Las noticias

‘Lobbies’, el poder en la sombra

Un irritado lobby nuclear avisaba esta semana al Gobierno y a los ciudadanos de que si se retiran los beneficios que reciben las empresas por no emitir dióxido de carbono “sería imposible la continuidad de las centrales”. Otro destacado lobby de consumidores exigía sanciones para las eléctricas por la explosiva subida de la luz. Solo las tecnológicas, según un informe de Corporate Europe Observatory and LobbyControl, tienen en Bruselas un regimiento de 612 empresas, grupos y asociaciones que ejercen presión en Europa y que se gastan 97 millones de euros al año para hacer llegar mensajes favorables al sector. Son, por encima de las farmacéuticas, petroleras, la banca o la industria química, las principales lobistas en un universo amplio, “pero profundamente desequilibrado” del cabildeo institucional, según el estudio.

Seguir leyendo

El ejemplo comunitario

Ante los órganos de la UE, donde se decide buena parte de la política de gasto y la regulación que pasará a incorporar cada Estado miembro, Bélgica, Alemania, Francia, Italia y España son, por este orden, los países con más delegaciones acreditadas. Casi un tercio de las organizaciones que tienen un pie en la capital belga se gastan entre 100.000 y un millón de euros anuales en esa representación. En el Parlamento Europeo hay un sistema de acreditación específico para lobbistas y el reglamento de la Eurocámara incluye un código de conducta que los obliga, sin ningún matiz, a dejar claro a quién representan. Pero fuera de las instituciones comunitarias y sin ninguna norma que obligue a los Estados a legislar sobre el asunto, los enfoques para regular el cabildeo son muy variados: Austria, Francia, Alemania, Irlanda, Lituania, Polonia y Eslovenia han impuesto requisitos de registro, mientras que Bélgica, Italia, Países Bajos y Rumania ofrecen incentivos para que los grupos de presión se inscriban voluntariamente. “Lo que Bruselas sí puede hacer con los Estados miembros es ejercer cierta presión ahora que va a repartir los fondos Next Generation”, recuerda María Rosa Rotondo.
De hecho, la Comisión ha evaluado la calidad de los Estados de derecho como uno de los aspectos a tener en cuenta en el reparto, y entre otras cosas llama la atención a España —que por lo demás sale bien parada en la fotografía— sobre la inexistente regulación de los grupos de interés. Incluso aunque la llegue a haber, los expertos avisan de que puede quedarse en un brindis al sol si solo se centra, por ejemplo, en el Congreso y el Senado y no llega a todos los órganos de decisión de la Administración. “Si fuese lobbista no perdería el tiempo en invitar a cenar a un diputado, porque su capacidad para moldear el sistema legislativo es bajísima”, ilustra el profesor Ignacio Molina. “En Bruselas y en EE UU, en cambio, sí están en juego más intereses. Aquí un lobbista se dirigirá al poder ejecutivo, y ese es un terreno muy técnico”. Llevar la transparencia a todos los niveles, desde ministros a directores generales, contribuiría a que la ciudadanía asumiese la actividad como beneficiosa para el sistema.

Leave a Reply