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Los rebrotes lastran la recuperación que el Gobierno pronostica para 2021

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño.
La vicepresidenta económica, Nadia Calviño.EFE

El Gobierno espera que el año que viene haya un fuerte rebote de la economía gracias a los fondos europeos. Pero esta previsión se enfrenta a un camino plagado de riesgos: en el último mes la actividad está dando señales de un deterioro muy marcado en medio de los rebrotes. Los analistas ya hablan de un cuarto trimestre en el que la recuperación perderá mucha fuerza y puede incluso estancarse, lastrando la economía en 2021 y empeorando los pronósticos del Ejecutivo. Además, los expertos albergan dudas sobre la capacidad para gastar bien los recursos europeos e impulsar así la reactivación.

El Gobierno anticipa para 2021 un rebote del PIB del 7,2%. Con los fondos europeos, el repunte sería incluso mayor: de cerca del 10%. Así, el PIB en euros se colocaría prácticamente en los niveles precovid, dibujando una V casi simétrica. ¿Es esto posible? Los datos apuntan a una segunda mitad del año bastante peor de lo que esperaban todos los analistas hace solo unas semanas. Los rebrotes están socavando la actividad y la confianza.

El consumo de combustibles y electricidad ya mostraba un deterioro en la segunda quincena de septiembre. Y en octubre los datos de movilidad en automóvil de Apple hacen presagiar un empeoramiento todavía mayor. Los PMI de servicios, unos indicadores elaborados con encuestas a gestores que anticipan con bastante acierto la actividad, señalan en septiembre “un ritmo de contracción acelerado debido a la intensificación de la crisis de la covid-19”, recalca la consultora Markit que publica este índice. “Se deteriora sobre todo por los nuevos pedidos, que suponen una señal adelantada de lo que ocurrirá en los meses siguientes”, explica Pedro Antonio Merino, economista de Repsol.

Los datos de tarjetas y efectivo de Caixabank revelan una recaída en la primera semana de octubre, si bien en la segunda se ha dado un fuerte alivio, muy probablemente por el efecto del puente de la Hispanidad. Solo el empleo en la Seguridad Social parece que remonta. Sin embargo, en septiembre la mejora en el sector privado se estancó. Solo subió la afiliación en la Administración. Y cada vez salen menos trabajadores de los ERTE. “Las actividades menos afectadas y las que primero se han recuperado muestran una preocupante tendencia a estabilizarse en niveles inferiores a su empleo prepandemia”, señala un informe sobre la coyuntura de Fedea.

El Banco de España ya dijo hace un mes que la recuperación perdía fuelle. Pero con los datos publicados desde entonces puede incluso estancarse. JP Morgan vaticinó para el cuarto trimestre un crecimiento del 0% trimestral. Fedea habla del riesgo de que la recuperación pueda incluso invertirse. Capital Economics ve “cada vez más probable” que haya otra vez una contracción entre octubre y diciembre. María Jesús Fernández, analista de Funcas, cree que el crecimiento podría estar entre el 1% y el 2% trimestral frente al 7% que preveía hace un mes.

Este lunes, en una entrevista concedida a RNE, la vicepresidenta Calviño defendió que el crecimiento entre octubre y diciembre será superior al 1,5% trimestral. Aunque reconoció que no tendrá la misma intensidad que el 13% estimado por el Gobierno para el tercer trimestre. ″Es evidente que el cuarto trimestre tiene que tener un crecimiento menor que el del tercero porque es el efecto del rebote”, explicó. Y admitió que existe una “altísima incertidumbre”, pero que, según su análisis, priman los indicadores positivos sobre los negativos. El pago con tarjetas subió mucho la semana pasada, dijo sin detallar que el dato puede estar condicionado por el puente de la Hispanidad.

En cualquier caso, el Producto Interior Bruto se construye con la media de las tasas interanuales de los cuatro trimestres. Esto significa que el PIB del último trimestre tendrá mucho peso en el cálculo del año que viene. Y por tanto bajará la cifra. En estas circunstancias, gana peso el 4% de crecimiento que daba el Banco de España para 2021 en el peor de sus escenarios y sin contabilizar el efecto de los fondos europeos.

A pesar de que la previsión del FMI se calculó hace unas semanas, esta recogía para el año que viene un crecimiento del 7% incluyendo el estímulo de los fondos europeos. Sin embargo, el Gobierno prevé que con estos fondos habrá un crecimiento casi tres puntos superior. Diversos analistas consultados consideran que el escenario del Ejecutivo entra dentro de lo posible, pero a la luz de los últimos datos parece poco probable.

La tesis del Ejecutivo se basa en que la economía española rebotará con más fuerza porque ha caído más y aprovechará los fondos europeos. Pero todo hace pensar que ese es el horizonte más optimista. La estructura productiva de España es muy dependiente del turismo y de servicios que requieren interacción social. Y este hecho, combinado con un confinamiento más duro, la ha golpeado con más fuerza. ¿Acaso algo hace pensar que esto vaya a cambiar durante la recuperación? Los últimos datos de movilidad de Google en tiendas y ocio dejan a España peor que Alemania, Italia, Francia y Portugal. Solo el Reino Unido registra caídas mayores.

Un informe de Allianz hablaba, a la vista de los rebrotes, de una economía que sufrirá continuas paradas y reactivaciones. En esta etapa España seguirá siendo muy dependiente del turismo y la hostelería. Y en tanto no se despeje la incertidumbre sobre la pandemia, estos sectores seguirán lastrando la actividad. Es más, se convertirán en una especie de techo a la recuperación.

Los fondos europeos

De ahí la importancia de los fondos europeos. En opinión de Goldman Sachs, estos podrían brindar hasta dos puntos más de crecimiento. Y ahí está el debate. El Gobierno sostiene que con una ejecución plena pueden generar el año que viene hasta 2,6 puntos con un multiplicador del 1,3. Esto es: por cada cien euros invertidos la economía crecerá en 130 euros. El Banco de España da entre un 0,4% y un 1%, según la calidad de los proyectos. Es decir, ese 1% es el mejor de los escenarios. Y lo lógico es que la media de los proyectos esté por debajo.

En un contexto de recesión y con tipos bajos, los multiplicadores son mayores al fomentar más el consumo. Sin embargo, una parte importante de los fondos se destinará a la transición energética, algo necesario y que brinda ahorros a largo. Pero que según los últimos estudios presenta una multiplicadores más bajos a corto debido a que tiene mucha más inversión en infraestructura y menos en mano de obra —eso sí: mejora bastante en la rehabilitación de edificios—. Además, en el caso de España hay que importar una parte de los bienes necesarios, reduciendo parte del impulso. Y lo mismo sucede con el capítulo digital, la otra pata importante de las inversiones.

Los multiplicadores también dependerán de la ejecución de los fondos. Fuentes de la Administración destacan el reto que supondrá gastarlo todo a tiempo y bien. “No parece el instrumento más adecuado para lidiar con los problemas del turismo o la restauración, en las que la primera prioridad es sobrevivir a un periodo prolongado de cierre o de fuertes restricciones por motivos sanitarios”, recuerda Fedea.

Como dice el economista Isidoro Tapia, el proyecto esbozado por el Gobierno es a día de hoy un plan de inversiones, no de reformas. El FMI y el Banco de España han pedido que se aproveche además para financiar reformas estructurales como la mochila austriaca, que ayudarían a elevar la productividad de la economía.

La semana pasada en la Cámara de Comercio, el director de Economía del Banco de España, Óscar Arce, introdujo una nueva perspectiva sobre esta crisis. Hasta ahora se decía que era muy distinta de la anterior. Pero Arce señaló que su resolución podría acabar siendo parecida, en la medida en que habrá que hacer frente a un fuerte proceso de desendeudamiento. Y ello sin la ayuda del boom turístico. La única forma de bajar la deuda será hacer reformas para crecer más, concluyó Arce.

Un Presupuesto optimista

El Plan Presupuestario enviado por el Gobierno a Bruselas se basa en que el PIB alcanzará el año que viene los 1,224 billones de euros frente a los 1,244 billones de 2019. Es decir, casi se habrán recobrado los niveles que había antes de la pandemia. Para llegar a esa cifra se utiliza un crecimiento previsto del 7,2%. A los que se añade casi tres puntos más por una “ejecución plena de los fondos europeos”. Y un 0,9% de inflación. En total, el PIB nominal crecerá un 10,8%. Lo cual permite calcular que no suba tanto la deuda y el déficit en relación al PIB. También que la recaudación crezca hasta cotas similares a 2019 sin las subidas de impuestos. El año pasado fue el de mayor recaudación de la historia. Y con las alzas tributarias, según las cuentas del Gobierno, se superarían esos ingresos récord precovid en casi 7.000 millones.

A su vez, eso permite financiar un gasto elevado con cuantiosas transferencias a la Seguridad Social y las comunidades. Algo que se puede hacer en tanto que el BCE preste apoyo. Pero como señala el economista José Carlos Díez, una pregunta a la que debería responder el Ejecutivo es cuánto de ese gasto es transitorio y cuánto estructural. De lo contrario se corre el riesgo de incurrir en el error de 2009 y quedar con un déficit muy elevado y sin respaldos.

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