué tipo de acciones pueden atentar contra la integridad física de una persona durante un acto sexual. La directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de la ONG, Catalina Pernazzo, ha señalado este martes durante una rueda de prensa telemática que a muchos jóvenes les gustaría tener más información sobre cuestiones afectivo-sexuales. Por lo tanto, Save the Children aboga por que el Congreso tramite la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia. Gracias a esta norma, los alumnos aprenderán a detectar la violencia o el abuso.

El trabajo también asegura que el consumo de pornografía a edades tempranas disminuye la frecuencia de las relaciones sexuales entre pareja, promueve conductas tan dañinas como la falta de consentimiento y la violencia de género. El 47,4 % de los adolescentes que participaron en el estudio ha imitado comportamientos que han visto en los contenidos pornográficos, a veces, sin contar con el consentimiento de la otra persona.

Por su parte, aquellas personas que han recibido más de nueve horas educación afectivo-sexual usan métodos de protección con más frecuencia. El informe señala además que el 46,1 % de adolescentes encuestados no utiliza siempre métodos de protección y que el 13,7 % no lo hace nunca o casi nunca.

Mientras que el ciberespacio se ha convertido en un caldo de cultivo para la pornografía, la familia y los centros educativos han perdido protagonismo en cuanto a la educación sexual de los adolescentes. Solo el 32% de los encuestados se informa sobre la sexualidad en su casa y el 26%, en los colegios. Este hecho puede comportar otras consecuencias graves en relación con la seguridad de la persona, por ejemplo, a raíz del intercambio de contenidos sexuales, que es una práctica muy común hoy día entre adolescentes y jóvenes y que pueden degenerar en ocasiones en situaciones de abuso sexual físico, además de virtual.

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