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La mirada franco-alemana sobre la odisea que afronta la UE

Angela Merkel y Emmanuel Macron, durante los actos de conmemoración del final de la Primera Guerra Mundial, en noviembre del año pasado en Compiegne (Francia).Angela Merkel y Emmanuel Macron, durante los actos de conmemoración del final de la Primera Guerra Mundial, en noviembre del año pasado en Compiegne (Francia).PHILIPPE WOJAZER / EL PAÍS

La pandemia representa un desafío sin precedentes para la Unión Europea. A continuación, sendas entrevistas con los secretarios de Estados para Asuntos Europeos de Alemania y Francia ofrecen claves acerca de las posiciones de las dos principales potencias del club en este trascendental momento.

Michael Roth: “Es doloroso admitir que dependemos de China e India”

Michael Roth, (Heringen, 49 años) se presenta al tele-encuentro vestido con una sudadera de capucha y cargado de argumentos a favor de una mayor cooperación europea en tiempos de pandemia. “Ha llegado la hora de la Europa unida”, sentencia. Cuando el secretario de Estado alemán Asuntos Europeos habla, queda claro que Berlín es muy consciente de que Europa se la juega en esta crisis. Esa conciencia de que si cae Italia o España, cae también Berlín, de que Alemania, necesita a la UE tanto como la Unión necesita a los alemanes, se escucha estos días una y otra vez en los despachos de Berlín. “A una economía exportadora como la alemana no le puede ir bien si nuestros socios comerciales no logran controlar la epidemia”, recuerda Roth en un encuentro vía zoom con cuatro corresponsales del grupo de diarios europeo LENA. “Tenemos que trabajar juntos en Europa de la forma más estrecha posible. Sin tabús. Lo más importante es la solidaridad”, asegura. “No vamos a ser capaces de controlar y contener la Covid-19 solo con medidas nacionales”, insiste.

La clave, más allá de grandes declaraciones de principios está como casi siempre, en el aterrizaje y la concreción de las ideas, en hasta dónde está dispuesto a llegar Berlín para evitar una debacle europea. Y en ese hasta dónde ha resucitado en los últimos días con virulencia la confrontación Norte-Sur de los años de la crisis financiera, con los eurobonos y las condiciones impuestas en los planes de rescate como protagonistas de la contienda.

Roth pertenece al partido socialdemócrata, el socio minoritario del Gobierno de coalición que comparten con el centroderecha de la canciller, Angela Merkel, y asegura que defiende desde hace años instrumentos de mutualización de la deuda, que Berlín rechaza. Pero también cree que ahora no es el momento de perderse en debates enconados. “Estamos ante una absoluta emergencia y hay que ayudar rápidamente a evitar que suceda lo peor. Para eso necesitamos compromisos y hacerlo rápido”.

Se desmarca Roth de retóricas insultantes como las que se han escuchado en boca de otros socios y se deshace en elogios hacia los vecinos del Sur. “Me emociona ver con qué disciplina los españoles y los italianos han respetado las enormes restricciones y lo han hecho sin perder la sonrisa y tocando música, manteniendo el contacto con el otro a pesar de la distancia física y apoyándose moralmente”.

En paralelo a la negociación de los instrumentos financieros para la reconstrucción, la UE afronta en los próximos días nuevas pruebas de unidad. Se trata de ver hasta qué punto los países de la UE van a ser capaces de coordinar sus estrategias de salida del confinamiento. De momento, Austria ya se ha desmarcado anunciando una cierta relajación de las medidas de aislamiento a partir del 14 de abril. “Es demasiado pronto para hablar en detalle de una estrategia de salida, porque probablemente muchos países no han alcanzado todavía el pico de la pandemia pero una vez que estemos en el buen camino, tendremos que coordinar nuestros pasos muy estrechamente. Es esencial, sobre todo para la economía, ya que la mayoría de las empresas no operan en el ámbito nacional solo, sino a escala europea o global”, explica. “Tenemos que suspender las medidas restrictivas de forma coordinada y poner nuestras economías a funcionar de nuevo juntos”, defiende.

A partir de julio, Alemania asumirá la presidencia rotatoria de la UE y Roth sostiene que una de las principales tareas será “revivir Schengen”, que la libertad de movimiento dentro de la Unión vuelva a ser una realidad. “Las limitaciones actuales deben estar solo justificadas para combatir la pandemia, no deben convertirse en permanentes”.

No menosprecia Roth el peligro de que las fuerzas populistas encuentren en el post-Covid-19 el terreno más fértil para crecer, pero prefiere ver el vaso medio lleno. “A pesar de una situación sanitaria excepcional, nuestras democracias han logrado adoptar medidas de enorme alcance para proteger a la población y los empleos”, interpreta. “Los nacionalistas y populistas se equivocan cuando aseguran que pueden resolver esta crisis sin Europa. No debemos permitir que las campañas de mentiras y desinformación de los Estados autoritarios den la impresión de que las democracias liberales son incapaces de proteger a sus ciudadanos”, advierte ante la sacudida que esta crisis se prevé que propinará a los equilibrios políticos nacionales, pero también a los globales, con países como China o Turquía acudiendo al rescate sanitario de países de la UE.

Pekín por ejemplo enviará a Alemania 40 millones de mascarillas, según un acuerdo alcanzado esta semana. “Nos hemos dado cuenta de que para determinados productos médicos que necesitamos urgentemente no somos autónomos ni soberanos. Es una experiencia dolorosa tener que admitir que somos en parte dependientes de China y de la India para los productos médicos debemos garantizar un cierto grado de autosuficiencia para los bienes de primera necesidad”.

Amélie de Montchalin: “Solo saldremos de esta crisis juntos”

“Yo no me planteo la pregunta sobre la crisis existencial de Europa. La pregunta que me planteo es la de su utilidad”. Las palabras de Amélie de Montchalin, secretaria de Estado para Asuntos Europeos en Francia, evidencian el pragmatismo que la pandemia del coronavirus ha impuesto en muchas capitales europeas.

No es tiempo de visiones grandilocuentes. Mientras miles de europeos mueren cada día en los hospitales y residencias de ancianos, se impone descender a lo práctico: la Europa que tapa agujeros, la que intenta corregir el desbarajuste del principio, la que hace de la necesidad virtud y ve el vaso medio lleno mientras se desarrolla un pulso sobre la respuesta económica que determinará el rumbo colectivo.

“¿Actuar entre 27 nos permite ser mejores que actuar solos? Esta es la cuestión. Y la respuesta es que sí”, dijo esta semana Monchalin en una entrevista telefónica con los corresponsales en París del grupo de diarios LENA.

El coronavirus supone un golpe de realismo para muchos gobiernos. Las discusiones bizantinas en Bruselas o los altisonantes discursos sobre el futuro de Europa se han diluido ante un pandemia que ya ha matado a decenas de miles de personas en Europa y ha confinado a centenares de millones de habitantes en el continente. ¿Para qué sirve la Unión Europea? La descoordinación entre los socios y el sentimiento de abandono de muchos italianos han alimentado las dudas sobre la solidez del proyecto común.

“Tanto si hablamos de vacunas como de la cadena de suministro alimentario, trabajar juntos es útil”, defiende la secretaria de Estado. “Los populistas, los antieuropeos, ganarán si al final les demostramos que no hemos sido capaces de ser útiles juntos. Y hay que ver dónde podemos serlo”.

Montchalin aplica el mismo argumento utilitario al choque entre la Europa del norte y la Europa del sur, en la que Francia se incluye, sobre el mejor mecanismo para evitar el derrumbe de las economías más afectadas.

“Antes de zanjar el debate sobre la oportunidad de un fondo europeo, sobre la cuestión de si es necesaria una herramienta nacional o comunitaria, por medio del endeudamiento o con recursos propios, lo primero, para mí, es asumir que solo saldremos de esta crisis juntos”, dice. “Y, por tanto, con un relanzamiento económico coordinado. Nuestra idea, como ha explicado [el ministro de Economía y Finanzas] Bruno Le Maire, es que será necesario un ‘fondo de relanzamiento’, o de ‘inversiones’, de ‘recuperación’: llamémosle como queramos. Y deberá ser pilotado de manera coordinada a nivel europeo: si no, no funcionará”.

El problema, para Francia y sus aliados en esta batalla, es que Alemania, los Países Bajos y otros países del norte de la UE recelan de fórmulas que acaben transformando el club en lo que llaman “una unión de transferencias” en la que, según la caricatura habitual, el norte rico y ahorrador acaben sufragando los gastos del sur pobre y despilfarrador.

A la pregunta sobre si cree que Alemania y sus socios en el Norte comparten la visión francesa sobre la necesidad de una respuesta conjunta y contundente, responde: “La canciller Merkel ha dicho: ‘Alemania no será fuerte si Europa es débil’. Estas pocas palabras bastan para entender que el diagnóstico es compartido”, responde Montchalin. “Ningún país saldrá solo de lo que es el mayor choque desde la Segunda Guerra Mundial”. Ante las dificultades diarias en la negociación, añade: “Estamos trabajando, y creo que todos queremos salir juntos de la crisis”.

Francia —el país que, desde que Emmanuel Macron llegó al poder en 2017, ha liderado el esfuerzo por refundar el club- no ha renunciado a sus planes más ambiciosos. En sus discursos de las últimas semanas, Macron ha insistido en la necesidad de una respuesta “organizada” y “masiva” para reactivar la economía, y ha reiterado su defensa de una “Europa soberana”, un argumento reforzado por la carestía de material médico y las intrusiones chinas. Le Maire está en el centro de las discusiones y las iniciativas económicas.

Pero, por primera vez desde que Macron es presidente, él no es en estos momentos el protagonista de la refriega, ni el catalizador de las discusiones, ni aparece —por ahora— como el líder de facto de una Europa, que, como ocurrió tras la crisis financiera de 2008, mira de nuevo a Alemania. El reflejo protector inicial —la decisión, en un primer momento, de privilegiar la protección propia por encima de la solidaridad— ha restado visibilidad al mensaje europeísta. La urgencia sanitaria, aún no resuelta, ha empujado -al menos, en un primer momento- a la introspección y a priorizar el interés nacional.

“Evidentemente que a todo el mundo le habría gustado que hubiese más solidaridad, pero para ello habríamos tenido que disponer de los medios”, afirma Montchalin. “Muchas iniciativas que hemos tomado desde entonces nos permiten hoy hacerlo mejor juntos”.

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