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La odisea de los refugios de animales durante el temporal Filomena

El temporal Filomena ha cubierto de blanco gran parte del país. Más allá de las imágenes de alegría y diversión, los problemas están siendo numerosos. Las protectoras de animales se cuentan entre los sectores afectados, ya que han visto en riesgo la seguridad de sus habitantes, bien porque sus instalaciones han quedado afectadas o inaccesibles, o bien porque han tenido que reubicar a los animales. Hemos hablado con seis refugios sobre las consecuencias de la borrasca en sus centros y nos han contado cómo están trabajando en la protección de los animales.

Aves sepultadas por la nieve

En Brinzal, un Centro de Recuperación de rapaces nocturnas en la Casa de Campo de Madrid, se encontraron con una situación desastrosa el sábado 9 de enero. Las naves en las que las aves vuelan y se fortalecen durante su rehabilitación se vinieron abajo por el peso de la nieve. Además, otras instalaciones exteriores, como aquellas en las que se encontraban los habitáculos de los animales también estaban afectadas. “Tres de las veintiún jaulas estaban destruidas. Casi todas las aves estaban sepultadas bajo la nieve, y aunque pudimos rescatar a la mayoría, cuatro habían desaparecido”, comenta Alberto Foruny, responsable de comunicación del centro.

De esas cuatro aves, los trabajadores lograron encontrar con vida a un búho. Un cárabo corrió peor suerte y apareció muerto bajo la nieve. Mientras, sigue la búsqueda de las otras dos rapaces. “Hasta que no quitemos toda la nieve no podremos saber cómo están”, explica el experto. Por lo general, estas aves están preparadas para conservar el calor frente a las bajas temperaturas, pero lo peligroso es el peso de la nieve sobre sus cuerpos. Cuando trasladaron a las rapaces a la enfermería y a otras instalaciones vacías del centro, tuvieron que calentarlas con las calefacciones y alimentarlas con rapidez porque llevaban mucho tiempo sin comer.

Poco a poco, la asociación ha ido recuperando la normalidad gracias al esfuerzo de los voluntarios en la retirada de nieve, hielo y escombros. La intención es reconstruir el centro en la medida de lo posible para seguir realizando las tareas de rehabilitación y conservación, así como otras actividades de educación ambiental. Es por ello que esta asociación sin ánimo de lucro, que lleva funcionando desde 1991, ha abierto un espacio de donaciones en la plataforma GoFundMe para tratar de rehabilitar el espacio.

“Los primates no están adaptados a estas temperaturas”

En Rainfer, un centro de rescate de primates ubicado en Fuente el Saz de Jarama (Madrid) desde 1995, lo más difícil ha sido mantener a los animales calientes. “Los primates no están adaptados a estas temperaturas y teníamos miedo a que los sistemas eléctricos o las calderas fallasen”, relata Marta Bustelo, directora general del centro. Para conseguir que los animales no sufrieran por el frío, además del uso de estufas eléctricas, también les proporcionaron mantas y alimentos calientes, como purés, sopas y batidos. Además, tuvieron que proporcionarles botellas de agua porque las tuberías se habían congelado. Otro problema añadido ha sido la falta de alimentos frescos que normalmente les llegaban cada martes, de modo que durante esta semana les están alimentando con legumbres, pasta y otros productos de los que disponen.

Marta Bustelo explica que lo ideal es que los primates se encuentren a unos 22º, pero que los animales mayores suelen necesitar un poco más de calor. De ahí que los cuidadores temieran especialmente por Boris, el orangután más mayor del centro, que sufre enfermedades crónicas respiratorias. “También tenemos un chimpancé, Gombe, que tiene una enfermedad neurológica llamada síndrome de la mano ajena y que de vez en cuando sufre crisis del tipo epiléptico. El hecho de estar tantos días encerrado le ha perjudicado bastante, con crisis más recurrentes, ansiedad y autolesiones. Por suerte, ya hemos podido sacarle, de modo que se encuentra más calmado”, comenta Bustelo a Verne por teléfono.

Uno de los aspectos curiosos ha sido que los primates descubrieran la nieve. Solo han sacado a los más fuertes, ya que existe el riesgo de que se les quemen las palmas. La mayoría se han puesto a jugar o han empezado a comerla, pero ha habido otros que se han asustado y que han vuelto a sus habitaciones.

Halcones a la fuga

En las instalaciones de la FIEB Foundation (Toledo) viven tres voluntarios, por lo que la actuación ante las nevadas fue bastante rápida. Iniciaron un plan de reubicación de los animales para mantenerlos seguros, especialmente la de sus animales tropicales, como los reptiles y las tortugas, menos acostumbrados a fríos tan extremos. “Hemos evitado que muchos sufrieran daños durante la noche del sábado, ya que el techo y las paredes de algunas infraestructuras, como el Centro de Cría y Estudio de Visón Europeo, cedieron por el peso de la nieve”, explica Alejandro Fernández, presidente de la fundación. Sin embargo, los trabajadores no pudieron evitar que dos visones europeos -uno ya ha sido recuperado- y cinco halcones de harris huyeran de sus habitáculos.

Estas cinco aves han sobrevolado el centro durante los últimos días, pero son difíciles de atrapar. Para conseguirlo, los cuidadores han dejado uno de los voladeros abiertos y han diseminado comida por la zona para que se vayan acercando. También han colocado pequeñas trampas -que se cierran cuando el animal coge el cebo- en el entorno de la fundación para recuperar al visón europeo que todavía no ha sido encontrado. “Los visones, aunque son salvajes, están criados en cautividad por lo que no están acostumbrados a cazar. Si no consiguen comida en tres o cuatro días, es probable que acaben muriendo porque la cantidad de nieve les impide que encuentren alimento”, comenta Carmen Aranda, directora del FIEB.

El centro estuvo incomunicado hasta que se despejaron los caminos, de modo que la mayoría de voluntarios no pudieron participar en los primeros trabajos para asegurar la ubicación de los animales. A partir del momento en que las autoridades lograron despejar el camino al centro, en la madrugada del lunes al martes, y la seguridad de los animales ya estaba garantizada, el gran reto fue trabajar con las bajas temperaturas y el cúmulo de nieve y hielo, además de la búsqueda de los animales que aún no han regresado.

Sin leña ni compras

Aunque los voluntarios del santuario Happyland se anticiparon haciendo acopio de útiles básicos y poniendo a salvo a los animales, la magnitud de las nevadas les sobrepasó. En este pequeño refugio de 2017 situado en Alarilla (Guadalajara) aún no han podido ir a la ciudad para recoger leña o hacer la compra. “Nadie se ha acordado de nosotros. Por suerte, el lunes por la noche, Marta, una chica de Guadalajara, nos acercó a la finca una bombona de butano y gracias a ello pudimos cocinar y calentarnos”, explica Mamen Montaño, una de las voluntarias.

Pese a las precauciones para proteger a los animales, los responsables del santuario temen especialmente por diez canarios que necesitan un sitio de acogida urgente, ya que su espacio de vuelo no está en buenas condiciones y no encuentran la manera de reubicarlos. “Los primeros días las aves estaban empapadas. El pavo real, que nunca deja que le cojan, esta vez no opuso resistencia. También fue muy difícil meter a los patos en las cuadras porque son muy cabezones. La mayoría de los animales estaban muy asustados: las cabras temblaban y los gatos estaban inquietos”, comenta también Montaño. También tuvieron que afrontar problemas variados, como el de un perro con quemaduras en las almohadillas por la nieve.

Además del trabajo con los animales, los dos voluntarios que viven en la finca se han visto obligados a trabajar sin descanso para quitar la nieve de los alrededores y del tejado, donde alcanzó un espesor próximo a los ochenta centímetros. “Nuestra finca está en una cuesta muy pronunciada, así que subir y bajar varias veces al día para las tareas básicas ha sido una situación muy peligrosa”, destaca Montaño.

Tuberías congeladas

PeludoSOS es una pequeña protectora y santuario de animales de Salamanca. El temporal les ha supuesto un mayor volumen de trabajo, pero afortunadamente sus animales se han mantenido a salvo. Víctor Cañamero y Eva Benito, los coordinadores de la asociación, viven en la misma finca que los animales, lo que les ha permitido estar más pendientes de sus cerdos, cabras, burros, caballos, patos, ocas y gallinas. Ambos salían a medianoche y a primera hora de la mañana para comprobar el estado de los animales, ya que se han alcanzado temperaturas de -13º. “Los animales que más nos preocupaban eran los cerdos y a los patos porque les gusta dormir fuera. Decidimos poner mucha paja en los espacios que ocupan para que estuviesen más aislados y mantuvieran el calor”, comenta Eva Benito.

Otro problema para esta asociación, que trabaja desde 2013 con animales de granja rescatados, fue la congelación de algunas tuberías, lo que se tradujo en problemas en el suministro de agua para los animales. “Hemos tenido que llevar cubos de agua desde nuestra casa hasta los cheniles para que a los animales no les faltase de nada”, explica la responsable. “Por suerte, estos días hemos tenido comida y combustible suficiente. Quizás la mayor preocupación era no poder ir al veterinario si pasaba algo por los problemas en las carreteras”, añade la coordinadora. Estos problemas hicieron que los voluntarios no pudiesen llegar hasta la protectora durante el fin de semana. Eso sí, la nieve no ha sido un problema para todos, ya que los perros han permanecido ajenos a cualquier problema y han disfrutado corriendo y revolcándose, según nos cuenta Benito.

Alimento a diez kilómetros del refugio

La Fundación Santuario Gaia es un centro de rescate fundado en 2012 que se encuentra en Camprodon (Girona). Aunque están acostumbrados a las nevadas, la magnitud de este temporal ha hecho que las dificultades sean mayores. “Lo esencial era garantizar la seguridad de los habitantes. Por eso, desde el principio colocamos mucha paja y lámparas de calor en los boxes para que mantuvieran la temperatura. Nos preocupaban especialmente las gallinas y los broilers, que solo tenían unos meses, así que nos esforzamos por mantener secas sus instalaciones”, comenta Ismael López, fundador del Santuario.

“También temíamos especialmente por los animales enfermos. Patri es una cerdita con movilidad reducida a la que tuvimos que cubrir con mantas. Pese a todos los cuidados, la notamos con el ánimo bajo estos días. En el caso de Estrella, la vaca más anciana, teníamos que asegurarnos de que pudiera transitar por los caminos. Y en el caso de Lidia, una yegua de más de 30 años, hemos tenido que ponerle un traje de invierno para que mantuviera el calor. También hemos puesto mantas eléctricas a los pollitos y hemos proporcionado antibióticos a las ovejas que habían enfermado por el frío”, explica el fundador y presidente del refugio.

Además de estos problemas físicos para los animales, en la Fundación Santuario Gaia también han tenido que afrontar problemas logísticos. Por ejemplo, los problemas de acceso hicieron que los distribuidores tuvieran que dejar la fruta con la que se alimentan los cerdos a diez kilómetros de las instalaciones. Sus responsables también tuvieron que transportar los enormes sacos de avena con sus brazos a través de la nieve, y ocuparse de bombear agua desde el río para garantizar el suministro, ya que, como explica López, una vaca puede llegar a consumir hasta 50 litros al día. “Hemos trabajado con mucha entrega e incluso sentido del humor. Sin los voluntarios hubiera sido muy difícil sacar adelante todo el trabajo que se nos ha venido encima, estamos muy agradecidos”, recuerda el responsable del santuario.

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