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La información del virus en la web de EL PAÍS seguirá abierta en la crisis

En las últimas semanas el mundo ha sufrido una sacudida de dimensiones desconocidas. Prácticamente no queda nada, personas o industrias, que esté saliendo indemne de la onda expansiva del coronavirus, una pandemia cuyos efectos aún desconocemos. Y en EL PAÍS, sin duda, estamos sintiendo las consecuencias del temporal y adaptándonos, como tantos, a las nuevas circunstancias. El 1 de marzo contábamos en el periódico nuestro inmediato plan estratégico, que pasaba por lanzar un modelo de suscripción digital que permitía la lectura gratuita hasta el décimo artículo al mes y, desde ese momento, se volvía necesario suscribirse para leer sin límites. Se trata de un cambio fundamental para garantizar la supervivencia del diario durante los próximos años, siguiendo la estela exitosa de los grandes medios globales. Un modelo construido sobre y con los lectores, menos dependiente de los vaivenes de la publicidad. Sin embargo, las circunstancias han cambiado.

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En EL PAÍS creemos que por encima de cualquier plan se impone hoy el sentido de servicio para el que nació el diario hace casi 44 años. Ante la gravedad de la crisis, la compañía ha tomado la decisión de retrasar hasta el 1 de mayo la implantación del nuevo modelo, a la espera de que el Gobierno levante el estado de alarma. Además, la información sobre el coronavirus continuará gratuita para los lectores, sean o no suscriptores, mientras dure el riesgo sanitario.

Se trata de una decisión difícil. Durante estas semanas se ha desplomado el negocio publicitario gracias al cual, en buena parte, este periódico puede mantener una plantilla con el tamaño y especialización necesarios para ofrecer una cobertura global y de calidad sobre hechos como la crisis del coronavirus. Vivimos en una paradoja: EL PAÍS jamás tuvo tantos lectores —cerraremos el mes superando ampliamente el récord histórico de audiencia en Internet—, pero nunca sufrió tanto su venta en papel y los ingresos publicitarios. En un periodo de confinamiento, y a pesar del esfuerzo de los quiosqueros por mantenerse abiertos y de los fieles lectores que siguen acudiendo a su punto de compra, conservar el mismo nivel de venta que antes de la crisis no es realista. Por si fuera poco, muchos anunciantes se han retirado, también en Internet, a la espera de que la tormenta escampe. Es por ello que afirmamos que no es una decisión sencilla, porque a pesar del sacrificio económico que conlleva, EL PAÍS no pondrá ninguna barrera al lector temporalmente. Los recursos se han redirigido a la cobertura del coronavirus y más de la mitad de los contenidos que los periodistas publican cada día, en diferentes formatos, tienen que ver con la enfermedad. La buena noticia es que la demanda de información fiable ha crecido como nunca. Y suscribirse, pese a no ser necesario, sigue siendo una buena opción para sustentar el trabajo periodístico.

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