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Laura Ester: “Jamás pensé que echaría de menos el agua”

El inicio de año de Laura Ester fue deslumbrante. Le otorgaron por segunda vez el premio a la mejor jugadora de waterpolo del continente y, tres días después de cumplir 30 años, ganó su segundo Campeonato de Europa con la selección. Todo eso en enero. Y para empezar marzo, cena de celebración en grupo en un restaurante de tapas de Sabadell. El equipo de la ciudad, el suyo, acababa de reeditar el título de Copa. Un adorno más para un club que marca una época, vigente campeón de la Copa de Europa y que suma 10 Ligas consecutivas. Después se encadenaron las malas noticias: el 12 de marzo se suspendieron los entrenamientos y las competiciones; el 14, el Gobierno decretó el estado de alarma; el 24 se aplazaron los Juegos; y el 30 se decidió que se celebrarán en el verano de 2021.

Ahora, Laura Ester, en el piso barcelonés donde vive con sus padres y su hermano, cavila sobre las paradojas de la vida: “Después de un montón de años sin parar, nunca pensé que fuera a echar en falta los entrenamientos, la piscina, estar con el equipo y con las amigas con las que siempre paso muchísimo tiempo y a las que ahora solo veo a través del móvil. Ahora nos damos más cuenta que nunca de que nuestro medio es el agua, que es donde estamos más cómodas”.

La selección española ya se había ganado el derecho a estar en Tokio y a luchar por su segunda medalla olímpica tras la de plata en Londres 2012. Todo iba bien encaminado tras la plata en el Mundial de 2019 y el oro en el Europeo. “Estábamos en un buen momento, pero aplazar los Juegos fue la mejor decisión. Era una locura competir en Tokio en las condiciones en que se encontraban muchos deportistas. Nosotras, dentro de lo que cabe, estamos tranquilas. Al estar ya clasificadas, no tenemos esa presión e incerteza, y nos centramos en el objetivo para el próximo año”.

Estudiante de Bioquímicas

La Copa de Europa, la Liga española, la Liga Mundial… Todo está en el aire. Las jugadoras se las apañan para mantener el tono físico. Algunas, como las extranjeras del CN Sabadell, han colocado un colchón ante la puerta de una habitación que da el pasillo de su piso para ensayar lanzamientos. El preparador físico del club les pasa cada día una tabla de ejercicios. “Hago sesiones de más de una hora cada mañana: de cardio, de coordinación, de reflejos, alguno de resistencia, más que de fuerza”, cuenta Laura Ester, que saca tiempo para estudiar las pocas asignaturas que le quedan para acabar Bioquímicas. “Por la tarde hago pilates o yoga, para seguir el ritmo de dos entrenamientos al día que hacemos en el club”. La infraestructura y el material con los que cuenta son muy limitados. “No somos como los futbolistas que tienen casas con gimnasio y piscina. El piso no es muy grande. Tengo gomas elásticas, alguna pelota de waterpolo que andaba por ahí, unas pelotas de tenis para hacer ejercicios de coordinación, una cuerda para saltar a la comba y, gracias a mi hermano, que es un loco del ciclismo, puedo utilizar su bici con rodillo”.

Pero más allá del entrenamiento físico, está el mental. “Te imaginas que estás jugando un partido o entrenándote con tus compañeras. Es muy importante el tema de la visualización”. A distancia, pero las jugadoras de la selección compartieron la experiencia de ver por televisión la final del Mundial de 2013 que ganaron en Barcelona. “¡Parecía que fuera fácil lo que hicimos! Siete años después, solo viendo la presentación ya se nos pusieron los pelos de punta y hasta hubo alguna lagrimita”.

Jugadora y enfermera

Las waterpolistas envían mensajes de ánimo y admiración hacia Olga Doménech, excomponente de la selección y casi toda su carrera en el CN Sabadell hasta que firmó por el CN Terrassa. “Como compañera ya era increíble”, la elogia Ester. “Es auxiliar de enfermería. No ejercía, pero no pensó en otra cosa que en ayudar. Ahora trabaja en el Hospital Parc Taulí de Sabadell, jugándose la vida para que todos estemos bien. Otra excompañera, Teresa Gurría, es médico y ejerce en el Clínico”.

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