Internacional

La UE celebra una cumbre extraordinaria para cerrar filas contra Lukashenko

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en una intervención este julio, en Bruselas.
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en una intervención este julio, en Bruselas.POOL New / Reuters

Alexandr Lukashenko ha logrado concitar la unanimidad de la Unión Europea. En su contra. Los 27 socios tienen previsto cerrar filas este miércoles a favor de una transición democrática en Bielorrusia durante una cumbre extraordinaria, por videoconferencia, convocada por el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. La cita, a las doce del mediodía, llega después de que los ministros de Exteriores de la UE acordaran el pasado viernes, también por unanimidad, imponer sanciones contra los dirigentes bielorrusos a los que se considera responsables de la manipulación de las elecciones del 9 de agosto y de la violencia contra las manifestaciones en protesta por el presunto pucherazo electoral.

La política exterior de la UE siempre está llena de salvedades, fruto de los intereses de cada uno de sus socios, pero en el caso de Bielorrusia nadie parece dispuesto a romper una lanza por Lukashenko. Bruselas, después de un lustro de tolerancia con su régimen, quiere visualizar este miércoles, al más alto nivel, la ruptura con el calificado como “último dictador de Europa”.

La cumbre europea se celebra 10 días después de que Lukashenko se proclamase vencedor, con el 80% de los votos, en las elecciones generales celebradas el 9 de agosto. Un resultado que la UE se niega a reconocer y que desencadenó las protestas en numerosas ciudades bielorrusas y la huida al exilio en Lituania de la principal líder de la oposición, Svetlana Tijanóvskaya. “Las elecciones no fueron libres ni justas”, asegura Michel en la carta de invitación a los líderes europeos para asistir a la videoconferencia de este miércoles. Michel, recogiendo el sentir de las capitales europeas, aboga por resolver el conflicto en Bielorrusia mediante “un diálogo pacífico e inclusivo”.

Fuentes comunitarias apuntan a una mediación internacional, una vía que podría pasar por la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). La presidencia de la OSCE, ocupada este año por Albania, ya se ha ofrecido para facilitar un diálogo que evite una escalada de tensión en Bielorrusia.

La cumbre europea también reclamará que los bielorrusos decidan libremente su futuro, sin injerencias extranjeras. Una autonomía que parece, como mínimo, en entredicho. Este martes en vísperas de la reunión, hasta tres líderes europeos -Michel, Angela Merkel y Emmanuel Macron- se entrevistaron telefónicamente con el presidente ruso, Vladímir Putin para abordar la situación de Bielorrusia.

La UE y Rusia se miran de reojo y temen que la otra parte intente sacar provecho de la inestabilidad de Lukashenko. Los comunicados del Kremlin sobre las conversaciones con los líderes europeos reflejan la desconfianza reinante y una clara gradación en la posibilidad de entendimiento o en el riesgo de choque.

El diálogo más duro fue con Michel, al que Putin “expresó su preocupación por los intentos de presionar al liderazgo bielorruso y desestabilizar la situación”. Con el presidente del Consejo Europeo, según la versión rusa, se habló claramente de “evitar un escenario de confrontación”. Con la canciller alemana se alertó sobre “una escalada de la crisis que sería inaceptable”. Y la conversación fue mucho más fluida con el presidente francés, a juzgar por la interpretación de Moscú. Con Macron solo se mencionó que sería “inaceptable” ejercer presión sobre Minsk y se apostó “por una pronta resolución del problema”.

Fuentes francesas también indicaron que su prioridad es buscar una solución dialogada. París parece aceptar que, en todo caso, deberá tomar en cuenta la posición de Rusia. El equipo de Michel enfatizó que durante la conversación con Putin se subrayó la irregularidad de las elecciones en Bielorrusia, la violenta represión posterior y la necesidad de que los bielorrusos elijan libremente su futuro.

El futuro de los bielorrusos, sin embargo, pasa en cierto modo por Moscú o por Bruselas. Algunos analistas señalan que, a diferencia de la crisis de Ucrania en 2014, provocada en parte por el acercamiento de Kiev a la UE, lo sucedido en Bielorrusia responde mayormente al hartazgo de la población con el régimen de Lukashenko. La pandemia de la covid-19 y la crisis económica habrían espoleado aún más el deseo de cambio.

Pero esa interpretación no es incompatible con la evidente pugna geoestratégica en una de las fallas del escenario entre la UE y Rusia. Bielorrusia tiene grandes lazos económicos y políticos con Moscú, pero también históricos con algunos socios de la UE, como Polonia y Lituania.

Para Putin, Bielorrusia es la pieza más occidental de la Unión Económica Euroasiática, el remedo del mercado común europeo que Moscú promueve sin demasiado éxito. Durante el último lustro, el dirigente bielorruso se había distanciado abiertamente de algunas de las políticas de Putin, con la invasión rusa de Crimea como uno de ellos puntos más bajos de su relación.

Bruselas aprovechó el hueco y potenció la relación con Minsk dentro del llamado Partenariado Oriental de la UE, un marco de relaciones del que también forman parte otras áreas de fricción con Putin como Ucrania, Moldavia, Georgia o Armenia. “El pueblo de Bielorrusia tiene derecho a decidir su propio futuro”, resume Michel en su convocatoria de la cumbre. “No debe haber interferencias externas”, añade el presidente del Consejo Europeo, palabras casi idénticas a las expresadas por el Kremlin. Con Bielorrusia en medio.

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