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La metamorfosis de la economía que deja la covid

Charles Dickens acuñó la célebre frase “el hombre es un animal de costumbres” y, como tal, se obstina a la hora de cambiar. Pero los acontecimientos le superan y, aunque reniegue de la evolución, esta acaba por imponerse. La covid no ha traído la revolución tecnológica, aunque sí ha contribuido a acelerarla como ningún otro suceso de los últimos tiempos. Y esta velocidad quedará impregnada en la economía, incapaz de detenerla. De la misma manera que se habla de preguerra y posguerra, en el futuro se hablará de un antes y un después del coronavirus, afirma Alejandro Beltrán, presidente de McKinsey Iberia, en la creencia de que “la transformación llegará sí o sí”.

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La clave de la innovación

Si algo ha puesto de manifiesto la covid-19 es que se necesita más gasto en sanidad y salud y mayores inversiones para poder hacer frente a crisis como esta, en la que el desabastecimiento de material sanitario fue una constante durante 2020. Y en la que dinero público y privado se han aliado para sacar adelante múltiples vacunas en tiempo récord. “Si esas lecciones se aplican a
otras enfermedades, podrían desempeñar un papel
significativo en el establecimiento de las bases para
un desarrollo más rápido de los tratamientos”, dice McKinsey.
En este ámbito sí que se espera que los Estados redoblen sus esfuerzos, según Rafael Doménech, de BBVA Research. La inversión en ciencias de la vida, tecnología y equipos médicos se va a reforzar tras la pandemia, pues ya se ha comprobado que estábamos poco preparados para afrontarla, apoya Xavier Vives, de IESE. A partir de ahora tanto el sector público como el privado van a invertir más, dice.
Sin embargo, el profesor de la Universidad Pompeu Fabra, José García Montalvo, no está tan convencido de que la inversión en investigación y desarrollo se redoble en otros ámbitos, como se atisbaba hace unos meses. “Sí suben los fondos destinados a la salud, pero no en general”, sostiene, “y vamos a precisar ciencia para combatir el cambio climático o los desastres naturales que se están viviendo”, advierte.
La innovación es el único medio que tenemos para crecer y generar empleo, afirma tajante Andrés Rodríguez-Pose, de la LSE. Que, no obstante, considera que está demasiado concentrada geográficamente. En España está en Madrid y Barcelona, en Francia en París, en Reino Unido en Londres, mientras que en el resto del territorio “se están creando desiertos de innovación, sin zonas intermedias como en Alemania, Suecia o Noruega”. Existe capacidad, opina, “pero en Europa nos estamos obcecando con un tipo de innovación: la de los grandes proyectos tipo Amazon o Tesla. Y hay mucho potencial que se está obviando”, lamenta.

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