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La solidaridad activa de Brigitte Macron durante su confinamiento

Desde el escándalo que provocó su fotografía paseándose la soleada tarde del domingo 15 de marzo por las orillas del Sena entre cientos de parisinos, a pesar de que ya saltaban las alarmas por la epidemia de coronavirus y que dos días más tarde su marido y presidente de Francia, Emmanuel Macron, decretaría el confinamiento nacional, no se ha vuelto a ver en público a Brigitte Macron. Pero que la primera dama cumpla ahora estrictamente el confinamiento —que aunque su entorno diga que le cuesta es, sin duda, menos duro que para muchos otros parisinos que no gozan del majestuoso palacio del Elíseo y su estupendo jardín— no quiere decir que esté mano sobre mano estos días. Además de intercambiar impresiones con otras primeras damas del mundo, la esposa del mandatario francés se ha implicado fuertemente en la recaudación de fondos para luchar contra el coronavirus, que ya ha causado más de 10.000 muertos en este país.

“Brigitte Macron, que permanece en el Elíseo sin realizar desplazamientos, se dedica exclusivamente a su fundación y a sus necesidades”, dijeron fuentes de su entorno a la Agencia France Presse. El pasado junio, Macron recogió el testigo de otra primera dama, Bernadette Chirac, y desde entonces preside la Fundación Hospitales de París-Hospitales de Francia, dedicada desde su creación en 1989 a “mejorar la calidad de vida de los niños, de los adolescentes y de las personas mayores hospitalizadas”. Cuando estalló la crisis del coronavirus en Francia, a mediados del mes pasado, esta fundación creó un fondo de emergencia para “financiar rápidamente las necesidades de hospitales y residencias de la tercera edad”. Según anunció la semana pasada, ya ha reunido 15 millones de euros. Con la nada desdeñable ayuda de Brigitte Macron, que ha tirado de agenda para lograr donaciones. Su teléfono echa humo, de acuerdo con lo que dice su entorno a los medios.

Según el diario Le Parisien, entre los que han recibido una llamada desde el “ala madame” del Elíseo, como se conoce al espacio dedicado que tiene Brigitte Macron en el palacio presidencial, están los cantantes Patrick Bruel y Calogero, así como el futbolista Florian Thauvin del Olympique de Marseille —el equipo de los amores de su marido— o las estrellas francesas de YouTube McFly y Carlito.

Sin embargo, esta acción caritativa le ha provocado algún que otro disgusto a Brigitte Macron y su equipo. Como cuando la estrella de la telerrealidad franco-suiza Nabilla Benattia publicó en su cuenta de Instagram, donde tiene más de cinco millones de seguidores, el momento en que la primera dama francesa la llamó para agradecerle personalmente los 10.000 euros que había donado al fondo de su fundación… y no solo hizo pública una conversación privada, sino que además dejó ver el número de teléfono del Elíseo.

A pesar de ello, Brigitte Macron sigue trabajando “los siete días de la semana”, como dijo en un mensaje de su fundación. De hecho, afirma la revista Elle, durante el día, la primera dama apenas sale de su oficina. Solo cuando son varias personas cambia de sala —igual que hace su marido con las reuniones con su gabinete— para poder mantener el metro de distancia recomendado. Y aunque suele comer en su oficina, cuando toca celebrar algún almuerzo de trabajo más numeroso también se hace en una sala más amplia, el Salón Paulin, que tiene “una mesa más amplia” y en vez de ofrecer un bufete del que cada uno picotee lo que quiera, ahora toca menú de plato, que es “más higiénico”, revela la publicación.

Brigitte Macron también encuentra tiempo para hablar con otras primeras damas. El viernes pasado recibió la llamada de la estadounidense Melania Trump, con quien acordó “seguir en contacto en los próximos días y semanas mientras Francia y Estados Unidos trabajan juntos para derrotar a la pandemia de Covid-19”, como informó la Casa Blanca en un comunicado. Y también para dedicarse más a su familia. Aunque para Brigitte Macron es duro estar confinada —en los casi tres años que lleva en el Elíseo se ha acostumbrado a dar largos paseos por la ciudad junto con sus colaboradores—, para tomarle el pulso a la ciudad y la ciudadanía dice que tener que limitar sus movimientos, como lo ha hecho también el propio presidente, tiene sus ventajas. “Está inquieta”, dijo un amigo a Le Parisien, “pero también muy contenta de tener a su marido todas las tardes en casa”.

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