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Las 17 nuevas entrenadoras que podrán pelear por un banquillo ACB

Nunca había ocurrido. A final de año, y tras 755 horas de formación, 17 nuevas entrenadoras podrán aspirar al banquillo de cualquier equipo de baloncesto de élite. Hasta la fecha, el número de mujeres inscritas para el curso de entrenador superior (CES) nunca había superado la decena; solían ser cinco, seis, diez mujeres, de los alrededor de 200 titulados anuales. Es, la de esta edición, una nota de optimismo ante una realidad terca: Anna Montañana (Valencia, 1980) fue la primera entrenadora asistente en ACB –como ha sido después la primera mujer en entrenar un equipo profesional masculino en la liga colombiana–, y, desde su marcha de Fuenlabrada, ninguna le ha tomado el relevo; de la Liga Femenina Endesa solo dos equipos de los 16 que compiten están dirigidos por técnicas. Estas 17 entrenadoras saben que habrán de luchar contra viento y marea, y que son ellas y sus logros los que empiedran el camino a la igualdad.

Eva Sanz Gómez, la primera aceptada en el Curso de Entrenador Superior en el año en que por primera vez tomarán parte 17 mujeres.
Eva Sanz Gómez, la primera aceptada en el Curso de Entrenador Superior en el año en que por primera vez tomarán parte 17 mujeres.Santi Burgos

De los 183 inscritos para el CES en esta edición, la primera en apuntarse –y ser aceptada, pues se hace selección de los candidatos– fue una Eva Sanz (Leganés, 1999) que, a pesar de no haber cumplido aún los 22, tiene más de siete años de experiencia como preparadora. Jugaba; era, en el Basket Leganés de 1ª Nacional dirigido por Javier Lombardía, extécnico del Estudiantes LF, la escolta en cuya muñeca recaía la responsabilidad de anotar el triple de la salvación, el que evitara el descenso. “No sé si volveré a sentir una adrenalina como aquella, la euforia de meterlo”, suspira Sanz, cuyo amor por el baloncesto siempre estuvo contrapesado en su particular balanza por lo que sentía hacia la enseñanza. A punto de graduarse en Magisterio, Sanz tal vez habría escogido un camino distinto de no llevar entrenando desde los 14 en categorías de formación. Hace tres años, Žan Tabak, uno de aquellos mitos de la Jugoplastika (Croacia) que compartió vestuario con Toni Kukoc o Dino Radja, un pívot que ganó un anillo NBA con Houston e hizo fortuna primero como jugador y luego como entrenador en España, la reclutó para su proyecto. Había fundado un club de baloncesto base en Boadilla del Monte (Madrid) y la quería en el banquillo. “Empezamos con tres equipos y ya son ocho. Cuando alguien de su dimensión confía en ti, cuando tienes la oportunidad de aprender de baloncesto de alguien con su trayectoria y conocimientos, hay que comprometerse y dar la talla. Siempre he tenido que afrontar un doble obstáculo: ser mujer y joven. Hay quienes me cuestionan solo por ello, y las críticas, si no aprendes a no tomártelas a pecho, pueden acabar contigo”, relata Sanz.

Calentamiento previo al partido del Colegio Agustiniano, uno de los equipos de Eva Sanz, contra Santa María del Pilar.
Calentamiento previo al partido del Colegio Agustiniano, uno de los equipos de Eva Sanz, contra Santa María del Pilar.Santi Burgos

Uno de sus equipos, el masculino del Colegio Agustiniano de Madrid, se jugaba en la tarde del viernes contra Santa María del Pilar los cuartos de final de la copa colegial. En el patio, todos la saludan o le desean suerte –es también profesora en prácticas allí– para un partido que terminaría con derrota de los suyos por seis puntos. A la puerta del pabellón y pizarra en mano (en la que apunta cosas como: contraataque, uno contra uno, parar el balance, cerrar el rebote…), antes del pitido inicial, responde a las preguntas de EL PAÍS. “¿Por qué sacarse el CES, por qué enfrentar las previsibles barreras que me encontraré? Me encanta entrenar en categorías formativas. Trabajo con chicos y chicas desde la empatía, posibilitándoles que les sea factible compaginar estudios y deporte, haciéndoles sentir que mejoran técnicamente para que el siguiente curso quieran seguir jugando. La diversión es esencial, como lo es aprender a lidiar con el error como parte indispensable del aprendizaje. Y esos y otros muchos valores están en la naturaleza misma del deporte, práctica que es fundamental fomentar para combatir el sedentarismo o las tasas de obesidad que tenemos en España. Se trata de eso; luego, el que sea bueno llegará, pero ese será uno de ni se sabe cuántos. Hay que aportarle algo a todos. Y sacarte este título es dotarte de herramientas para tus jugadores, aprender de los mejores, compartir con compañeros de toda España y de fuera [participan entrenadores de 10 nacionalidades] ejercicios que poder sumar a tu método”, cuenta con serenidad y cautela Sanz, aunque sin dejar de lado una cuestión que pende ahí, en su cabeza: “Quiero estar preparada, por si un día puedo entrenar en la élite”.

Sin mi currículo como jugadora no me habrían dado la oportunidad de entrenar, y aun así tuve que demostrar el doble

Anna Montañana

Para Sanz, historias como las de Anna Montañana, que será una de sus instructoras en el CES, le permiten “tener esperanza”. “Yo debuté muy joven. Mi madre dice que con ocho años le dije a mi entrenador: ‘voy a ser profesional, ¿qué tengo que hacer?’, ¡y lo cumplí!”, cuenta Montañana, una de las mejores pívots de la historia de nuestro baloncesto, al teléfono desde Colombia, donde desde abril entrena un equipo masculino de su liga. Una mujer “acostumbrada a soñar grande y que nunca se percató de los techos de cristal hasta que se topó con ellos”, dice. “En la NBA hay ahora mismo 12 entrenadoras asistentes. ¿Cuántas hay en ACB desde que me marché yo? ¿Cuántas en LEB Oro o Plata? ¿Cuántas en Liga Femenina?”. Montañana afirma que, sin su excelso currículo −seis medallas con la selección, una Euroliga, varias ligas y copas−, no le habrían dado la oportunidad y que, aun así, siente que ha tenido que demostrar el doble, algo que no ocurre con exjugadores que devienen técnicos. “Por suerte, soy alguien que respira baloncesto, que en una cancha se siente en su hábitat, da igual que esté con hombres, mujeres, chicos de 15 años… Ahí dentro soy capaz de decidir con seguridad, de ir haciendo mi camino. Luego, en casa, mientras leo un libro o veo una película, pueden sobrevenir las dudas, tomar consciencia de las dificultades que afrontamos las mujeres, pero, entonces, lo que hago es seguir formándome. De hecho, en otras ocasiones en el curso he impartido enseñanzas sobre juego interior, y tal vez este año prefiera hablarles sobre la adaptabilidad y resiliencia que necesita un entrenador. Todavía tengo que pensarlo”.

Una mujer tras la organización de los cursos

Paloma Romero, que ha sido incluso delegada de la selección absoluta, se sacó el CES en 1996 y, desde hace 15 años, es la única mujer dentro del equipo que organiza su celebración anual en la Federación Española de Baloncesto (FEB). El CES, según explica, tiene un bloque científico técnico que incluye lecciones de fisiología o psicología, otro específico de baloncesto que trata cuestiones de táctica y de aprendizaje continuo y gestión de grupos de alto rendimiento y, después, un proyecto final y unas prácticas que suponen 200 de las 755 horas totales de formación. En esta edición, la parte presencial, con charlas como las de Montañana o Pedro Martínez, entrenador de Manresa, se celebrará en julio en Zaragoza. “En baloncesto de iniciación hay casi más niñas que niños, pero según avanzan van quedando solo hombres. España es uno de los países que mejores entrenadores produce. Es fundamental que los que entrenamos cuidemos la base, que sepamos contagiar el gusto para que las niñas no abandonen, mostrar que otra de las enseñanzas clave del deporte consiste en aprender a gestionar tu tiempo, planificarte y ser responsable desde edades tempranas. Porque los beneficios y valores que aporta el baloncesto son indiscutibles”, dice Romero con entusiasmo.

De los 16 equipos de la Liga Femenina Endesa, solo dos están entrenados por mujeres. En ambos casos, coinciden varios factores: ambos conjuntos son de Euskadi, están liderados por mujeres en las oficinas y las dos técnicas están vinculadas al proyecto desde sus comienzos y han crecido con él hasta la élite

Azu Muguruza

Azu Muguruza

San Sebastián, 1968
Entrenadora de IDK Euskotren

Muguruza jugaba de base

Mientras jugaba, comenzó a entrenar a niños más pequeños

Estudió Ciencias del Deporte y la Actividad Física para estar mejor preparada para enseñar baloncesto.
Siempre tuvo el básquet entre ceja y ceja


“Al principio, mi intención era entrenar en niveles formativos”, cuenta. Pero se hizo cargo en 1993 del equipo de la Universidad del País Vasco y, a base de éxitos, el proyecto no paró de crecer y profesionalizarse. En 2007 consiguen el ascenso a la categoría de plata. “Ahí me dije: debo seguir. Confiaron ciegamente en mí, a pesar de las dificultades de ser madre y trabajar por las mañanas en un colegio”. Se sacó el título superior ese año, en la misma promoción que la exinternacional Mar Rovira. Solo eran siete u ocho mujeres entre los cientos de candidatos. En 2013 ascendieron a la Liga Femenina Endesa, donde están cada vez más consolidadas. “El básquet ocupa mucho tiempo y espacio en mi cabeza, estoy, como todo el club, en constante evolución en todos los aspectos: tácticos, tecnológicos…”. Ha sido dos veces galardonada como mejor entrenadora de España, en las temporadas 14/15 y 16/17.

Hacia la igualdad

“El camino a la igualdad es una mezcla de muchísimas cosas. La primera, creernos nuestro propio trabajo nosotras, afrontarlo con profesionalidad desde la base. Una mayor visibilidad ayudaría a seguir eliminando barreras. Se nos tiene que conocer para que más chicas se animen y para que los que suenen en los banquillos no sean siempre los mismos nombres”

Madelén Urieta

Madelén Urieta

Amurrio, 1981
Entrenadora de Kutxabank Araski

Urieta jugaba de ala pívot o pívot

Empezó a jugar con 14 años, el panadero de su barrio la fichó para su club. Y, con 15, ya entrenaba a chicos menores

Como jugadora llegó a Primera Nacional. Compitió en la cancha contra el equipo entrenado por Muguruza


Con 25, Urieta compaginaba su labor de diseñadora gráfica con la dirección técnica de dos equipos. Entrenaba un tercero en funciones de asistente, para aprender de otros técnicos.“Llegó un momento en que debí elegir. Y donde era feliz era en la cancha”, confiesa Urieta, que ligó su destino al club Araski, del que fue cofundadora, en el que ejerce como vicepresidenta y donde ha desempeñado labores hasta de directora deportiva: “no sabía cuánto cobraban las jugadoras ni conocía a los agentes. Aquí hemos crecido todos juntos”. En 2012 se sacó el título superior de entrenadora. “He ido aceptando todos los retos, aprendiendo de gente como ahora Lucas Mondelo [seleccionador nacional], fijándome no en las dificultades o en si alguien lo había logrado, sino en dónde quería estar. No paro de formarme: mi forma de desconectar es ver un clínic de baloncesto”. Ha sido dos veces galardonada como mejor entrenadora de la competición, la última en 2019.

Hacia la igualdad

“En la baraja habitual de entrenadores faltan cartas. Todo pasa por que se nos dé oportunidades. Hacen falta más mujeres en lugares de decisión. Lo más bonito es cuando una niña te espera a la salida de un pabellón y te dice: ‘quiero ser entrenadora como tú”.

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