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Las Bolsas profundizan las pérdidas pese a la acción conjunta de los grandes bancos centrales

El Ibex 35, el índice selectivo de la Bolsa española, durante la sesión del pasado viernes.El Ibex 35, el índice selectivo de la Bolsa española, durante la sesión del pasado viernes.Altea Tejido / EFE

El movimiento se ha quedado corto. Como en los años negros de una década atrás, en plena Gran Recesión, la plana mayor de los bancos centrales actuaron el domingo por la noche para tratar de aliviar la presión sobre los mercados. Coordinaron un plan conjunto para tratar de garantizar la liquidez, tanto en dólares como en el resto de grandes monedas, y la Reserva Federal actuó por partida doble: con una nueva rebaja de tipos que deja el precio del dinero en cero por primera vez desde la crisis financiera y con la puesta en marcha de un programa de activos de 700.000 millones de dólares (630.000 millones de euros), también como en los años más duros de la era post Lehman Brothers. No ha sido suficiente: los principales parqués europeos viven este lunes una nueva jornada negra tras las pérdidas en las principales plazas de Asia y Oceanía, y Wall Street se prepara para abrir también con un batacazo. En el ánimo de los inversores pesan mucho más las nuevas medidas restrictivas para tratar de frenar el avance del coronavirus que los estímulos monetarios.

El Ibex 35 cae más de un 9,5% a media sesión, arrastrado por IAG (British Airways e Iberia), que se deja la cuarta parte de su valor en la sesión: el coronavirus es un misil en la línea de flotación de todo el sector aéreo y la hispanobritánica ya ha anunciado un recorte del 75% en la oferta en los próximos meses. Según los cálculos de la consultora sectorial CAPA, si las propias compañías aéreas y los Gobiernos no dan pasos decididos pronto, muchas de ellas estarán en situación de quiebra técnica en mayo. Las pérdidas, sin embargo, son transversales a todos los valores del selectivo y del resto de parqués europeos, que retroceden en una proporción similar. Horas antes, los mercados de Asia-Pacífico ya apuntaban a una caída generalizada: la Bolsa australiana se dejó casi el 10% en la primera jornada de la semana; Hong Kong cerca de un 4% y Shanghái y Shenzen, algo más de un 3% con los intereses de la deuda estadounidense —el activo refugio por excelencia en tiempos de zozobra— a la baja. Entretanto, los índices de volatilidad, que miden el nerviosismo en los mercados, marcan este lunes su máximo en más de una década.

Tras un fin de semana marcado por el estado de alarma en España, el cierre de fronteras en Alemania y los anuncios de cierres de tiendas de las principales enseñas de EE UU, con Apple y Nike a la cabeza, con el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, reconociendo implícitamente que en su hoja de ruta ya está la recesión, se abre un escenario “de terror”, como decía este lunes por la mañana a EL PAÍS una analista bajo condición de anonimato. “En circunstancias normales, una amplia respuesta de política monetaria como la del domingo pondría un suelo para los activos de riesgo y ayudaría a su recuperación”, agrega Jason Daw, estratega de Société Génerale, en declaraciones a Bloomberg. “Sin embargo, la magnitud del choque sobre el crecimiento se está volviendo exponencial y los mercados, con razón, se cuestionan qué más puede hacer la política monetaria”. En esto China marca el camino, y el precedente no es ni mucho menos bueno: en los 60 primeros días del año la producción industrial se desplomó un 13,5% anual, las ventas minoristas cayeron un 20% y el paro alcanzó el 6,2%, nivel récord para un mes de febrero. En todos los casos es más de lo que esperaban las principales casas de análisis.

Los inversores actúan en consecuencia y lo están descontando en sus valoraciones, hasta el punto de que los precios actuales de muchas cotizadas empiezan a incorporar no solo un hundimiento de la economía europea y estadounidense en el primer trimestre del año, sino una recaída en toda la primera mitad del año de gravedad variable en función del tiempo que estén en marcha las medidas de aislamiento para evitar más contagios en los principales países del Viejo Continente y de EE UU. Bank of America, por ejemplo, ya prevé un retroceso del PIB entre abril y junio, y subraya que “el riesgo es que la contracción sea mayor y más prolongada” de lo que se creía hasta ahora. Para responder a esta nueva realidad —aquí sí, a diferencia de los primeros compases de la Gran Recesión—, los inversores quieren algo más que política monetaria: buscan un plan de choque fiscal, igualmente coordinado entre bloques y que no termina de llegar. Mientras, “los bancos centrales deben asegurar que el choque de demanda no hace caer a las empresas rentables. Si eso ocurriera, se produciría un segundo choque de demanda, a medida que la gente pierda sus trabajos, que continuaría incluso después de que el miedo al virus haya tocado techo”, agrega Paul Donovan, economista jefe de UBS. El riesgo es máximo: la economía está tiritando y un puñado de jornadas de pánico más dejarían a los índices bursátiles en los huesos.

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