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La pasarela de Milán lucha por reinventarse

Seguir adelante como si nada hubiese pasado no es posible. Tras el confinamiento y en medio aún de la pandemia, la industria textil italiana apuesta por volver a empezar. Restart [recomenzar ]fue uno de los conceptos más repetidos durante la semana de la moda de Milán, que terminó el domingo. Se trata de la primera celebrada tras la aparición de la covid en Europa, que enseñó precisamente sus garras coincidiendo con la edición de febrero. Entonces, Giorgio Armani fue le primer diseñador en organizar su desfile a puerta cerrada. Siete meses después, solo 20 de las 61 marcas que mostraron sus colecciones lo hicieron de forma presencial y con público. Algunas de las más poderosas, como la propia Armani, Prada o Versace, cambiaron a un formato digital semanas antes de que arrancase pasarela, donde se sintió -y mucho- la ausencia de medios y compradores asiáticos y estadounidenses. Pero suspender la cita estaba fuera de cuestión. La moda es la segunda industria más importante en Italia después de la automoción, y da empleo directo a más de 600.000 personas. Durante el primer semestre de 2020, su facturación cayó un 30% con respecto al mismo periodo de 2019; las exportaciones, un 28,6%. Según el informe de la Camera Nazionale della Moda que recoge estos datos, es el sector manufacturero que más pérdidas ha sufrido.

Ante este escenario, lo que las marcas plantearon sobre la pasarela no fueron solo colecciones sino respuestas frente a esta nueva, cambiante e impredecible realidad. Al menos, las más inteligentes, con Prada a la cabeza. “En un momento de gran complejidad, ¿Qué es lo que realmente importa? Nosotros queremos crear algo que tenga sentido, que sea útil. Todo lo que hacemos debe permitir a la gente vivir mejor”, defendía Miuccia Prada tras presentar su primer trabajo junto a Raf Simons, codirector creativo de la enseña desde hace seis meses. La colección, tan esperada como temida por los fans de la marca, estuvo a la altura de la suma de ambas reputaciones. Prada y Simons, dos de los diseñadores contemporáneos más relevantes, esquivaron con éxito la lucha de egos e hicieron alarde de su capacidad para pulsar e intelectualizar los deseos del consumidor. El resultado es, en palabras de Prada, un uniforme que “ayuda a expresarse pero en el que no se tiene que pensar”: gabardinas y abrigos en tejidos ligeros que envuelven el cuerpo como un chal, faldas con una estructura de plisados casi arquitectónica y cinturas deportivas, sudaderas estampadas y unos zapatos tipo mule que hacen agitarse de impaciencia a las tarjetas de crédito dentro de sus carteras. Todas las modelos eran debutantes. Por si no había quedado claro que la marca (y el mundo) se encuentra ante un nuevo comienzo.

Bajo una mirada actual también quiso revisitar su legado estético Giorgio Armani. El italiano reinterpretó, una vez más más, sus pantalones étnicos, chaquetas rectas sin solapas y americanas masculinas desestructuradas. Y lo hizo en tejidos envolventes que parecían querer abrazar a quien los viste. Todo salpicado por estampados dinámicos y piezas de noche en pedrería bordada. Un apunte: mientras diseñaba esta propuesta, según contó el sábado, se produjo la muerte de su mascota: un gato llamado Ángel.

Para presentar este trabajo, el creador de 86 años volvió a elegir un desfile grabado en vídeo que fue emitido a través de sus redes sociales y de una televisión nacional. “Echo de menos salir a saludar al público, llevo cuarenta años haciéndolo, pero no sabemos cuando volveremos a la fórmula presencial. Lo que si sé es que la emoción que produce ver en directo el movimiento de un vestido sobre el cuerpo de una mujer no puede ser sustituido por ningún vídeo o foto”, argumentaba Armani que, de momento, no tiene claro cómo mostrará su colección de alta costura en enero, aunque adelanta que no lo hará en París, como era habitual.

En esa senda de líneas sencillas y prendas contundentes se inscriben también, con distinta suerte, Sportmax, Boss y Drome. La primera, celebrando con acierto y delicadeza los tejidos técnicos y las siluetas ceñidas de los noventa en una suerte de rave de lujo; y la segunda, ahondando en los códigos minimal y deportivos por los que es conocida. La propuesta de Drome, definida por piezas de cortes limpios en piel y punto, transmitía más esfuerzo que ambición. En el extremo opuesto, Versace facturaba, a través de una fantasía marina, una oda al color, la alegría y los estampados barrocos seña de identidad de la casa.

“Es el momento de ser creativos y arriesgar. Refugiarse en lo que siempre ha funcionado, en lo seguro, ya no es posible, porque nuestras certezas y todo lo que dábamos por sentado hace siete meses ha cambiado”, esgrime Lorenzo Serafini, director creativo de Philosphy. Él, como tantos otros, ha redescubierto el lujo de la naturaleza “y los pequeños placeres” en el confinamiento y plasma esa nueva necesidad en una colección femenina, campestre y articulada en torno a las superposiciones.

O un desfile tradicional con público o algún formato multimedia. Las firmas participantes en la semana de la moda de Milán optaron por una de estas dos alternativas para presentar sus colecciones de primavera-verano 2021. Todas, excepto Salvatore Ferragamo, que en un alarde de músculo económico y creativo decidió apostar por ambas. Encargó al director Luca Guadagnino, autor de Call me by your name y Io sono l’amore, la realización de un fashion film de atmósfera inquietante y hitchcoktiana que se estrenó minutos antes de que comenzase su desfile. En la Rotonda della Besana, el director creativo de la firma, Paul Andrew, mostró una concisa colección de hombre y mujer donde la exquisita paleta de colores flúor vestía monos deportivos, parkas encordadas y vestidos rectos de cuero, además de insinuantes piezas de plumas que se mecían al paso de las modelos. Las sandalias de tiras robaron todo protagonismo en la categoría de complementos de esta firma florentina famosa por su calzado.

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