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Los niños salen por fin de casa: “La calle está un poco rara”

Tras 42 días encerrados, este domingo es el día. Más de seis millones de niños menores de 14 años tienen por fin permiso para salir de casa a dar un paseo de una hora, y el paisaje ha cambiado en la calle. Se ven patinetes y bicicletas, incluso alguna familia que ha decidido salir al completo, los dos progenitores con sus hijos, cuando solo está permitido que un adulto acompañe a un máximo de tres niños a una distancia de un kilómetro como máximo desde su domicilio. Muchos pequeños llevan sus propios juguetes, pero saben que no les está permitido compartirlos. Han podido airearse, sí, pero respetando la distancia social. Si para ello hay que hacer requiebros imposibles, esquivando a otros transeúntes, se hacen. Lo importante es no pegarse demasiado.

Tomás, de siete años, y su hermana de cuatro, han salido esta mañana con su padre. “Estoy bastante cansado, pero me ha gustado”, decía tras una hora de skate por el barrio de La Latina, en Madrid. “La calle está un poco rara, he visto poca gente y muchas cacas de perro. El césped ha crecido en la plaza del mercado. Me ha dado mucha alegría ver a mi amigo Nico, pero pena también porque no le he podido abrazar para que no me pille el coronavirus”, resumía el pequeño tras volver a casa.

En Madrid, los requiebros en las aceras para no cruzarse con nadie se han multiplicado esta mañana. El 65% de las aceras de la capital no permiten guardar la distancia social. Así que si hay que bajar a la carretera momentáneamente, se baja. Además, las zonas verdes están supuestamente cerradas, pero los accesos a muchos de ellos no contaban con ninguna limitación… decenas de familias se han lanzado a los parques, respetando, eso sí, la distancia de seguridad. Para poder salir a pasear juntas, varias familias con dos hijos se han dividido. La escena quizás se incorpore a la cotidianeidad en esta nueva normalidad que se avecina: un padre pasea con un hijo dos metros por delante de la madre, con el otro niño. Otras familias aseguran que van a dividir la hora de salida en dos partes: media hora por la mañana y media por la tarde. Ahora que los niños pueden disfrutar del aire libre, hay que exprimir el tiempo al máximo.

En la capital valenciana el día no puede estar más claro, hace sol y la gente se ha echado a la calle a partir de las once de la mañana. El Jardín del Turia, el gran parque urbano de la ciudad, está situado a menos de un kilómetro de miles de hogares en la capital, por lo que ha sido el lugar elegido por muchas familias con niños para dar el esperado primer paseo. Los parques de columpios están precintados y algún padre o madre ha tenido que agarrar a los más pequeños para que no se lanzaran hacia toboganes y balancines. Niños de todas las edades, sobre todo, pequeños iban en patinete, triciclos o llevaban pelotas.

Lo único que rompe la plácida mañana es el helicóptero de la policía que sobrevuela el parque y recuerda a través de sus altavoces las medidas de seguridad que hay que respetar. En apenas 10 minutos tres madres, Vera, María José y Danitza, acompañadas de sus hijos, de nueve a 12 años, se han encontrado en mitad del parque y se han saludado a distancia entre muestras de alegría. “¡Qué mayores! ¿Cómo lo lleváis?”, pregunta una de ellas. Se conocen todos porque los mayores van al mismo instituto. Lo mejor para los niños es volver a ver el cielo desde la calle y lo peor, no poder estar con los amigos. Lo llevan mal.

Al menos han podido, por fin, salir de casa. A primera hora de la mañana, las calles seguían vacías, como días atrás. No han sido muy madrugadoras las familias. Pero conforme avanzaba la mañana, La Ronda de Capuchinos y Recaredo, una de las arterias principales que vertebra Sevilla, ha empezado a animarse empieza. Salen más niños acompañados por sus padres, con patinetes, pero casi no los utilizan. “Tenemos mucha cautela”, dice Laura, madre de dos niños, de 12 y siete años, y que ha salido con el mayor, José David. “Todo le parece más grande, los árboles, las plazas, pero tiene prevención si se acerca alguien”, dice.

En Barcelona, el entorno de la Sagrada Familia ha sido tomado por vecinos con niños. En la ciudad, la salida de menores a la calle se produce sin incidentes: en los barrios próximos al mar, los vecinos se han acercado hasta la playa, cerrada, aunque algún listo ha cruzado las cintas de la Guardia Urbana. El centro histórico sigue desierto esta mañana y apenas se ven familias cuando las calles se ensanchan, delante de la Catedral o el Born. El Eixample, con su característica cuadrícula de aceras espaciosas, permite pasear guardando las distancias. En todos ellos abunda, eso sí, la picaresca de familias que han salido enteras, padre y madre con los niños. Cuando la Guardia Urbana les para aseguran que no sabían que solo podía salir uno de los dos.

Con información de Cristina Vázquez, Eva Saiz, Clara Blanchar y Beatriz Lucas.

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