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Los cuadernos de viaje del pintor de la mediterraneidad

Pedro Cano, en una de las salas de la fundación que lleva su nombre.
Pedro Cano, en una de las salas de la fundación que lleva su nombre. paco nadal

Cano ha expuesto en las mejores salas públicas y privadas de Europa y América, posee obra en el Museo Vaticano y en la Galleria degli Uffizi de Florencia, ha hecho escenografía para teatro e impartido talleres en medio mundo. Pero su obra más íntima, más cercana al corazón y por la que siente una especial debilidad son sus diarios de viaje. Cuadernos de campo a la más vieja usanza del término que lleva siempre encima y que son su memoria escrita donde reflejar luces, texturas y sensaciones que se traducen luego en colecciones temáticas o en obras de gran tamaño. “55 años de mi vida pintando y viajando están en estos cuadernos”, me cuenta mientras me abre las vitrinas que los contienen en la Fundación Pedro Cano, el museo creado en su Blanca natal por él y su familia con ayuda de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y el Ayuntamiento local. El fondo de la Fundación acoge más de mil obras que ha donado, incluida esa colección de cuadernos de viaje, una de las vitrinas más visitadas de la muestra.

Vitrinas con cuadernos de viaje en la fundación Pedro Cano.
Vitrinas con cuadernos de viaje en la fundación Pedro Cano. FPC

Ahí está uno en sus primeros cuadernos en Patmos, su isla fetiche, donde como no podía pintar por una tendinitis fue pegando ramas de eucalipto, flores de salvia, la entrada a un museo, la cuenta de una taberna, un boceto hecho a vuelapluma… “es uno de mis cuadernos más conceptuales”. Está también el cuaderno de Matera, ciudad italiana excavada en la roca ante cuyas fachadas ha pasado días y días pintando. El de Sanaa (Yemen), “uno de los sitios más bellos del mundo”, pintado desde la azotea de uno de sus rascacielos. Hay tardes enteras de trabajo en Tazarine (Marruecos), el oasis que inspiró la música de Babel, de González Iñárritu, esperando a que el sol cayera y dulcificara las luces extremas del desierto. Y en mañanas de luz otoñal en el palacio de Diocleciano de Split (Croacia). Está Sabrata, la ciudad libia con un majestuoso teatro romano detrás de cuya escena se ve el mar. Está Craco, un pueblo fantasma italiano abandonado por sus habitantes tras un corrimiento de tierras. En sus cuadernos hay granadas, palmeras, limones, melocotones, dátiles, olivos, uvas, buganvilias… las esencias del Mediterráneo. Y están Egipto, Libia, Yemen, Palmira, Jordania, Capadocia, Marruecos, Knosos, Creta, Nápoles, Lanzarote, el Mar Menor… “Mucho oriente y mucho sur”, como él mismo reconoce.

Algunos de esos cuadernos son de papel especial para acuarela, pero otros muchos son agendas vulgares y corrientes, con sus fechas, su calendario y su santoral, que los trazos figurativos del pincel de Pedro Cano han convertido en obras de arte móvil.

Acuarela de Fez, del 'Cuaderno de Marruecos', 2013.
Acuarela de Fez, del ‘Cuaderno de Marruecos’, 2013.

Los cuadernos de viaje se expusieron por primera vez en el Meadows Museum de Dallas (Texas, EE. UU.), en 1988. Luego han pasado por Murcia, Roma, Nápoles, Venecia, Albacete… Se han convertido en libro y también en documental. Y ahora pueden verse en su Fundación, un edificio vanguardista a unos pasos del río Segura y de esas huertas de limoneros y naranjos que fueron el patio de juego de su infancia y que tanto influyeron luego en su obra adulta.

Fundación Pedro Cano, Avenida del río Segura S/N, 30540 Blanca-Murcia. Abierto de miércoles a viernes, de 10 a 13 y de 17 a 19. Sábados, de 11 a 14 y de 17 a 19. Domingo y festivos, de 11 a 14.

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