Internacional

La UE intenta liderar el esfuerzo para coordinar la búsqueda global de una vacuna

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante un acto en Bruselas, este mes.La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante un acto en Bruselas, este mes.POOL New / Reuters

La Unión Europea, criticada en los momentos iniciales de la emergencia sanitaria por la falta de una respuesta rápida y coordinada entre sus socios y atrapada en medio de la pelea entre Washington y Pekín por la gestión y origen del coronavirus, intenta ganar iniciativa política con un plan conjunto en el ámbito global para financiar una vacuna. Las autoridades comunitarias quieren poner el planeta a cooperar desde ya para hallar una solución lo antes posible. Y que el remedio esté disponible para todos sin restricciones como su alto precio. Mientras Estados Unidos y China libran una cruenta carrera investigadora para ser los primeros en hacerse con ella, Bruselas apuesta por una vía multilateral prácticamente inexplorada hasta ahora: este lunes ha empezado la conferencia de donantes auspiciada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con el objetivo de recaudar 7.500 millones de euros para financiar el trabajo de organizaciones dedicadas a la búsqueda de vacunas y tratamientos.

El despliegue de medios para animar a países, organizaciones internacionales, instituciones financieras, empresas o fundaciones a rascarse el bolsillo está a la altura del que se considera como el mayor desafío global tras la Segunda Guerra Mundial. A través de la pantalla han ido desfilando, uno a uno, los primeros ministros de Francia, Alemania, España, el Reino Unido, Turquía o Israel, entre otros muchos países, para informar del dinero que insuflarán a la caja común. En el acto, moderado por Von der Leyen, también han intervenido el secretario general de la ONU, António Guterres,, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, o representantes de Arabia Saudí, el país que preside el G20.

Las instituciones comunitarias quieren coordinar la búsqueda de la vacuna y evitar que se repitan momentos como los de marzo, cuando la falta de una respuesta clara y rápida llevó a más de un Estado a actuar por su cuenta en el aprovisionamiento de bienes sanitarios como mascarillas y respiradores, e incluso el cierre de fronteras. La iniciativa de este lunes sirve, además, para potenciar el mensaje de la importancia del multilateralismo en un momento en el que está más cuestionado que nunca.

La ausencia más llamativa ha sido la de Estados Unidos. Si bien los precedentes, con la retirada de su aportación a la Organización Mundial de la Salud, ya hacían albergar pocas esperanzas de que se uniera a la conferencia de donantes. A seis meses de la cita electoral que marcará su devenir político, Donald Trump ha eludido adentrarse en una iniciativa global confiado en la capacidad de su industria farmacéutica para lograr resultados por sí misma. El domingo por la noche aseguró, ignorando la prudencia que demandan los expertos, que su país contará con la vacuna “a finales de año”.

Von der Leyen peleó para que sí estuviera China, llamada incluida a su primer ministro, Li Keqiang. Pekín ha accedido finalmente a participar, aunque con una representación de más bajo nivel que otras potencias, a través de su embajador ante la UE.

El Ejército chino dirige ahora mismo uno de los proyectos más avanzados para hallar un inyectable eficaz para tratar de contener la pandemia. Pero mientras las dos grandes superpotencias del planeta ponen sus laboratorios a trabajar a pleno rendimiento, Bruselas busca soluciones conjuntas que rompan la dinámica de bloques a Este y Oeste. Y ha sido la primera, por boca de la propia Von der Leyen, en anunciar el importe de su donación: aportará 1.000 millones de euros.

“El coste de quedarse de brazos cruzados sería mucho mayor, en vidas y recursos”, afirmó el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en el pistoletazo de salida a la maratón mundial de financiación. En la actualidad hay 70 vacunas en desarrollo, y tres de ellas han empezado ya los ensayos. La gran preocupación, vista la agria pugna por hacerse con los limitados stocks de mascarillas, cuyas exportaciones se restringieron en algunos casos y su precio se disparó en medio de la especulación, es que suceda algo similar una vez la vacuna esté lista, con los países menos desarrollados, especialmente los africanos, como eventuales grandes perdedores por sus menores recursos para competir en el mercado. “No solo se juzgará con cuánta rapidez se produce, sino con cuánta rapidez la distribuimos”, ha alertado el representante de la OMS.

Por parte de la ONU, Gutérres advirtió de que será necesario reunir al menos cinco veces la suma que la comunidad internacional se ha marcado como objetivo “para llegar a todas las personas en todos los lugares”. La conferencia de donantes no solo contabilizará dinero nuevo para utilizar a futuro, sino también inversiones ya realizadas semanas atrás. “No siempre hemos colaborado multilateralmente como habría deseado. Hoy ha llegado la hora de la esperanza”, ha señalado la canciller alemana, Angela Merkel, la segunda tras Macron en comparecer. El presidente francés dijo que la contribución de su país será de 500 millones de euros. Pero las contribuciones han sido dispares: Polonia, Hungría, Eslovaquia y Republica Checa solo darán 750.000 euros cada una.

El desfile de primeros ministros coincidió en la idea expresada por el primer ministro canadiense. “Nos hallamos ante una crisis mundial que requiere una respuesta mundial”, resumió Justin Trudeau, quien mostró su temor a que sean los países con más recursos los que capitalicen el éxito de la futura vacuna. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que España sumará otros 125 millones de euros al dinero ya comprometido semanas atrás. Sánchez evocó tres puntos fundamentales para afrontar la crisis: justicia social, ciencia y colaboración del conjunto de la humanidad.

El modo en que se comercializará el remedio preocupa, pero antes que eso, cada día que se adelante el hallazgo de la vacuna se mide en vidas salvadas y puntos de PIB no destruidos. Por eso, el primer ministro británico, Boris Johnson, que ha sufrido la enfermedad en sus propias carnes, llamó a no caer en egoísmos nacionales. “No es una competición entre países, sino una empresa compartida”.

Numerosas incógnitas planean sobre el acceso a la sustancia más ansiada por el planeta. ¿Cómo manejarán la situación China o Estados Unidos si son ellos los primeros en obtener la vacuna? Los representantes de una parte importante de la humanidad apuestan por suprimir cualquier barrera al acceso universal al fármaco.

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