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Leer a Margarita Rivière es revivirla

Margarita Rivière, junto al presidente de la Generalitat Josep TarradellasMargarita Rivière, junto al presidente de la Generalitat Josep Tarradellas

“Me resulta imposible y a la vez innecesario resumir quién ha sido mi madre durante toda su vida. Ya lo ha hecho ella a través de sus entrevistas, sus artículos y sus libros. Antes de morir, me dijo que estaba muy feliz con la vida que había tenido y que iba a morir en paz, tranquila y satisfecha por todo lo vivido. Y eso para mí es lo más importante”.

Mi madre es la periodista y escritora Margarita Rivière. Murió el 29 de marzo de 2015, a los 70 años, a causa de una insuficiencia pulmonar. Estas palabras son parte del texto que leí en su funeral, entre lágrimas, embarazada de seis meses de mi primera hija. Entonces no tenía fuerzas para repasar su trayectoria vital y profesional y me quedé con lo fundamental. Cinco años después, quiero rendirle este pequeño homenaje en forma de artículo.

No puedo hacerme una idea de lo que hubiera sido perderla en una situación de crisis sanitaria como la actual de la que dudo hubiera podido salir adelante si siguiera viva. Lo que más le importó los últimos días de su vida fue que le cogiéramos de la mano, que le diéramos un beso, que estuviéramos con ella, algo que ahora les es imposible hacer a tantísimas personas. Toda mi compasión hacia ellas.

Hacer cábalas sobre lo que pensaría hoy de la situación política o el feminismo no tiene sentido. Lo bueno es que podemos seguir leyéndola; revisar los más de 30 libros que escribió a lo largo de su carrera. Destacó con sus ensayos sobre moda y política pero se atrevió con todo tipo de publicaciones: desde biografías y libros de divulgación a cuentos para niños y libros de humor; “¿Por qué no iba a hacerlo?”, se preguntaba en El placer de ser mujer (Síntesis, 2005), un volumen en el que explica qué le proporcionó satisfacción tanto en el ámbito personal como en el profesional.

Uno de sus primeros placeres fue el dibujo. En el invierno del 63-64, asistió en París a un curso de dibujo de moda y trabajó en uno de los primeros gabinetes de diseño de prêt-à-porter que lanzaría entonces a dos marcas míticas: Cacharel y Daniel Hetcher. Fue ahí donde descubrió que “el placer consistía en emplear el propio talento en algo que ayudara en ese empeño colectivo de crear una vida más amable, justa, fácil y exigente con el esfuerzo de cada cual”. No se puede describir mejor. El mundo de la moda le abrió las puertas del periodismo. Hizo de corresponsal para la revista Marie Claire mientras seguía dibujando: vendió algunos diseños de moda (alguno de ellos a Toni Miró), ganó un concurso internacional de pósters e hizo ilustraciones para las revistas Telva y Fotogramas.

No quiso perderse nada. Fue miembro fundador de El Periódico, directora de la Agencia Efe en Cataluña, redactora del libro de prensa y del programa de mano de las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, dirigió y presentó el programa de TVE Hablemos del amor en 1984, entre otras muchísimas cosas. “La realidad y la vida dan muchísimo de sí: esto es lo que descubrí en mi vida adulta”, sostenía.

Un total de más de 1.000 conversaciones publicadas en diversos medios la convirtieron en una magnífica entrevistadora. “En cierto sentido, ser periodista es estar constantemente aprendiendo cosas. Y esto es un gran placer. He disfrutado mucho hablando con la gente”, afirmaba. El periodismo le permitió conocer a personas de muy distinta índole. ¡Cómo me gustaría que me volviera a contar la noche en que acabó cenando entre Maradona y Julio Iglesias!

Su vida laboral fue, sin duda, enriquecedora pero la maternidad cambió su manera de ver las cosas: “Los hijos nos sitúan en nuestro verdadero lugar en la cadena humana y nos permiten entender mejor a los padres. Nos enseñan a ver el mundo con otros ojos y ensanchan nuestro propio campo de visión”. No puedo estar más de acuerdo. Siento tantísimo no haber podido compartir con ella tal descubrimiento. Suerte de sus libros que me permiten aprender y recordar las cosas que ya no le puedo preguntar. En cierta manera, leerla es revivirla.

Su mirada feminista fue pionera. “Siempre he tenido la sensación de que he ido fuera de tiempo: he intentado hacer cosas que después se han normalizado con tranquilidad, pero que a mí me costó bastante lograr”, consideraba. En los 70, dio a conocer los anticonceptivos junto al ginecólogo Santiago Dexeus. En el año 2001, se atrevió con la menstruación y me invitó a reflexionar sobre ello en El tabú. Madre e hija frente a la regla (Planeta), una publicación trasgresora en aquel momento. “Ambas quisimos proclamar nuestro desacuerdo con la hipocresía social que envuelve esta cuestión y que afecta a las mujeres: no se trata de exhibir la regla sino de transformarla en algo medianamente normal”, defendía.

Recientemente, tuve la oportunidad de volver a ver el documental Nosotras que contamos: Josefina Carabias (RTVE, 2014) en el que participó junto con otras pioneras del periodismo en España. Me quedo con unas declaraciones suyas que cierran el reportaje: “Somos una generación privilegiada. Hemos vivido cosas muy emocionantes; hemos visto la evolución de las mujeres, de las periodistas… Pero el techo sigue y estoy deseando ver un buen equipo de mujeres que no sean como hombres, que puedan introducir cambios en la valoración de la información. Esto sería la verdadera revolución”. Me temo que mi madre no pudo verlo ni creo que yo lo haga pero espero que sus tres nietas puedan ayudar a hacerlo realidad.

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