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“Llama la atención que un adulto pueda ir a por tabaco, pero un niño no haya podido salir en todo este tiempo”

“Llama la atención que un adulto pueda ir a por tabaco, pero un niño no haya podido salir en todo este tiempo”

Catherine L’Ecuyer es canadiense, afincada en Barcelona y madre de cuatro hijos.

A partir del próximo 27 de abril los niños y niñas españolas podrán salir a la calle un rato de forma controlada por primera vez en más de seis semanas de confinamiento. Todavía no se conocen los puntos específicos, pero parece que se podrán hacer recorridos cortos, controlados y acompañados por un adulto; solo podrá salir un máximo de tres personas de un mismo hogar y, según explicó el presidente del Gobierno el pasado sábado 18 de abril, la medida, en un principio afectará a los menores de 12 años.

Para hablar de los pros y contras de este confinamiento para los más pequeños de la casa, hemos querido saber la opinión de Catherine L’ Ecuyer, doctora en Educación y Psicología y autora de libros como Educar en el Asombro.

PREGUNTA: ¿Por qué se ha tardado tanto es flexibilizar el confinamiento de los más pequeños, y por qué es necesario que los niños salgan a la calle?

RESPUESTA: Lo aconsejable es que un niño pueda salir, correr e ir a dar paseos en la naturaleza. De hecho, esas recomendaciones son de mucho antes de que ocurriera el confinamiento. Sin embargo, aquí se ha tratado de encontrar un equilibrio entre esa necesidad básica y una cuestión grave de sanidad pública [urgencias colapsadas con miles de muertes, ya no solo por la enfermedad, sino también porque la sanidad se ha convertido en un cuello de botella que impide atender a todos los que acuden]. En un caso así, no hay solución simple, ni fácil, ni universal, se trata de encontrar un equilibrio entre ambas situaciones, no hay una respuesta única y clara.

Para poder sopesar ambos argumentos y tomar decisiones correctas, hay que entender lo qué es un niño y sus necesidades, por un lado, y hay que valorar los riesgos para la sanidad pública y tener una perspectiva epidemiológica, por otro.

Los padres y los expertos en educación y en pediatría pueden aportar la mirada del niño y los expertos en epidemiología pueden aportar la mirada de la perspectiva de la pandemia. Es clave trabajar juntos, para no tener “ángulos muertos”.

P. ¿Crees que ha habido alguna incoherencia en las reglas del confinamiento y si esta ha afectado a los niños?

R. Sí, llama la atención que un perro pueda salir, pero un niño no haya podido salir en todo ese tiempo. Llama la atención también que se pueda ir a trabajar para atender a clientes “fantasma” que no vienen porque están confinados, mientras los niños no pueden dar la vuelta a la manzana.

Llama la atención que un padre pueda ir a comprar tabaco, pero que un niño no pueda salir a la calle en bicicleta.

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Sería bueno que los expertos que asesoran al Gobierno fueran transparentes y expliquen a la población cuál es el razonamiento que ha llevado a tomar esas decisiones. Los ciudadanos somos personas inteligentes, capaces de entender la razón de las medidas si nos las explican.

Podremos discrepar, o no, pero no se nos puede pedir que hagamos actos de fe en materias tan serias. Me parece muy importante que expertos independientes del Gobierno puedan dar su opinión públicamente sobre esas cuestiones para generar un debate de fondo sereno en los medios de comunicación sin que eso se interprete como una falta de unidad y de lealtad. La discrepancia y el diálogo están en la base de la democracia.

P: Se ha hablado mucho de las consecuencias del confinamiento en los niños, para ti, ¿cuáles serían?

R: Aún es temprano para saber cuáles van a ser los efectos psicológicos del confinamiento en los niños. Hace unos días se publicaron dos artículos académicos que “advertían” de las posibles consecuencias psicológicas. Ambos artículos remitían a un estudio realizado en una pandemia anterior y analizaban las consecuencias psicológicas de la cuarentena en los niños.

Se trataba de una situación en la que los menores habían estado separados de sus padres y en la que había sospecha de complicaciones para la salud de un miembro de la familia (situación alarmante y con separación del niño de su principal cuidador).

En esos casos, los padres reportan una huella psicológica que ha requerido atención y seguimiento psicológico en el 25% de los casos, cuando uno o dos de los padres estaban en cuarentena, y en el 30% de los casos cuando es el niño el que estaba en cuarentena.

Pero cuidado, la situación actual es distinta, pues en la mayoría de los casos los niños están confinados con sus padres y es una medida colectiva preventiva para aplanar la curva.

P: ¿Entonces habría o no secuelas psicológicas para los más pequeños?

R. Los niños tienen una enorme capacidad de adaptación que no tenemos los adultos. Pero están a riesgo de sufrir problemas psicológicos cuando los padres con los que viven no están bien: violencia verbal o física en el hogar, depresión, preocupación excesiva, ansiedad, adicciones, etc.

Por lo tanto, animo a los progenitores a dar sentido a las dificultades generadas por la pandemia, para el bien de sus hijos, haciendo un gran esfuerzo para mantener el vínculo de confianza con ellos en el medio de esa situación tan difícil.

Si hay dificultad económica, preocupación laboral, noticias trágicas, es mejor que pongamos filtro para que los niños no lo vivan en primera persona, buscando ayuda en la pareja o en un profesional externo para poder gestionar la situación.

P. Entonces, son las familias más vulnerables, las más afectadas.

R. Sí, no es lo mismo una casa con jardín que un piso de 60 m2 con pocas ventanas. Hay familias más vulnerables que otras. En ese sentido, espero que el Gobierno tome decisiones para que las familias más vulnerables sean las primeras en poder salir para dar un paseo.

P. ¿Cuál sería para ti la forma más coherente de flexibilizar el confinamiento?

R. Hay lugares del mundo en los que se restringen las reuniones de más de una o dos personas que no sean del mismo hogar. Quizás habría que plantearse ir por ese camino cuando dejamos a los niños salir un rato, pues es difícil que un contagio tenga lugar entre 4 personas que viven juntos en una casa cerrada por el mero hecho de salir juntos en la calle a dar un paseo.

P. ¿Aprenderemos algo de esta tragedia?

R. Cuando la vida te da un limón, haz limonada. No es un gran secreto: la mayoría de los padres llevamos toda la vida padeciendo y sufriendo por carecer del tiempo para educar, para estar con nuestros hijos. Para los que pueden hacerlo, aprovechemos este tiempo que nos ha regalado esta terrible pandemia para consolidar el vínculo de apego/confianza con ellos. Esta oportunidad es irrepetible para conocerlos, escucharlos, mirarlos, quererlos.

El uso de pantallas y confinamiento

Catherine L’Ecuyer recomienda que los padres apaguen las pantallas en la medida de lo posible, salvo las videollamadas con las personas queridas (familiares, profesores, etc.). Según explica, esa excepción está permitida por la Academia Americana de Pediatría desde 2016 para todas las edades, siempre y cuando haya un vínculo previo con la persona con la que se interactúa virtualmente (incluso antes de los 2 años): “Esa excepción estaba pensada inicialmente para los niños alejados de un padre o de una madre que pertenece a las fuerzas armadas americanas desplegadas en otros países. Creo que es una excepción que se aplica perfectamente ahora, siempre cuando el niño usa el dispositivo solo para eso, y lo hace bajo la supervisión de un adulto”.

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