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La UEFA indemnizará a Bilbao

La Eurocopa se marchó de Bilbao por la puerta pequeña, casi a escondidas, pero la UEFA abonará la factura que dejó sin pagar, y además compensará a la ciudad con dos finales europeas en los próximos años. Tal vez el negocio no sea redondo, pero a la vista de que en La Cartuja, la asistencia de visitantes foráneos será limitada por las restricciones que impone la pandemia, los responsables políticos de la ciudad se muestran más que satisfechos por la negociación que han llevado a cabo con el organismo europeo, y que se sustancia en la devolución de 1,3 millones de euros, lo que Bilbao había gastado hasta el momento de la ruptura preparando el evento, y dos finales europeas, una de Liga Europa y otra de Champions femenina. A expensas de qué equipos alcancen dichas finales, y posiblemente sin restricciones pandémicas en el horizonte, más allá de 2023, ya que en 2022 la final de la Liga Europa será en Sevilla y al año siguiente, en Budapest, la afluencia de visitantes a un solo partido podría ser mayor que a cuatro de la Eurocopa con restricciones.

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El alcalde de Bilbao, cuyo ayuntamiento difundió la información que se ratificará en la próxima reunión de trabajo de la UEFA, se mostró muy satisfecho por el acuerdo: “Hemos trabajado en una doble dirección”, apuntó Juan María Aburto, de baja por una intervención quirúrgica cuando La Cartuja desbancó a San Mamés. “Conseguir por un lado el resarcimiento económico, recuperar los gastado, y por otro tener en cuenta que Bilbao es una ciudad atractiva para la celebración de nuevos eventos». La capital vizcaína también ha conseguido que el Tour de Francia de 2023 salga de sus calles.

La UEFA ha preferido no verse frente a los tribunales. El Ayuntamiento, la Diputación de Bizkaia y el Gobierno vasco presionaron mediante el estudio de medidas legales, a las que, finalmente, no tendrá que recurrir, por la disposición del organismo futbolístico a llegar a un acuerdo. “Dijimos que íbamos a defender los intereses de la sede Bilbao y lo dijimos desde el mismo momento en que la UEFA decidió de manera unilateral romper el contrato”, asegura Aburto. “Las instituciones vascas han negociado estas semanas con la UEFA, mientras preparaban una demanda judicial por incumplimiento unilateral del contrato”, explica la nota conjunta de las tres administraciones vascas implicadas en el asunto.

El Gobierno vasco propuso unos requisitos sanitarios muy estrictos para que las gradas de San Mamés pudiesen albergar al menos a un tercio de su aforo. La UEFA pedía que hubiera gente en las gradas y entendía que los requerimientos del departamento de Salud impedían, en realidad, la entrada de público. La consejería vasca pedía que el 60% de la población vasca y española estuviese ya inmunizada, que la ocupación hospitalaria por Covid fuese inferior al 8% en Euskadi, la ocupación de camas UCI menor al 2% y la trazabilidad de los casos de más de un 90%. Esos datos todavía no se han alcanzado en el País Vasco con la competición a punto de comenzar. Bilbao no tenía, como Munich, que tampoco garantizaba la presencia de público, el comodín de la Superliga al ser el Bayern uno de los grandes aliados de la UEFA en contra de la competición promovida por algunos de los grandes clubes europeos. Finalmente, las autoridades alemanas permitieron, hace una semana, la presencia de 12.000 aficionados en el Allianz Arena, al mejorar las condiciones sanitarias.

En Sevilla, con aforo limitado a 15.000 personas, a las que después de diversas vacilaciones se les ha eximido de la presentación de una prueba PCR para acceder a La Cartuja, la previsión de impacto económico en la ciudad es de 61 millones de euros, muy inferior a la que se esperaba en Bilbao, en condiciones normales, cuando la pandemia no había aparecido.

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