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La nueva crisis pilla a España con menos margen pero con nuevas armas

Unos operarios en la cadena de montaje de la factoría de Seat, en Martorell.Unos operarios en la cadena de montaje de la factoría de Seat, en Martorell.Albert Garcia / EL PAÍS

Doce años después, golpeada por otro shock inesperado, España se mira al espejo. El reflejo que ve es el de un país que aún no se ha repuesto de las heridas que se abrieron en la anterior crisis financiera. Y llega a este nuevo combate con menos músculo: tiene más deuda, más déficit y más paro que entonces. Pero también luce otras armas: el sector exterior es más potente, apenas tiene inflación y Europa, aunque a trompicones, parece escuchar.

La economía española se enfrenta a una situación inédita. La incertidumbre por la epidemia remite a los grandes conflictos bélicos de primera mitad del siglo XX o la gripe española de 1918. Hace falta remontar todas esas décadas para encontrar una catástrofe que pusiera en jaque a los sistemas productivos con el mismo impacto. Y aun así cuesta ver paralelismos entre aquel mundo de ayer que habitaba Stefan Zweig y el actual planeta globalizado, donde cada artilugio o prenda de ropa forman parte de una cadena de valor que abarca miles de kilómetros. Toca pues buscar en la experiencia reciente. La avalancha de despidos, batacazos bursátiles y anuncios de las autoridades públicas en las últimas semanas retrotraen la memoria a la Gran Recesión, la crisis financiera que estalló en septiembre de 2008 con la caída de Lehman Brothers como epítome.

En España, pocos sectores saben más que el inmobiliario de lo que se sufrió en aquella larga crisis de 2008. Ahora, dicen, todo parece diferente.

“En mis 44 años de profesión jamás he vivido una cosa igual”. Cuando lo dice el hombre más poderoso de la Bolsa mundial hay que concederle que no es una frase hecha. Larry Fink, presidente de BlackRock, mandó esta semana a sus accionistas una carta que confirmaba que la situación es cualquier cosa salvo corriente. Una excepcionalidad que abona la idea de que la actual crisis y la de 2008, en principio, tienen poco que ver. “La diferencia fundamental es el origen, que en un caso fue endógeno del propio sistema y en el actual es exógeno: un shock provocado por una pandemia” global, describe el catedrático de Economía José García-Montalvo.

De manera parecida lo ve Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de la patronal de promotoras inmobiliarias APCE: “La diferencia es la situación financiera, tanto de compañías promotoras como de entidades financieras, ya que estas tienen una exposición mucho menor a nuestro sector y mucho más controlada”. Pero el hecho de que la actual crisis no sea de naturaleza financiera no excluye un contagio. “Si no se ponen mecanismos para que el sector bancario no acabe acusando el impacto final del choque, las consecuencias podrían ser similares”, advierte García-Montalvo.

¿Pero cómo llega España a esta crisis? ¿Está mejor o peor preparada que en 2008? El país llega con menos músculo que en 2008, pero también tiene nuevas armas para afrontar este sorprendente shock. Si comparamos la situación de inicio de 2008 y la de finales de 2019, los momentos justo anteriores al estallido de ambas crisis, observamos grandes diferencias. Hace 12 años, las administraciones públicas registraban un superávit de cerca del 2% del PIB, la deuda pública estaba en niveles históricamente bajos, en el 38% del PIB, y el paro había caído al 8%. Eran los tiempos en que España crecía a lomos de la burbuja inmobiliaria. Más de una década después, las administraciones públicas tienen mucho menos margen para enfrentarse a la crisis. El año pasado cerraron con un déficit de más de 33.000 millones, el equivalente a casi el 3% del PIB, la deuda rozaba el 100% y el paro no lograba bajar del 14%.

Más paro y más deuda

Sin embargo, durante estos años el país ha ganado músculo en otros ámbitos. El sector exportador se ha multiplicado —ha pasado de representar cerca del 24% del PIB al 35%)— y eso ha contribuido a generar un superávit por cuenta corriente. Además, ahora la inflación está bajo control, lo que evita perder poder adquisitivo y permite ganar competitividad. La economía española estaba creciendo ahora a menor ritmo que en la víspera del crack de 2008. “La debilidad que tenemos ahora es la situación previa que había”, explica la catedrática de Economía Paloma Taltavull. “Los indicadores mostraban que la ralentización procedía del motor más potente de la economía, que es el consumo de las familias”, añade. En otras palabras, España crecía y lo hacía más que su entorno, pero ya comenzaba a frenar y los indicadores macroeconómicos están lejos del nivel de 2007, cuando sumaba crecimientos anuales próximos al 4%.

España además cuenta con el apoyo de Europa. Mientras en la anterior crisis, el BCE tardó cuatro años en apoyar la deuda de los países, en esta ocasión Christine Lagarde apenas tardó 10 días tras superar el primer traspiés. Los tipos de interés para financiar la deuda están históricamente bajos. Bruselas también está preparando la artillería. Y aunque España reclama más munición, la Comisión Europea ya ultima un salvavidas para los países que peor lo están pasando. La reacción, pues, de las autoridades europeas está siendo mucho más rápida que entonces. Aunque aún se espera otro paso decisivo de la UE.

En términos absolutos, eso sí, el producto interior bruto de ahora es superior (1,2 billones frente a un billón), lo que algunos expertos apuntan como dato importante porque mejora el esfuerzo, en términos relativos, que el Estado tendrá que hacer para salir de esta. “La gran duda es cómo el sector público puede digerir toda la cantidad de dinero que va a necesitar”, apunta Jaime Pascual-Sanchiz, consejero delegado de la consultora Savills Aguirre Newman. La solución, en eso hay unanimidad, dependerá de lo que se prolongue la emergencia sanitaria. También es importante actuar rápido y garantizar liquidez para que el sector productivo no quede entrampado. “Necesitamos que en los próximos tres meses el Gobierno tenga muy claro con los bancos cómo quiere abrir el grifo”, apunta Guillermo Llibre, consejero delegado de la proptech Housell.

La velocidad con que Gobiernos, bancos centrales y hasta la Unión Europea están moviendo ficha alimenta la impresión, y el deseo, de que esta vez puede ser diferente. Aunque el virus ya ha hecho estragos en muchos hogares y empresas.

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