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La vida de Miriam de Ungría cinco años después de la muerte de Kardam de Bulgaria

Hace cinco años Miriam de Ungría perdió a su marido, Kardam de Bulgaria, hijo de Simeón II a causa de las secuelas producida por un accidente de tráfico ocurrido en 2008. Era el heredero al trono de un país que carece de monarquía y también un personaje muy querido por la alta sociedad española. De Ungría estuvo pendiente de los cuidados de su esposo hasta el día de su fallecimiento. Años después de enviudar dio un cambio radical a su vida: hizo las maletas y se mudó a Londres, donde se ha centrado en su firma de joyas, MdeU, y vive cerca de sus hijos, Boris y Beltrán.

“No es una huida, es una manera de seguir adelante. En su momento vivía a las afueras de Madrid y me fui a vivir al centro, tampoco fue una huida sino un nuevo capítulo en el libro de la vida. Y ahora ese otro capítulo es estar en Londres”, explicó a la revista ¡Hola! en 2018 sobre este importante paso. En la capital británica estudian sus hijos. El mayor, Boris, tiene 22 años y habla cuatro idiomas: español, francés, inglés y un poco de búlgaro, además de tocar la guitarra. El pasado mes de julio obtuvo su título en la escuela londinense de Bellas Artes de Wimbledon. Todo un orgullo para su madre, como evidenció en su perfil de Instagram, donde cuenta con más de siete mil seguidores.

Boris de Bulgaria es quien actualmente ostenta el título de príncipe de Tírnovo y, por tanto, heredero de un trono inexistente. Sin embargo, la corona no es algo que preocupe a su madre: “En Bulgaria no hay monarquía y Boris tiene que centrarse en lo que va a ser su futuro profesional inmediato. […] Él no tiene ninguna función ejecutiva de ningún tipo y aunque ostenta los derechos dinásticos del trono de Bulgaria, eso no significa nada más en su día a día que portarse como tiene que portarse”.

El pequeño, Beltrán, que cumplió 21 años el pasado marzo, es totalmente opuesto a su hermano. Mientras Boris es más creativo, el menor tiene una mente más analítica y por eso estudia Física. “Solo escucha cosas sobre mis diseños cuando se los enfoco a partir de la composición química de los metales, entonces ahí sí que presta algo de interés”, contó su madre al diario Abc.

Después de la muerte de su padre, Boris y Beltrán de Bulgaria, que entonces tenían 17 y 16 años respectivamente, cursaron el bachillerato en un internado austriaco para después iniciar sus estudios superiores en el Reino Unido. “Estoy feliz. Llevábamos cinco años separados”, expresó hace dos años Miriam de Ungría a la revista Vanity Fair tras dar sus primeros pasos en el país anglosajón. “Así también hacíamos reagrupación familiar, todo encaja”.

Establecerse en Londres ha permitido a De Ungría, de 56 años, desarrollar su faceta creativa como diseñadora de joyas: “Estoy muy bien en Londres. Desde el punto de vista laboral es una oportunidad muy buena. Allí se mueve todo muchísimo”. Pero no ha dejado de viajar a Madrid para ver a sus familiares y amigos. Lamentablemente, una de sus últimas visitas fue por el fallecimiento de su madre, Carmen López Oleaga, marquesa de Montefalcón, quien falleció el pasado 10 de octubre. Su hija le dedicó el siguiente mensaje en las redes sociales: “Hasta siempre, mamá. Me quedo con tu sonrisa, tus increíbles ojos verdes y nuestras siestas en tu cama, acurrucada a tu lado y sintiendo tu piel, aún maravillosa a los 92 años”.

En el funeral de la marquesa, celebrado a finales de ese mismo mes en la iglesia de los Jerónimos de Madrid, la diseñadora no se separó de su padre, Bernardo de Ungría y Goibarri. A la ceremonia acudieron sus suegros, Simeón de Bulgaria y Margarita Gómez-Acebo, e incluso la reina Sofía y la infanta Elena, pues la familia búlgara mantiene buenas relaciones con la corona española. De hecho, el funeral del príncipe Kardam de Bulgaria permitió ver por primera vez juntos al rey Felipe y a su hermana la infanta Cristina desde la proclamación del actual monarca, distanciados por el caso Nóos.

Antes del fallecimiento de su marido, De Ungría ya se había embarcado en su propia empresa de joyería. Fundó MdeU en 2014 y cuatro años después decidió trasladarse a Londres, una ciudad que aportaba más ventajas para su negocio y donde también se rodea de miembros de la realeza. En mayo de 2019 fue una de las invitadas a la boda de Gabriella Windsor y allí se codea con celebridades como el diseñador Manolo Blahnik.

La princesa es licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en gemología y diseño; además ejerce como tasadora. Empezó a trabajar desde muy joven para diferentes marcas, hasta que hace seis años decidió ponerle su nombre a sus creaciones. Comenzó vendiendo sus productos en El Corte Inglés y poco a poco fue expandiendo su mercado tanto en España como en el extranjero. Uno de sus últimos viajes de trabajo fue a Luxemburgo. “La acogida ha sido espectacular. Gracias a grandes amigos y una gran convocatoria de gente cuyos comentarios me dan la energía para seguir adelante”, escribió en Instagram el pasado diciembre.

Para ella las joyas tienen un potente valor sentimental: “Es el complemento más emocional de un vestuario”. Una de las piezas más valiosas que posee es un colgante con las alianzas de su difunto esposo y la suya, que suele llevar muy a menudo. Los recuerdos de Kardam de Bulgaria siempre permanecerán ahí, pero ella ha sabido superar la adversidad. “No me considero un ejemplo de nada. Creo que soy una privilegiada. Creo que he vivido momentos muy especiales. Obviamente ojalá no hubiese pasado nada, pero ha sido un recorrido que te hace vivir y madurar”, explicaba a una publicación española hace un par de años.

De Ungría defiende que la notoriedad de sus progenitores —Bernardo de Ungría y Goibarri llegó a presidir el Colegio Heráldico de España— y su posterior enlace con el príncipe búlgaro en 1996 no han supuesto un aliciente para su exitosa carrera como diseñadora. “Llevo en esta profesión 27 años y mis joyas siempre han llevado mi nombre, aunque trabajara para otros. No conocía ni siquiera al que luego fue mi marido cuando empecé, y cuando emprendí en solitario no me puse mi nombre de casada, Miriam de Bulgaria, porque para mí era tirar por la borda muchos años de profesión”, declaró a Abc. Para ella el prestigio de su firma reside en el esfuerzo: “La frase de Picasso de ‘cuando llegue la inspiración, que te pille trabajando’ está muy manida pero es muy cierta. […] Yo creo en el trabajo y el conocimiento, pero no en la inspiración. Creo en esa mezcla de ideas que tienes en la cabeza que se basa en lo que ves mientras estudias, viajas, visitas una exposición… Básicamente, en lo que ves en tu día a día”.

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