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La cultura también se resentirá en verano

Desfile de inauguración del festival de Aviñon en su edición de 2012.Desfile de inauguración del festival de Aviñon en su edición de 2012.Patrick Aventurier / EL PAÍS

Con su discurso anoche, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el que anunció medidas como la prohibición de eventos que atrajeran a multitudes al menos hasta mitad de julio, empujó a la anulación de uno de los certámenes culturales veraniegos más famosos del mundo: el festival de teatro de Aviñon. Además, llevó al de Cannes, el más grande del cine, al límite, ya que el festival, que hubiera arrancado el 12 de mayo, había pospuesto su celebración a finales de junio o inicios de julio. Junto a estos acontecimientos, centenares de eventos musicales, teatrales, literarios o cinematográficos tanto en España como en el resto del mundo viven estos días muy pendientes de las decisiones de los máximos responsables sanitarios gubernamentales. El mundo de la Cultura contiene la respiración ante la posible debacle estival.

Teatro

Cancelado Aviñón ¿Qué harán los demás? “Hemos compartido la esperanza tanto tiempo como se podía, pero la situación impone otro escenario. Nuestro deber ahora es preservar e inventar el futuro del certamen”. Con estas palabras el director del festival de Aviñón, Olivier Py, anunciaba la noche del lunes a través de un comunicado la cancelación de la cita más importante del teatro contemporáneo internacional. La decisión fue consecuencia del discurso que horas antes había pronunciado el presidente francés, Emmanuel Macron, en el que anunció que por causa de la pandemia del coronavirus no será posible mantener festivales y otros eventos de ese tipo “al menos hasta mediados de julio”, fecha en la que normalmente se desarrolla Aviñón.

Muchos ojos estaban pendientes en el resto del mundo de esta decisión. Hace dos semanas se habían suspendido también todos los festivales de Edimburgo, pero eso no fue una sorpresa dada la magnitud global de esas citas, que cada verano atraen a unos cuatro millones de personas a la ciudad escocesa. En cambio, Aviñón parecía más manejable y aún había esperanzas, por lo que su cancelación hace temer que detrás vengan muchas más.

De momento, ninguno de los grandes festivales teatrales españoles del verano ha anunciado su cancelación, pero todos están a la espera de saber si se prolonga el estado de alarma para decidirlo. Lo que sí es seguro es que van a tener que modificarse para adaptarse a los posibles escenarios que puedan derivarse de la evolución de la pandemia, como explica a EL PAÍS el director del Grec de Barcelona, Cesc Casadesús: “De momento, lo mantenemos en un formato que es nuestro plan B, como ya explicó la alcaldesa Ada Colau, conscientes de que habrá que cancelar algún espectáculo internacional e incorporando solidariamente los espectáculos de la temporada teatral de la ciudad cancelados en abril”.

El Grec, que se celebra a lo largo del mes de julio, se extendería hacia agosto para asumir esas producciones que no se pudieron estrenar a causa del inicio de la crisis del coronavirus. “Hoy las cosas están así, vamos a ver cómo se van desarrollando los acontecimientos, imaginación no nos falta para aplicar un plan C e incluso un plan D. Lo que sí pido a las autoridades es instrucciones y calendario muy claros, esa es la clave. Necesitamos saber si los artistas van a poder ensayar juntos a partir de la primera semana de mayo, aunque sea con los grupos confinados, y si se podrán abrir los teatros en las fechas del festival. Yo a día de hoy, por responsabilidad, tengo que aguantar la bandera y mantener el Grec y sus compromisos, pero a principios de mayo veremos en qué escenario nos movemos. El sector está muy pendiente de lo que hacemos “, añade Casadesús. Para el Grec, la cancelación de Aviñón ha supuesto un golpe, pues había compañías que actuaban en ambos festivales y ahora pueden replantearse su presencia. Con las mismas coordenadas está trabajando el director del Festival de Teatro Clásico de Mérida, Jesús Cimarro, que de momento mantiene en pie la cita pero pone como límite el 15 de mayo para tomar una decisión. “Si para esa fecha no hemos podido empezar los ensayos, va a ser difícil que se puedan estrenar espectáculos en julio”, augura. Lo que sí ha cambiado ya Cimarro es el espectáculo que tenía previsto para la inauguración, que iba a estar a cargo de una compañía extranjera, pues los circuitos internacionales tienen más riesgo por los posibles cierres de fronteras que pueda haber en los próximos meses. “Tenemos que centrarnos en el tejido nacional para que sea viable”, asegura. En ese sentido está trabajando también el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Su director, Ignacio García, anuncia que la oferta internacional se reducirá considerablemente y asegura que su equipo está manejando varias opciones para distintos escenarios. “En Almagro tenemos la suerte de contar con un escenarios muy diferentes y flexibles: tenemos aforos pequeños y grandes, espacios cerrados o al aire libre. De manera que podemos adaptarnos rápidamente según las circunstancias”, explica. “Reduciremos la programación, el formato, los aforos, pero haremos lo que sea necesario para que se pueda celebrar. Es importante no solo por lo que supone económicamente, sino también porque puede ser un soplo de esperanza para un sector que está siendo muy castigado por esta crisis. Almagro, con su gran variedad de espacios, puede ser un laboratorio donde ensayar cómo retomar la actividad teatral la próxima temporada”, añade García.

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La incertidumbre predomina entre los organizadores de festivales más pequeños como Clásicos en Alcalá, Cáceres, Veranos de la Villa de Madrid, Olite o la MIT de Ribadavia. Todos están a la espera de las próximas recomendaciones sanitarias para tomar una decisión. El Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, organizadora de los Veranos de la Villa, está trabajando para celebrar la cita solo en agosto (otros años es también en julio). Roberto Pascual, director de la MIT, maneja tres escenarios en paralelo: “Cancelar, reestructurar el programa previsto para hacerlo más local o aplazarlo todo hasta que las condiciones de seguridad y económicas lo permitan”, comenta a EL PAÍS. “Hay que pensar en el incremento económico que supone garantizar la seguridad del público y valorar si es viable, pero de momento las autoridades culturales no nos están garantizando nada, por lo menos en Galicia. También sería bueno que se hicieran modificaciones legislativas para agilizar la gestión en este momento”, añade Pascual. Con un horizonte más lejano, el festival Temporada Alta de Girona, que se celebra cada año de octubre a diciembre con una amplia presencia internacional, se mantiene en pie. “Solo habría una situación que lo impediría: que para entonces se limite el aforo de las salas a una tercera parte. Entonces, lo siento, pero no. Un teatro con la gente desperdigada no es un teatro”, advertía la semana pasada a este diario su director, Salvador Sunyer. “En función de lo que pase y de cómo quede la cosa, es posible que se reduzca el número de espectáculos, que algunos espacios sean más pequeños, pero serán, es decir, se celebrarán”, añadía Sunyer, remarcando que las aportaciones de los patrocinadores bajarán, con lo que el presupuesto también menguará. Pero insistió en que el festival mantendrá su genuinidad: “Será reconocible, lo que quiere decir que tendrá su parte internacional”.

Cine

¿Cannes en otoño? Cada festival de cine encara de manera muy distinta su futuro, marcado, obviamente, por sus fechas de realización. La semana pasada, los directores de una veintena de eventos cinematográficos se reunieron telemáticamente con la directora del ICAA, Beatriz Navas, para preparar medidas de apoyo y solventar posibles problemas administrativos que acarrean sus aplazamientos o suspensiones. Pero el año cinematográfico está marcado por el certamen de Cannes, y ayer lunes el presidente de Francia, Emmanuel Macron, pospuso hasta mitad de julio cualquier evento que reúna a multitudes, lo que empuja al verano al festival, que iba a desvelar su programación este jueves 16 de abril y que al inicio de la pandemia ya anunció su retraso hasta finales de junio, inicios de julio. Si su mercado sí podría realizarse online, la celebración digital del certamen es imposible, y también parece casi descartada su cancelación (no tiene seguro que cubra las pérdidas económicas, y Cannes se financia con un presupuesto de más de 30 millones de euros), lo que le llevaría a otoño y a pisar otras citas cinéfilas. El 2 de septiembre debería de empezar Venecia, poco después el mercado de Toronto (también abierto a estudiar un desarrollo digital) y el 18 de septiembre se inauguraría San Sebastián, que ya ha anunciado una sección para la industria centrada en las películas que se iban a mostrar en certámenes primaverales en Estados Unidos.

Si, para evitar su cancelación, Cannes se traslada a otoño trastocará todo el calendario mundial de festivales

En España, el primer afectado fue el festival de Málaga. Su apartado industrial, MAFIZ (Málaga Festival Industry Zone) y en concreto su apartado Málaga Work in Progress (Málaga WIP), gracias al acuerdo de colaboración con la plataforma Filmarket Hub, se desarrolla online hasta el próximo 10 de mayo, centrado en los treinta proyectos seleccionados antes de la pandemia con cien representantes del audiovisual de 15 países latinoamericanos y ocho europeos. En cuanto a las proyecciones de las secciones a concurso, es decir, el meollo del certamen, en estos momentos se están reestructurando las fechas y las películas, con la vista puesta en agosto. Otro certamen afectado directamente es el D’A de Barcelona, que rápidamente pasó a convertirse online desde el próximo 30 de abril al 10 de mayo, sin alterar su celebración.

No todos los festivales saltan de manera sencilla a la web: el de Múnich (del 25 de junio al 4 de julio) ha decidido su cancelación por problemas de piratería y de derechos de propiedad intelectual; y lo mismo, por la imposibilidad de realizar sus actividades, le ha pasado al Sant Jordi de Barcelona, que hubiera empezado este próximo viernes, o al FiSahara, que justo hubiera arrancado hoy martes 14 de abril, coorganizado por el Ministerio de Cultura saharaui y la delegación española del Frente Polisario. Mientras, los de otoño por ahora se muestran vigilantes y atentos al desarrollo de la pandemia. Es la gran temporada en España de los certámenes, cuando se encadenan San Sebastián, la Seminci de Valladolid, Sitges, Sevilla y Gijón. Desde Sitges, un festival principalmente pensado para el aficionado, ya han anunciado que descartan realizar la mayor parte de sus actividades online. El resto, espera.

Música

Incertidumbre para el FIB o el Mad Cool. Los grandes festivales que se celebran en julio en España siguen apurando antes de anunciar la inevitable cancelación o reubicación. Los organizadores de Mad Cool (Madrid), BBK Live (Bilbao), FIB (Benicàssim) y Azkena (Vitoria, este en junio) mantienen sus fechas. “Están trabajando con normalidad. Y hasta dentro de 15 días no se comunicará nada. Confiamos en que en los próximos días el gobierno, que tiene buena disposición, tome decisiones sobre el sector. Y ahí es cuando los festivales decidirán qué hacer”, señala Patricia Gabeiras, directora de la Asociación de los Festivales de Música (FMA), que agrupa a más de medio centenar. Buscan que el Gobierno decrete la causa “de fuerza mayor” para afrontar con flexibilidad la devolución o canje de entradas. “Lo que pedimos es que tengamos un año para gestionarlo con los clientes. Así se podrán salvar muchas empresas del sector”, enfatiza Gabeiras.

Música clásica y danza

Hasta mayo, no habrá respuesta. Los festivales de música y danza esperan directrices del Gobierno y más concretamente de Sanidad para saber a qué atenerse. Los organizadores de Granada, Santander Perelada o San Sebastián esperan con sus programas cerrados y la incertidumbre abierta. Las noticias que les llegan de Europa son dispares. Canceló el Festival de Bayreuth en Alemania, pero Salzburgo, previsto para finales de julio y agosto, sigue en pie más después del anuncio del Gobierno austriaco de abrir lentamente las medidas de confinamiento. Antonio Moral, responsable del de Granada, es el que más presionado se siente porque empieza el primero, entre el 24 de junio y el 12 de julio. Necesita saber un mes antes de su inicio a qué atenerse, pero hasta el momento no ha cancelado nada. Aun así, ha diseñado ya planes alternativos que pasan por retrasar la inauguración hasta julio o trasladarlo definitivamente a septiembre. “No querría que la página de esta edición pasara en blanco”, asegura.

Es con lo que empiezan a trabajar otros también. Patrick Alfaya, director de la Quincena Musical de San Sebastián (agosto), es muy claro y consciente de la situación: “Primero debemos esperar las directrices sanitarias y después convencer al público. Para eso habrá que montar una campaña encaminada a que se sientan seguros”. La reacción de sus propios espectadores fieles le ha sorprendido. Desde hace dos semana han vendido 170 abonos. En pleno confinamiento. Si Sanidad exige reducir los aforos, todos cuentan con que habrá que cancelar conciertos sinfónicos. Nada haría posible juntar a 100 músicos en un escenario ante un público obligado –si así se decide por las autoridades- a guardar una butaca entre medias. Además, por un lado, no resultarían rentables, por otro, también, hay que contar que muchas formaciones suspenderían sus giras o decidirían no viajar para evitar riesgos. Todo indica que los festivales españoles se encaminan a apostar por espectáculos más reducidos: recitales solistas o música de cámara. La ópera –programada para San Sebastián o Perelada- también es complicada porque exige un tiempo de ensayo previo. Pero el compromiso de los gestores pasa por no suspender sus respectivas ediciones, si es posible. Así lo aconseja también el Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música (Inaem), que ha pedido cautela antes de cancelar definitivamente algunas citas estivales. Mayo pues es el mes de las decisiones.

Libros

Pocas citas en pie. Uno de los pocos encuentros literarios que aún mantiene sus fechas es la Semana Negra de Gijón, que debe celebrarse del 3 al 12 de julio. La Feria del Libro de Madrid fue una de las primeras en anunciar un cambio en el calendario. La edición del 2020 fue trasladada el 12 de marzo al mes de octubre, del 2 al 18. Mantendrá en principio su sede, en el Parque del Retiro, sus actividades e incluso el país invitado, que está previsto que sea Colombia. Es precisamente en la capital de ese país, donde se ha suspendido la FilBo (Feria Internacional del Libro en Bogotá), que debía celebrarse a partir del 21 de abril y hasta principios de mayo, aunque los organizadores trasladarán sus clubes de lectura y encuentros varios con autores a las redes sociales y pondrán en marcha una serie de escaparates para que sus expositores tengan algún tipo de presencia. También ha quedado anulada otras de las grandes citas del mes de abril para el libro en español: la Feria del Libro de Buenos Aires. En Nueva York ha quedado suspendido el PEN World Voices y hasta en Dinamarca han cancelado el exclusivo festival de Louisiana de agosto.

Con el confinamiento y el estado de alarma vigentes y el libro excluido como producto esencial por la crisis del coronavirus, el sector decidió posponer la diada de Sant Jordi, la gran fiesta del libro y de la rosa en Cataluña, a un día que permitiera trasladar sin restricciones sanitarias paradas callejeras y firmas de autores, esencia del ritual. La jornada iba a ser “para antes del verano”, inicialmente a finales de junio, pero hace unas semanas se apuntaba a julio y el pasado jueves, el Gremio de Libreros de Cataluña no descartó ya que fuera en octubre. Digerida esa celebración en diferido, la polémica ha estallado ahora en cómo comercializar los libros que puedan adquirirse online el propio 23 de abril y que, debido a la precariedad económica del sector tras cuatro semanas de paralización, lo ha escindido entre los que mantienen el reparto de libros a domicilio y los que defienden que solo puedan recogerse en las librerías cuando estas reabran.

Tras los reproches tácitos entre ambas posturas está también el gran temor de editoriales y librerías pequeñas e independientes al colapso económico total, en muchos casos faltadas de músculo para mantener un fuerte canal de e-commerce estas semanas de confinamiento, como sí muestran las iniciativas de grandes grupos editoriales y de distribución comercial. Son los casos de Planeta (a través de su cadena de librerías Casa del Libro, muy fuerte en ventas online, y con distribuidora propia, Logista Libros) o Penguin Random House (también con distribuidora propia y que, tras permanecer cerrada al principio de la crisis, ofrece ahora llevar los ejemplares a domicilio), junto a grandes tiendas como Amazon, FNAC o El Corte Inglés.

Con información de Gregorio Belinchón, Raquel Vidales, Andrea Aguilar, Jesús Ruiz Mantilla, Carlos Marcos y Carles Geli.

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