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Luis de Luxemburgo, boda tras un largo y complicado divorcio

La familia real luxemburguesa ve con agrado la más que probable llegada de un nuevo miembro a su numerosa prole. No se trata (o no solo) del esperado nacimiento del primer hijo de los herederos al trono, Guillermo y Stéphanie, previsto para el mes de mayo. La incorporación se producirá por la vía de los afectos: la prensa local da por hecho que Luis, de 33 años, el tercer vástago de los Grandes Duques de Luxemburgo, tiene planes de boda con la abogada parisina Scarlett-Lauren Sirgue.

La pareja se conoció en la capital francesa, donde el príncipe trabaja como coach para directivos en la firma Laurent Meeschaert. “Ayuda a la gente a conocerse mejor, a reconocer sus debilidades y fortalezas, y a resolver conflictos internos y externos”, señala la empresa en el perfil que hace del aristócrata. Ella, en cambio, desempeña su labor en el bufete de abogados de sus padres tras un breve periodo como asistente en la Corte de Apelaciones. La relación es pública. Se han dejado juntos en varios actos. Y su buena sintonía parece haber servido para que Luis de Luxemburgo deje definitivamente atrás el mal trago de su divorcio de Tessy Antony, la soldado a la que conoció en Kosovo durante la guerra de Yugoslavia, y madre de sus dos hijos, Gabriel y Noah, de 14 y 12 años.

La ruptura se formalizó legalmente hace justo un año tras un largo periplo judicial. Pero la relación con su exesposa, afincada en Londres, se ha visto fortalecida por los hijos en común. “Luis y yo somos muy cercanos cuando se trata de los niños. Seguimos siendo un equipo maravilloso”, afirmó ella. Los tribunales determinaron que Tessy podía continuar viviendo en la residencia que ambos compartían en la capital inglesa, y cifró en casi 800 euros mensuales la pensión alimenticia que debía recibir de su ya exmarido.

La pareja sorprendió por su precocidad. Cuando Tessy Antony tenía 20 años y Luis de Luxemburgo solo 19, nacía Gabriel, su primer hijo, en un hospital de Ginebra, lo que llevó al príncipe a renunciar a sus derechos de sucesión. La joven nunca llegó a congeniar del todo con su suegra, la gran duquesa María Teresa Mestre, cuya controvertida personalidad ha copado en los últimos meses las portadas por sus supuestos enfrentamientos con el personal de Palacio.

La cercanía de esa agria polémica, el fallecimiento del gran duque Juan, padre del actual jefe del Estado y héroe de guerra, y los problemas de salud del hermano de la gran duquesa, ingresado de gravedad en Ginebra, hacen que la noticia de la probable boda de Luis de Luxemburgo suponga una tregua en medio de la riada de pesadumbre que emana de todo lo que tiene que ver con la familia real en los últimos tiempos.

El enlace no tiene fecha todavía, pero en medio de la pandemia de coronavirus que tiene a Europa como epicentro, puede hacerse esperar. Mientras tanto, los hijos del príncipe sobrellevan el encierro con su madre Tessy en Londres. La antaño princesa de Luxemburgo ha compartido en Instagram algunas instantáneas del confinamiento, en las que explica las dificultades que está teniendo para ayudarles con el estudio por su falta de concentración. “Cuando los niños trabajan en casa, se sienten como si estuvieran en vacaciones, y es difícil inculcarles una rutina”, lamenta.

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