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Las voces de la herida económica de la pandemia

El primer caso latinoamericano de la covid-19 se registró oficialmente en Brasil a finales de febrero. Desde entonces, los Gobiernos de la región han tomado medidas de distinta intensidad para aplacar la crisis sanitaria y su derivada económica, cuya onda expansiva provocará una caída del PIB de más del 5%, peor que en todas las crisis recientes, desde la Gran Recesión al shock de deuda de los 80. Brasil y México, los dos primeras economías, han optado por medidas flexibles de confinamiento con la esperanza de no ahogar completamente la actividad económica. Colombia y Argentina, por su lado, han sido muy estrictos con la cuarentena.

Las consecuencias del parón global -el golpe en las materias primas, la caída de las exportaciones o el cierre del turismo- ya han empezado a aparecer en la región en forma de máquina trituradora de empleos y tejido empresarial. Al final del año que viene, se espera que el número de personas desempleadas aumente en 12 millones, sin contar la bolsa gigante de negocios y trabajadores informales que verán empeorar sus ingresos y nivel de vida. Según los pronósticos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pandemia amenaza con hundir en la pobreza a 29 millones de personas en 2021.

La mayoría de los Gobiernos de la región han optado por ensanchar los canales de la ayuda a costa de engordar la deuda pública. En Brasil, una renta básica para los trabajadores informales y créditos empresariales a través de los bancos públicos. Exenciones fiscales y apoyo salarial para las empresas en Argentina. Avales públicos y un ingreso básico también en Colombia, que ha optado por renovar la línea de crédito del FMI. México es por ahora el país que menos ha decidido abrir la mano, manteniendo los subsidios habituales y una línea de microcréditos blandos. El escueto plan mexicano está siendo complementado por la iniciativa privada.

EL PAÍS reúne a trabajadores y empresarios de los cuatro países para conocer sus historias y pulsar el estado de sus economías.

Jesús Carmona

Hotelero mexicano

“La economía se está yendo al escusado”

María Victoria

Comercial venezolana en Argentina

“Hay una tensión extraña”

Paulo Sales

Empresario automotriz brasileño

“Hemos adaptado nuestros negocios pero no sabemos cómo va a terminar esto”

Brian Jiménez

Trabajador agrícola colombiano

“No hay quién compre fresas, duraznos y peras”

Gastón Portalez

Empresario industrial argentino

“No podemos quedarnos quietos”

Karen Hernandez

Maquiladora mexicana

“Si nos dejan de pagar, tendremos que pedir por las esquinas”

Arturo Calle

Empresario textil colombiano

“Estamos en un momento que nunca habíamos vivido”

Carla da Silva

Técnica de enfermería brasileña

“Si uno pierde la fe, lo pierde todo”

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