Internacional

Las funcionarias del extinto Ministerio de la Mujer: “No reconozcan a los talibanes mientras no respeten nuestros derechos”

Desde hace tres meses, Zakia Kawiyan, Shahla Arifi y Maliha Hashemi acuden cada semana a firmar en el registro del Ministerio de Asuntos de la Mujer, en el centro de Kabul. Es un requisito para no perder su condición de funcionarias. Pero ni el Ministerio existe, ni siquiera les dejan pasar mucho más allá de la entrada. Los talibanes, que han rebautizado el edificio como Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, les apuran a que estampen su firma y no se entretengan. Algunas semanas, les han hecho rubricar el listado en un banco del aparcamiento.

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Segregadas a los nueve años y sin educación a los 13

Sanawbar, de 10 años, en una clase de cuarto grado en la escuela secundaria Zarghoona de Kabul, el pasado julio.

Los talibanes han conseguido su objetivo sin siquiera cambiar la ley. Desde que llegaron al poder a mediados de agosto, han echado a las adolescentes del sistema educativo. “Las normas no han cambiado aún, pero hemos recibido instrucciones”, explica Mina Hengama Bik, directora de la Escuela Abdulqahar Aasi, un modesto centro privado en el distrito tres de Kabul que imparte enseñanza primara e intermedia (hasta noveno curso).

Las instrucciones significan que, en medio del año escolar (que en el norte de Afganistán va de marzo a diciembre), han tenido que segregar a sus alumnos por sexo a partir del tercer grado (9-10 años) y dejado fuera del sistema a las chicas a partir de sexto (13-14 años). “En los colegios públicos segregan desde primero, y sospechamos que los privados también tenderemos que hacerlo el próximo curso”, admite Bik.

La mayor preocupación de la directora es, sin embargo, el efecto que esto ha tenido en la moral de estudiantes y profesores. “Ha generado desinterés en las alumnas y sus padres [que no ven sentido a estudiar cuando no van a poder pasar de 6º]”, señala la directora. Por otro lado, la huida al extranjero de algunas familias y la pérdida de ingresos de los progenitores en otras ha supuesto la caída del número de matriculados.

“Apenas quedan 120 de los dos centenares que teníamos a principios de curso. Eso nos ha obligado a despedir a seis de las doce profesoras que teníamos”, declara. Además, este mes de diciembre, en que no dan clase y se dedican a corregir exámenes y otros asuntos administrativos, las docentes verán reducido a la mitad su magro salario de 3.000 afganis (27,6 euros). 

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