Internacional

Los talibanes, bajo la sombra de la voladura de los Budas Gigantes

Desde los ventanales del inacabado Centro Cultural de Bamiyán hay una espectacular vista de los huecos donde se erigían los Budas Gigantes hasta que los talibanes los dinamitaron en marzo de 2001. A la sombra de esas cicatrices, y de la riqueza arqueológica del valle en el que se hallan, surgió el BCC, como se conoce el proyecto por sus siglas en inglés. Tras varios retrasos, la inauguración estaba prevista antes de fin de año. El regreso de los fundamentalistas al poder ha abierto un gran interrogante sobre el futuro del BCC y del patrimonio cultural de Afganistán, en general. De momento, quieren tapiar la cristalera.

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El Tesoro de Bactria, en paradero desconocido

La última vez que los talibanes estuvieron en el poder no sólo destruyeron los Budas de Bamiyán, sino que saquearon el Museo Nacional, en Kabul, en particular sus vestigios preislámicos. Afortunadamente, las 22.000 piezas de oro que constituyen el Tesoro de Bactria, se mantuvieron a salvo en una cámara acorazada del Banco Central. Desde 2006, parte de ese legado se ha exhibido en una docena de países, hasta que el pasado febrero se puso por primera vez al alcance de los afganos en el Palacio Presidencial. Ahora los talibanes lo están buscando.
Ahmadullah Wasiq, vicejefe de la Comisión Cultural del Gobierno talibán, ha dicho este jueves que están buscando esas joyas de primer siglo antes de Cristo. “Si se ha sacado del país, es una traición a Afganistán. Lo estamos investigando”, ha declarado citado por ToloNews. Según Wasiq, el Museo Nacional, el Archivo Nacional, la Galería Nacional y los monumentos históricos están seguros.
El Museo de Kabul lleva un mes y medio cerrado por lo que resulta imposible verificar su estado. Aunque durante las dos últimas décadas diferentes instituciones culturales de todo el mundo han colaborado con Afganistán para investigar y documentar su patrimonio, sólo un tercio de los fondos del museo están catalogados, lo que aumenta el riesgo de que puedan distraerse objetos para el mercado negro. En 2001, días antes de la voladura de los Budas, los talibanes publicitaron la destrucción de un centenar de estatuillas procedentes de varios museos y lugares arqueológicos de todo el país. Sin embargo, fuentes arqueológicas estimaron que la fetua contra los iconos decretada en febrero por el jeque Omar fue una simple tapadera para ocultar un lucrativo negocio de venta de piezas arqueológicas, muchas de las cuales se podían comprar en los mercados de antigüedades de Peshawar (Pakistán). Tras aquel ejercicio de iconoclasia, una misión de Arqueólogos sin Fronteras sólo encontró restos de algunas vasijas de arcilla y unas minúsculas figuritas de pájaros a las que les habían cortado la cabeza.

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