Internacional

La lucha contra el coronavirus, ¿nuevo aliado de Vladímir Putin contra las sanciones internacionales?

Aeropuerto militar de Chkalovsky, en las afueras de Moscú, este domingo, donde se preparaba el envío de personal médico y suministros a Italia.Aeropuerto militar de Chkalovsky, en las afueras de Moscú, este domingo, donde se preparaba el envío de personal médico y suministros a Italia.Alexei Yereshko (AP)

Es lógico que los ciudadanos de la UE receptores de medios contra el coronavirus (máscaras, pruebas, respiradores, posibilidad de ingresar en las UCI) estén agradecidos por esos recursos con independencia de cuál sea su origen y también de cuales sean las motivaciones de los servicios, instituciones, personas jurídicas y físicas, nacionales e internacionales que se los facilitan.

El puente aéreo militar ruso con destino a Italia, que transportó especialistas y equipo contra el coronavirus durante el fin de semana, obtuvo una apabullante cobertura informativa por parte de sus protagonistas. Sin infravalorar el potencial benéfico de la ayuda, la operación del Kremlin plantea preguntas a los ciudadanos de este país: ¿tiene Rusia suficientes medios para que su sistema sanitario luche contra el coronavirus de forma eficaz en su propio terreno?¿Va la ayuda del Kremlin a Italia en detrimento de los intereses sanitarios de los ciudadanos de Rusia, afectados por la crisis económica y la degradación del sistema de salud?

En un entorno informativo internacional donde los bulos coexisten con numerosas incógnitas reales, la desconfianza es la norma y es difícil encontrar una respuesta rotunda. Existen sin embargo datos fragmentarios que ayudan a la orientación individual. Los moscovitas siguen quejándose de no poder comprar máscaras en las farmacias, los turistas evacuados de los “lugares desgraciados” en el extranjero denuncian que no les hacen pruebas al llegar a la patria, la periodista Veronika Kutsilo, internada durante tres días en la clínica infecciosa número uno de Moscú (por sospecha no confirmada de neumonía) describe un entorno modesto, con camas en los corredores, falta de aislamiento de los potenciales infectados y descuido de normas de seguridad e higiene. En el Centro Científico Estatal para el Estudio de los Virus y la Biotecnología, “VEKTOR”, ubicado en la ciudad siberiana de Novosibirsk, ofrecen empleos para personal cualificado, pero los sueldos básicos para los jóvenes especialistas van desde los 14.000 rublos a los 30.000 rublos (el euro se cotiza hoy muy por encima de los 80 rublos). Un miembro de las fuerzas de intervención especial que reprime manifestaciones en Moscú cobra un mínimo de 40.000 rublos.

En las circunstancias actuales, en las que diversas potencias como China o Rusia luchan por la redefinición del orden mundial, el coronavirus aporta nuevas dimensiones a las relaciones internacionales, además de actuar sobre los problemas existentes (agudizándolos, aunque también podría suavizarlos si la lucha contra el mal se asumiera como tarea común y se centrara en abordarlo como una amenaza compartida).

En Rusia la información sobre la evolución de la pandemia no fluye en su totalidad, y eso afecta no solo a la relación entre la Administración y el público, sino a los distintos eslabones del sistema sanitario, aseguran fuentes informadas.

La operación de ayuda a Italia se presentó en Moscú con gran cobertura mediática, como si fuera una campaña militar. El 21 de marzo Putin llamó por teléfono al primer ministro italiano, Giuseppe Conte. Antes, el 11 de marzo, la agencia de información RIA Novosti y otros medios rusos divulgaron el llamamiento de un abogado penalista italiano, Alexandro Maria Tirelli, que, en nombre de un comité de juristas fundado en 2017, se dirigió al presidente Putin para pedirle ayuda médica para Italia en vista de la “falta de solidaridad” y el “mucho egoísmo” de la UE frente a Italia. Tirelli, que pedía un millón de máscaras, se presenta como dirigente de la llamada Camere Penali del diritto Europeo e Internazionale, cuya junta directiva de 12 miembros incluye a Victoria Fedorova, una jurista rusa procedente de la ciudad de Rostov.

El 21 de marzo, antes de que Putin conversara con el primer ministro italiano, los medios de comunicación rusos divulgaron otro llamamiento en el que esos mismos juristas pedían a la UE que aboliera las sanciones que Bruselas le impuso a Rusia en 2014 a consecuencia de la anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas de Donbás en Ucrania. Así pues, la epidemia puede convertirse en una palanca más para la campaña de Putin contra unas sanciones cuyo origen no ha cambiado. Si la ayuda rusa es efectiva en Italia, el país favorito del Kremlin, y no es percibida como un costoso menoscabo a los intereses de los rusos, Putin podría fortalecer sus alianzas en Europa.

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