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Mala comida con sello de estrella Michelin

¿Qué demonios hace un chef con un rosario de estrellas Michelin promocionando hamburguesas, bollos industriales o salsas de supermercado? La pregunta brota de esa ilusión que el ciudadano de a pie se hace con los cocineros más laureados, a los que imagina desayunando, comiendo y cenando esferificaciones de flores del Amazonas con reducción de Pedro Ximénez. Las estrellas de la cocina cuentan con la máxima credibilidad de quienes han catado los mejores ingredientes y comido en los mejores restaurantes; si posan su paladar en algo, tendemos a dar por bueno que será sublime como cualquier otra cosa que sale de sus fogones, aunque no lo sea tanto.

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Los influencers se apuntan al banquete

No cocinan, pero tienen gancho con el público más joven, ese que cada vez ve menos la tele y rara vez se asoma a un periódico. Con el marketing de influencers en horas altas y una absoluta ausencia de regulación publicitaria en las redes sociales, montar una campaña con el famoso de turno para Instagram o Youtube es una estrategia con éxito asegurado.

Lo hizo Donettes con el actor Óscar Casas y la influencer Marta Díaz, la cantante Aitana hasta se olvidó de que es celíaca para promocionar hamburguesas de McDonald’s con todo su gluten, Anna Simon anuncia Nocilla, Rudy Fernandez prefiere Kellogg’s, Trendy Antonella le da a El Pozo y la mitad de los youtubers y e-gamers no hacen un directo sin su lata de Red Bull (patrocinador de deportes menores como el skateboard o la escalada, y a nadie le amarga que Alberto Ginés volviera de Tokio con una medalla de oro olímpica). Hasta Tamara Falcó ha diseñado una lata especial para la Caja Roja de bombones Nestlé: años antes su madre, Isabel Preysler, ya había logrado el milagro de convertir los Ferrero Rocher en una exquisitez, siendo unos chocolates más bien poco delicados.

Hacer publicidad en redes sociales es barato y permite hacer diana en el público objetivo sin complicaciones. “Se busca la visibilidad de la marca y el producto, no tanto la credibilidad. En el caso de Aitana muy pocas personas elegirán ir McDonald´s porque ella lo anuncie, pero nos recuerda la marca y eso en empresas de comida rápida o refrescos es siempre un acierto. Son compras que se hacen por impulso y lo que importa es estar en la mente del consumidor cuando tenga hambre”, explica la experta en marketing Susana García. “Lo de Tamara Falcó es distinto. Su nombre se asocia al lujo, mientras los bombones de la Caja Roja son bastante más baratos que otros. Lo que se busca es posicionarlos como un producto de calidad y lujo”.

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