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La tentación de una escapada al Golfo llega a Israel

La sede del Ayuntamiento de Tel Aviv, iluminada el día 13 con los colores de la bandera de Emiratos.
La sede del Ayuntamiento de Tel Aviv, iluminada el día 13 con los colores de la bandera de Emiratos.JACK GUEZ / AFP

Muy pocos israelíes pueden viajar al golfo Pérsico. Solo deportistas de élite y algunos hombres de negocios con doble nacionalidad (y pasaporte). O espías, como el jefe del Mosad, Yosi Cohen, que el martes se reunió en Abu Dabi con el consejero de seguridad nacional de Emiratos Árabes Unidos, el jeque Thanun Bin Zayed Al Nahyan. El acuerdo de normalización de relaciones entre el Estado Judío y la federación de principados del Golfo anunciado el jueves ha acelerado el acercamiento entre los dos países, que mantienen velados lazos de cooperación económica y de seguridad desde hace más de dos décadas, mediante el estreno de conexiones telefónicas directas y la firma de contratos empresariales bilaterales en los últimos días.

Surfeando la ola de popularidad que le ha reportado el logro diplomático –apadrinado por la Casa Blanca–, el primer ministro Benjamín Netanyahu aprovechó el lunes una visita al aeropuerto Ben Gurion para anunciar la buena nueva a los israelíes. “Estamos trabajando para establecer vuelos directos entre Tel Aviv y Dubái a través de Arabia Saudí”, adelantó ante la prensa. “Serán vuelos cortos; como viajar a Roma, unas tres horas [en realidad son cerca de cuatro]”, aseguró.

Mientras el director del Mosad ultimaba en Emiratos los detalles para la normalización de relaciones, la agencia de viajes Kishrey Teufa anunciaba en Israel la puesta a la venta de paquetes turísticos con estancias en la cadena de hoteles de lujo Rixos en Dubái y Abu Dabi. La oferta vacacional ha sido lanzada ante las próximas festividades judías de otoño, como el Sukot (fiesta de las cabañas o tabernáculos), en octubre. Los viajeros, sin embargo, tendrán que volar a través de Estambul con Turkish Airlines (al menos ocho horas de duración, incluida la escala de conexión) y contar con “permiso de entrada en Emiratos”, es decir, un segundo pasaporte no israelí, algo relativamente habitual en el Estado hebreo. Las autoridades de emiratos también exigen en la actualidad un análisis PCR negativo de la covid-19.

La apresurada carrera por una primera escapada turística al Golfo y a sus centros comerciales de las mil y una noches tienta a muchos israelíes, que hasta ahora solo pueden volar directamente a dos países árabes vecinos. Royal Jordanian mantiene uno de los vuelos más cortos del mundo entre Tel Aviv y Amán (ciudades separadas en línea recta por apenas 110 kilómetros) para alimentar sus conexiones internacionales. La compañía de bandera de Egipto también enlaza con El Cairo, pero Egypt Air se disfraza en Israel con los colores de una desconocida Air Sinai. El-Al dejó de volar a la capital egipcia después de la revolución de la ‘primavera árabe’.

Netanyahu insiste en fijar un corredor aéreo directo entre Ben Gurion y los aeropuertos de Emiratos a través de los espacios aéreos jordano y saudí para poder estrechar los contactos con el tercer país árabe con el que Israel establece relaciones. Hay algún problema. Desde 2018, Arabia Saudí permite a la compañía Air India sobrevolar su territorio en el trayecto Nueva Delhi-Tel Aviv, pero ante el veto de Riad, los aviones de El-Al se ven obligados a dar un largo rodeo por el mar Rojo que alarga tres horas más la misma ruta.

La ensoñación de un nuevo destino turístico regional de compras de lujo parece haber calado hondo en Israel. “Será más barato que viajar a París”, sostiene en el diario económico Globes Rosen Carasso, presidente del operador israelí Insta Holidays, “pero solo podrá atraer el turismo de invierno: en verano se superan los 50 grados en el Golfo”.

La compañía Israir ya ha iniciado el proceso para obtener un permiso de vuelo directo con Emiratos Árabes Unidos. El director de la línea aérea, Uri Sirkis, ha asegurado a la prensa hebrea que se trata de un “destino muy atractivo, con potencial entre los viajeros israelíes de negocios y turismo”. Las compañías Emirates (con base en Dubái) y Etihad (en Abu Dabi) ofrecen además una importante red de conexiones internacionales, según destaca el responsable de Israir. Desde Dubái, un portavoz de la cadena hotelera Al Habtur reconoce a Reuters que se han iniciado conversaciones con la compañía aérea israelí, pero advirtió de que aún es demasiado pronto para hablar de un acuerdo.

Frente a la querencia de los israelíes a salir de su aislamiento regional, la realidad geopolítica marca los tiempos de Oriente Próximo. Después de haber iniciado sigilosos contactos a mediados de los años noventa, Israel tuvo que esperar hasta 2015 para abrir una oficina de representación en Emiratos, en el marco de una organización internacional amparada por Naciones Unidas. Además de periodos de acercamiento entre ambos países, también se han producido sonadas rupturas. La operación en la que un grupo de agentes del Mosad asesinó en 2010 en un lujoso hotel Dubái al líder de Hamás Mahmud al Mabhuh enfrió al máximo las relaciones bilaterales. Durante años, los israelíes no pudieron viajar al Golfo. Ni con su segundo pasaporte extranjero.

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