Las noticias

Madrid, una capital contra las bicis: “No salimos del agujero negro”

Un coche atropelló a una de las reinas del asfalto de Madrid hace dos meses. Y Mayerlin, aún con el susto en el cuerpo, todavía pedalea 12 horas al día. A sus 23 años esta venezolana vive de los recados, de las comandas que les envían los usuarios con el móvil desde el sofá de casa, de llevar una mochila pesada en la espalda. Es mensajera. O rider. El trabajo suena mejor en inglés, pero la realidad demuestra que es curro precario, surgido al acorde de la precarización de los nuevos tiempos. Mayerlin dice que los coches en la capital son un desastre. Que los carros, como ella les llama, no respetan nunca a los ciclistas. “Te apuran, se te echan encima todo el rato. ¡Se creen dueños de la calle y lo demuestran con rabia!”. Su bici, que además era-y es- su medio de trabajo, quedó casi hecha añicos en aquel golpe. Su experiencia con el sillín durante el año que lleva en Madrid es demoledora

¿Qué pinchazo tiene Madrid con las dos ruedas? Algo sucede. La capital de España nunca ha abanderado una apuesta seria por este medio de transporte sostenible. Más allá de las típicas fotos de precampaña electoral, las bicicletas tampoco han sido un maillot en los despachos del Palacio de Cibeles. Independientemente del color político, los pedales siempre se han movido a remolque, en el último piñón de la movilidad. Sus avances se mueven a velocidad de tortuga. Las últimas etapas hablan por sí solas. Hay carriles que se desmantelan para que vuelvan a ser propiedad de los coches. Hay nuevas rutas, como la vía roja que inauguró Manuela Carmena en la calle de Atocha, que terminan en mitad de la carretera, sin ninguna explicación. Hay otros que no llevan a ninguna parte. Por si fuera poco, hace unas semanas el alcalde José Luis Martínez-Almeida declaró la guerra a los ciclistas con un anuncio inesperado. Las bicis no podrán aparcar en las aceras y tampoco podrán atravesar los túneles desde el año que viene. La realidad es distinta. Un simple paseo por cualquier calle demuestra que las aceras son propiedad de las motos grandes y… de las motos pequeñas. Encontrarse con una bici aparcada interrumpiendo el tráfico de los peatones es prácticamente un milagro.

“¿Hay un problema de estacionamiento masivo en las aceras? No. ¡Si solo hay motos!”, cuenta Fernando García, del Carril Bici Castellana. “Esto es un ataque directo a la movilidad sostenible. Es buscar problemas donde no los hay”. Miguel de Andrés, de la Asociación Madrileña Pedalibre, se viene abajo. “No salimos del agujero negro. Estas medidas van en sentido contrario a la bicicleta. Aquí los ayuntamientos arremeten continuamente contra la bici. ¿Por qué no nos fijamos en París, que también tenía poca infraestructura ciclista y ahora ha cambiado el modelo?”.

La alcaldesa Anne Hidalgo dio un giro a la ciudad de la Torre Eiffel en el pico de la pandemia. Suprimió de cuajo 50 kilómetros de vías a los coches y se los dio a los ciclistas. Por implicarse, allí se implicó hasta el presidente Macron, que desde mayo concede un cheque de 50 euros a los vecinos que tengan una bicicleta vieja por reparar. “El confinamiento debe marcar un paso adelante para la cultura de la bicicleta”, dijo la ministra francesa de Transición Ecológica. La vie en rose. En Madrid, mientras tanto, ni rastro.

Antes de que el bicho cambiara el modo de vida, aquí los desplazamientos con dos ruedas no llegaban ni al 1%. La pandemia, según las asociaciones de ciclistas de la capital y los expertos en movilidad urbana, era el momento perfecto para promover su uso. Así fue durante las primeras semanas de la desescalada. La Gran Vía, el Paseo del Prado, la Castellana y las principales calles se inundaron de bicis. Madrid se transformó en un santiamén. De repente, como si fuera un arcoíris, familias, jóvenes, niños, adolescentes y mayores ganaban espacio a los coches. Era una imagen histórica.

No era casual. Los madrileños respondieron al modelo establecido con cifras. Las tiendas de bicis dispararon sus ventas en mayo y junio entre un 30% y un 40%. La vuelta al cole ha sido mejor aún. La primera tienda de bicicletas de segunda mano de la capital ha multiplicado sus números hasta en un 50%. “Es una pasada. Ahora vendo una media de 120 bicis al mes”, cuenta Luis González, propietario de Somos Recycling. González llegó a enviar un burofax al dueño del local en abril. Le dijo que seguramente cerraría tras el confinamiento. Ahora raro es el día que no tiene una hilera de clientes en la tienda. Pedalea como nunca.

Como BiciMad. La empresa pública de alquiler de bicis que nació en 2014 sube hoy como la espuma. Se usa un 14% más que hace un año. Es más, el último informe de movilidad del Ayuntamiento publicado hace solo una semana habla de unos datos inauditos. El transporte público ha caído a la tercera posición por primera vez. El miedo a subirse al Metro en mitad de un virus mundial es un hecho. Las bicis se han colocado justo detrás del coche privado. Solo falta el empujón político, pero apenas hay avances.

El Ayuntamiento lanzó este mes BiciMadGo. 450 bicicletas sin anclaje a un precio muy superior al del resto del mercado. Seis euros por un paseo de 30 minutos. A esto se suma la situación de la plantilla. Los trabajadores de BiciMad están hartos. Se han comprado más bicis, pero las conservan los mismos empleados. La calidad, según decenas de usuarios consultados, ha empeorado en estos últimos meses. “Es imposible moverse con la bicicleta por Madrid. El Gobierno de Almeida está dejando hundir BiciMad”, denuncia la portavoz de Más Madrid, Rita Maestre. “Es una persecución absoluta contra la bici. Todas las crisis se pueden convertir en una oportunidad y el Ayuntamiento ha decidido hacer una campaña contra la bici”, insiste la concejal socialista Mercedes González.

Carlos, un mecánico de la empresa BiciMad, dijo hace cuatro días al canal 404 que la situación es insostenible. “Tienes que hacer casi magia para que una bici funcione. No tenemos materiales ni gente”. Los trabajadores convocaron una “bicifestación” este jueves frente al Ayuntamiento. Más datos. La última encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios a 4.194 ciclistas de Bilbao, Valencia, Sevilla, Barcelona y Madrid otorgan un suspenso a la capital en infraestructuras. La peor de todas.

Al contrario de lo que sucede en el resto de capitales europeas o de las grandes urbes españolas, la ciudad no cuenta con vías ciclistas. Un kilómetro por cada 100 de vía pública; 15 veces menos que Bilbao, Sevilla o Barcelona. Madrid va en dirección contraria. Apuesta por los ciclocarriles. Aquí el ciclista comparte las avenidas con los coches. Es decir, que los vehículos deberían circular como mucho a 30 kilómetros por hora si tienen a una bici delante. Casi nadie lo cumple. Un peligro que los ciclistas siempre han denunciado. La mayoría de estudios de movilidad apuestan por los espacios segregados. Un carril propio y separado. Sevilla, por ejemplo, creó una red extensa y la movilidad a pedales se disparó de golpe hasta el 7%.

“Madrid no ha demostrado todavía que cree en el proyecto de la bici”, cuenta la arquitecta Belén Moneo, que ha participado en las mesas de movilidad del Ayuntamiento. “No es por falta de conocimiento técnico. Es un tema político”, observa Esther Anaya, profesora de la London School or Businnes especializada desde hace décadas en movilidad urbana sostenible. “Ciudades con menos espacio que Madrid están reservando espacio para las bicis, pero en Madrid se prioriza siempre a los coches. Se viene una crisis encima y los ciudadanos quieren moverse de forma autónoma, barata, accesible. Ahora es el momento. Si se quiere, se puede”.

Leave a Reply