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Los sordos no quieren libros rotos

Vista de la intersección entre la calle Alcalá y la Gran Vía de Madrid, totalmente vacía el jueves 16 de abril.Vista de la intersección entre la calle Alcalá y la Gran Vía de Madrid, totalmente vacía el jueves 16 de abril.Kiko Huesca / EFE

“Imagina”, dice Carolina Galiana, sorda, 32 años, “que te dan un libro roto, en el que no está toda la historia. Pues no lo querrías. A los sordos nos pasa eso, no queremos los libros rotos, queremos la historia completa, la información completa, entenderla y poder comunicarnos al completo. Queremos toda la luz”.

Ella preside la delegación valenciana de la Confederación Estatal de Personas Sordas. Hablamos el Día del Libro. Lo que lanza a través del teléfono va al centro de sus preocupaciones como persona sorda. “Me gustaría que la sociedad empatizase. Igual que lees un libro con varios capítulos y cada capítulo tiene una historia, si rompiésemos el libro igual no lo entenderías, no podrías seguir la historia hasta el final”.

No es una apelación al entendimiento, sino al derecho de saber el contenido total de la conversación que se produce. Le gustaría, por tanto, que las personas como ella “sintieran que escuchan toda la historia, toda la información, sin sesgar ningún capítulo. Que pudiéramos acceder en nuestra lengua de signos a todo lo que es preciso conocer sin que nadie nos suprima ningún capítulo”.

Y eso habría de ocurrir, sigue Carolina, “sin pasar desapercibidos y sin ser siempre los últimos”. En esta crisis de salud, intérpretes de la lengua de signos acompañan lo que dicen políticos y periodistas en las numerosas ruedas de prensa. Es una luz, pero no es toda la luz. Como otros que sufrieron en los patios del colegio marginación o angustia, sordos como Carolina han visto el cambio educativo que ha ido integrando a los chicos en las clases, en los recreos y en la calle, pero a ella le extraña que una lengua con la que se pondría comunicar el millón de los que sufren su carencia no se enseñe como una asignatura más del currículum.

Para leer, por ejemplo, toda la historia… En esta de la covid-19 se ha puesto de manifiesto la falla que sufren los sordos. ¿Cómo comunicar un accidente si las víctimas son sordas? En Valencia y en Extremadura, por ejemplo, se han apurado para que la comunicación de una emergencia padecida por personas en estas circunstancias pueda ser inmediatamente trasladada. Pero en el ámbito educativo y en el de las emergencias, esos libros que ella quiere completos siguen estando rotos…

José Manuel Cercas preside en Extremadura la red de la Confederación Estatal de Sordos, tiene 42 años. Como su colega y como el millón de sordos que hay en España, ha padecido “siempre las mismas barreras”, pero en este tiempo de pandemia se han tenido que mover para que las administraciones vayan más allá de ese detalle vistoso, el de las personas que interpretan para ellos lo que se dice en las ruedas de prensa. “El impacto de la televisión es importante, porque la gente ve que estamos, pero hay mucho que hacer en cuanto al pleno acceso a la comunicación”. Para él, algo tan simple como comunicarse con el 112 de las emergencias era como subir una montaña. Y han vencido esa batalla.

Tuvo que ocurrir un drama. “Dos personas sordas, cerca de Plasencia, haciendo turismo. Tenían imposible comunicarse. Esto abrió el curso de una reivindicación histórica de nuestra federación”. Ahora las redes alivian la antigua carencia, pero la información de empleo o sanitaria sigue estando fuera del libro al que aludía Carolina. Y eso produce, dice Cercas, el desasosiego de la desinformación. Como si estuviera a medias o apagada la luz de saber.

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