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Los rebeldes de Yemen guardan silencio ante el alto el fuego saudí

Enfermeras yemeníes reciben formación en el uso de respiradores, en un hospital de Saná, ante la posible expansión de la Covid-19.Enfermeras yemeníes reciben formación en el uso de respiradores, en un hospital de Saná, ante la posible expansión de la Covid-19.KHALED ABDULLAH / Reuters

El alto el fuego de la coalición que encabeza Arabia Saudí en Yemen se ha iniciado a mediodía de este jueves, tal como anunció la víspera un portavoz militar. Se trata del primer gesto esperanzador para la paz en el más pobre de los países árabes desde las conversaciones apadrinadas por la ONU, en Estocolmo hace dos años. Sin embargo, varias horas después, los rebeldes Huthi a los que combate la alianza saudí aún no habían respondido, si bien parecían respetar la tregua.

Tanto el secretario general de la ONU, António Guterres, como su enviado especial para Yemen, Martin Griffiths, celebraron la decisión saudí. “Hago ahora un llamamiento al Gobierno yemení y Ansarullah a que cumplan su compromiso de cesar de inmediato las hostilidades”, pedía Guterres en un comunicado, utilizando el nombre oficial del grupo rebelde.

Ahí radica precisamente el problema. Los Huthi no se han comprometido a nada. Se trata de un alto el fuego unilateral de la coalición que hace cinco años intervino en Yemen en apoyo del Gobierno internacionalmente reconocido, al que los rebeldes, alineados con Irán, habían echado del poder. Desde entonces, la campaña militar, apoyada por Washington y Londres, ha causado una grave crisis humanitaria en el país y sido objeto de crecientes críticas internacionales. (Emiratos Árabes Unidos, el otro pilar de la coalición, retiró sus fuerzas de Yemen el verano pasado).

“Es una iniciativa saudí. No se ha coordinado con el enviado de la ONU. De ahí que no haya respuesta de la otra parte”, explica el politólogo yemení Abdulghani al Iryani, del Centro de Estudios Estratégicos de Saná. “Es probable que los Huthi rechacen el alto el fuego, pero incluso si se ven obligados a aceptarlo por la presión mediática, dudo que lo respeten”, añade en conversación telefónica. En su opinión, los rebeldes “saben que Arabia Saudí está buscando una fórmula para salir de Yemen y que la lucha contra el coronavirus es solo una excusa”.

De hecho, la decisión saudí también parece haber pillado con el paso cambiado al Gobierno en el exilio. Aunque respondió de forma positiva al llamamiento a la tregua de Guterres ante la pandemia la semana pasada, no se ha pronunciado sobre el cese unilateral de las hostilidades. “Varios líderes tribales y políticos que lo apoyaban hasta ahora se han manifestado en contra”, indican fuentes yemeníes dando a entender que Riad no les ha consultado.

El anuncio de la coalición dice que el alto el fuego está motivado por la amenaza que supone el coronavirus. Si bien Yemen no ha detectado ningún caso de la Covid-19, cinco años de guerra han destruido sus precarias infraestructuras sanitarias y sigue teniendo problemas para hacer frente al brote de cólera que estalló en 2016 y la malnutrición generalizada de su población.

Sin embargo, el interés de Arabia Saudí en poner fin a su criticada aventura bélica se remonta al pasado septiembre, cuando un ataque contra sus instalaciones petroleras interrumpió la mitad de su producción de crudo. Aunque los Huthi se atribuyeron la acción, tanto los responsables saudíes como sus aliados estadounidenses responsabilizaron a Irán. Riad cambió entonces de estrategia e inició conversaciones secretas con los rebeldes yemeníes para intentar alejarles de Teherán y poner fin a sus disparos de misiles transfronterizos.

Hubo un momento el pasado diciembre en que se rumorearon avances. No obstante, un mes después, los Huthi, que controlan el territorio donde vive el 70% de los 28 millones de yemeníes incluida Saná, lanzaron una campaña para conquistar la provincia petrolera de Maarib, al este de la capital. “Los saudíes han perdido la guerra, pero quieren evitar que se perciba así; por eso los Huthi no van a acceder hasta que obtengan una gran recompensa”, resume Al Iryani.

“Las dos partes, saudíes y Huthis, tienen diferentes perspectivas sobre el tema del alto fuego”, admite el ministro de Exteriores del Gobierno rebelde, Hisham Sharaf, en un intercambio de mensajes con EL PAÍS. En su opinión, esas posturas “no coincidirán hasta no intervenga alguna de las superpotencias, principalmente Rusia y Estados Unidos”.

Con anterioridad a que se conociera la tregua unilateral de sus rivales, el jefe del equipo negociador de los Huthi, Mohammed Abdulsalam, dijo que habían respondido al llamamiento de la ONU con una propuesta de solución política. De acuerdo con las informaciones publicadas en los medios afines, se trata de un plan de cinco puntos que contempla la retirada de “todas las fuerzas extranjeras” de Yemen; el fin del bloqueo impuesto por la coalición con “la reapertura de todos los aeropuertos, incluido el de Saná”; compensaciones económicas y financiación de la reconstrucción; lucha contra la Covid-19, y someter el acuerdo que se alcance a un referéndum bajo los auspicios de la ONU.

Apenas dos horas después del anuncio saudí, un misil impactaba esta madrugada en el centro de la ciudad de Maarib, sin causar víctimas. Aunque nadie se ha responsabilizado, para los residentes está claro que provenía de las fuerzas que intentan tomar esa plaza. “Los Huthi responden al alto el fuego disparando misiles contra civiles, lo que prueba que prefieren la guerra a la paz”, tuiteó Abdelmalek al Mekhlafi, asesor del presidente del Gobierno reconocido internacionalmente.

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