Internacional

La nueva mutación de Hezbolá: un ejército contra el virus

Una enfermera este martes en el hospital San Jorge en Dahie, suburbio de Beirut.Una enfermera este martes en el hospital San Jorge en Dahie, suburbio de Beirut.NATALIA SANCHA

Hezbolá le ha declarado la guerra al coronavirus en Líbano. Para ello ha desplegado un ejército de 25.000 personas en “primera línea de frente” y ha alquilado cuatro hospitales privados en el país árabe para ganar “la batalla contra la Covid-19”, prioridad declarada del partido-milicia chií libanés. La terminología bélica impregna los discursos televisados del secretario general del partido, el jeque Hasan Nasralá, quien no hace alusión a la milicia mejor equipada de la región, sino al regimiento de médicos, enfermeras y voluntarios movilizados en el país levantino. Es la penúltima mutación para un movimiento, denominado de resistencia islámica, en constante metamorfosis durante la última década.

Hezbolá ha pasado de hacer frente a Israel, el enemigo sionista, a la lucha contra los ‘takfiríes en Líbano y Siria’ —desde 2012 unos 10.000 milicianos libaneses han luchado en el país vecino junto a las tropas leales a Bachar el Asad y el respaldo de Teherán—, hasta encararse hoy con el virus. En el plano nacional, ha dejado de ser un partido de oposición para formar parte del recién creado Gobierno, uno frágil junto con su aliado chií de Amal y la primera fuerza cristiana que encarna el Movimiento Patriótico Libre. En el reparto de carteras, el partido islamista se ha quedado a cargo de la de Sanidad.

“El miedo al virus ha devuelto a los libaneses a las estructuras de solidaridad tradicionales basadas en partido y confesión, hoy en competición por servir a sus bases sociales”, valora en Beirut Maya Yahia, directora del Centro Carnegie para Oriente Próximo. La gente ha perdido la confianza en las instituciones estatales donde el poder político-económico se reparte en base a las 18 religiones oficiales. “De entre los partidos, Hezbolá es simplemente el que ofrece el plan más elaborado al disponer de más recursos”, puntualiza. La milicia ha decidido traspasar su capacidad de movilización militar al plano social.

En los suburbios de Dahie, periferia sur de Beirut y feudo de Hezbolá, se sitúa el hospital San Jorge, que el partido-milicia ha alquilado como centro neurálgico para la atención a los pacientes infectados por el virus. “Disponemos de 1.000 test y 80 camas, 16 de ellas con respiradores”, es el inventario que hace el director del hospital, Hasán Oleik, en un barrio cuya población, de 800.000 vecinos, es mayoritariamente chií.

El Ejecutivo libanés ha establecido el Hospital Universitario Rafik Hariri como centro neurálgico para el tratamiento de infectados, con una capacidad de 128 camas. Con 541 positivos y 19 muertos, los expertos ya han anunciado que el sector sanitario público libanés, con el 15% del total de hospitales, será incapaz de hacer frente a un aluvión de pacientes contagiados.

En el subsuelo de una mezquita de Dahie se aprecia la compleja red social de Hezbolá. Docenas de voluntarios protegidos con máscaras y guantes empacan paquetes de arroz, latas de mortadela y botes de aceite de girasol en las 5.000 cajas que habrán de distribuir esta semana a las familias más desfavorecidas. Tienen un presupuesto de 1,8 millones de euros “entre fondos propios y donaciones de afiliados”, precisa una fuente del partido. En Raas el Nabaa, barrio de Beirut, Abu Abed recibe una de esas cajas, “ayuda crítica”, dice, para la supervivencia de los siete miembros de su familia.

La pandemia azota Líbano en plena crisis económica. El Banco Mundial advirtió, antes de propagarse el virus, que la mitad de los 4,5 millones de libaneses quedarán por debajo del umbral de la pobreza. Desde el 17 de octubre, día en que comenzaron las protestas antigubernamentales pidiendo la caída en bloque de los partidos tradicionales, más de 220.000 personas han perdido su trabajo. Ahora, estos mismos partidos intentan capitalizar la amenaza sanitaria. Razón por la que se han lanzado en una campaña calle por calle para distribuir ayudas en metálico, cajas de alimentos e incluso enviar curas e imames a bendecir los asfaltos desde la parte trasera de furgonetas reconvertidas en altares ambulantes.

Los líderes prometen donaciones millonarias a los hospitales siguiendo el mapa demográfico-confesional al tiempo que el Gobierno ha tenido que anunciar el primer impago de deuda de su historia.

Estado dentro del Estado

“Hemos desplegado a 1.500 doctores, 3.000 enfermeros, 5.000 trabajadores médicos y 15.000 voluntarios que van a colaborar con el Ministerio de Salud y los ayuntamientos”, dice a El PAÍS el representante de Hezbolá para el distrito de Beirut, Hasán Fadallá, durante un tour mediático organizado en Dahie. “No estamos aquí para suplantar al Estado sino para poner nuestros medios a disposición del Ministerio de Sanidad y del país”, apunta.

Tres años atrás, Hezbolá organizó otro tour muy diferente. Entonces, eran guerrilleros impecablemente uniformados y fuertemente armados que custodiaban tanques y ametralladoras en un desértico páramo de la frontera oriental con Siria. Acababan de expulsar a varios miles de yihadistas. A diferencia de aquel verano, en las tres horas de visita guiada por los suburbios de Dahie, apenas se vislumbraron un par de banderas amarillas estampadas con el puño que alza un Kaláshnikov, marca Hezbolá.

En su lugar, compitieron una mezcla de emblemas de organizaciones de caridad, vinculadas al partido, estampadas en las pecheras de jóvenes voluntarios como Hasan, enfermero de 24 años. Cuenta que se ha alistado “para servir a su comunidad frente a la pandemia”. Trabaja cuatro días por semana en el hospital Sahíe de Beirut y el resto lo dedica a formar a otros enfermeros al servicio de Hezbolá. Ya en 2014, el partido-milicia reclutó a cientos de jóvenes voluntarios para neutralizar la ola de mortíferos atentados del ISIS contra la población civil chií, como castigo por su injerencia en la vecina guerra siria.

Los detractores del partido-milicia chií libanés les acusaron entonces de ser un “Estado dentro del Estado” y suplantar las competencias del Ejército nacional. Hoy, les acusan de hacerlo en la respuesta a la crisis sanitaria. “El coronavirus es un regalo de Dios para Hezbolá”, sentencia el experto libanés Lokman Slim. “Esta crisis le permite restaurar la legitimidad de cara a su comunidad local, destacar frente al resto de partidos a nivel nacional, y presentarse como interlocutor ante la comunidad internacional para contener la pandemia [en tanto que partido a cargo del Ministerio de Sanidad]”, apunta.

Estados Unidos ha lanzado una guerra económica con férreas sanciones contra Hezbolá, a quien tacha de grupo terrorista al igual que hace la UE con su brazo armado. Este viernes, el Banco Mundial, desembolsó 37 millones de euros al Gobierno de Líbano para combatir la pandemia, fondos que habrá de gestionar el Ministerio de Sanidad.

“Al hacerse cargo de parte de su base social, Hezbolá está simultáneamente ayudando a descongestionar el hospital público Rafik Hariri [el único gubernamental que recibe casos en el país] y por ende al Ministerio de Sanidad”, afirma Karim Makdisi, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Americana de Beirut. “En esta crisis y tras meses de descontento social”, prosigue Makdisi, “tendrán que decidir si cada partido libanés opta por unir fuerzas a nivel nacional o cada confesión decide proteger a los suyos”.

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