Internacional

La conservadora Amy Barrett se perfila como candidata de Trump al Supremo, según la prensa de EE UU

La juez Amy Barrett, en una imagen de archivo.
La juez Amy Barrett, en una imagen de archivo.MATT CASHORE/NOTRE DAME / Reuters

Con 48 años de edad, Amy Coney Barrett podría convertirse en la juez más joven del Tribunal Supremo y en la quinta mujer en la historia de la máxima Corte de Estados Unidos, según informa este viernes la prensa norteamericana. Para los republicanos, Barrett es la candidata ideal para un cargo vitalicio que se encarga de interpretar la Constitución. A este respecto, Barrett -como sucedía con el fallecido Antonin Scalia, para quien la letrada trabajó más de 10 años- se define como una “originalista” o “textualista”, aquellos que persiguen la filosofía que contempla de forma estricta los textos de la Constitución y tratan de aplicar en sus sentencias la intención original que tuvieron sus artífices en 1787. La joven juez pertenece a la Sociedad Federalista, la organización judicial conservadora que ha sido fundamental a la hora de influenciar a Donald Trump a la hora de elegir jueces para el Supremo.

Si la Casa Blanca confirma mañana sábado el nombramiento de Barrett, el presidente habrá forzado la mano del Senado de mayoría republicana -complaciente con la idea- para lograr su nominación antes de las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre, alterando para muchas décadas la composición ideológica de la Corte. Y tan solo habrá pasado una semana desde que falleció la icónica Ruth Bader Ginsburg. La batalla política será a cara de perro e incendiaria.

En un clima de polarización social como nunca había vivido antes este país, el Tribunal Supremo, garante de la Constitución y del equilibrio ideológico del sistema, se ha convertido en el último frente de lucha política de un político sin escrúpulos como Donald Trump. Recordad que la fallecida Ginsburg pidió como deseo en su lecho de muerte que su sucesor fuera nombrado ya por el nuevo presidente que salga de las urnas en noviembre.

Devota católica, cuando fue nominada para el actual puesto que ocupa dentro de la corte de apelaciones del Séptimo Circuito en Chicago, la magistrada vivió un duro proceso de confirmación en 2017 al considerar el Comité Judicial que no le quedaba muy claro si Barrett sería capaz de separar sus fuertes convicciones religiosas de la rigurosa aplicación de la ley. Barrett es miembro de un particular grupo conservador de fe cristiana conocido como People of Praise. Según reportan varios medios de comunicación, entre ellos The New York Times o Newsweek, este colectivo tiene entre sus enseñanzas que es “el marido el que debe asumir toda la autoridad dentro del hogar”.

De ser confirmada para pertenecer al selecto estamento que se ha convertido en las últimas décadas en una especie de tercera cámara, un árbitro de disputas irresolubles, Barrett sería el sexto miembro católico de la Corte, habiendo sido todos menos Sonia Sotomator nombrados por presidentes republicanos. El juez Neil Gorsuch creció en el catolicismo pero hoy es episcopaliano .Y los otros dos jueves, Stephen Breye y Elena Kagan, son judíos.

No es esta la primera vez que Barrett es considerada para el puesto. Cuando en 2018 se jubiló el juez Anthony Kennedy, el presidente Trump consideró a Barrett. Pero dicen quienes conocieron los entresijos de aquel momento que la entrevista con el magnate no fue bien. La juez tenía conjuntivitis, lo que le obligó a llevar gafas oscuras durante el encuentro con el mandatario. “Sin duda no estaba en su mejor día”, dice una fuente citada por la cadena pública de radio NPR que prefirió guardar el anonimato.

Sin embargo, los encuentros en la Casa Blanca con el mandatario parecen haber ido mejor esta semana (a juzgar por la eventual nominación). Barrett ha recibido incluso la bendición del todopoderoso Mitch McConnell, el líder de la mayoría en el Senado, quien ve en la mujer un currículum conservador a prueba de bombas para poder remodelar la ley y la sociedad norteamericana por muchos años en adelante.

La antítesis de Ginsburg

En opinión de Chuck Schumer, líder de la minoría en el Senado, Barrett “defiende todas las cosas a las que era contraria Ruth Bader Ginsburg”. Y apunta algo más el demócrata de Nueva York: “Muchas cosas sobre la que la gran mayoría del pueblo americano no está de acuerdo”.

Nacida en Metairie, un suburbio de Nueva Orleans (Luisiana), Barrett está casada con el abogado Jesse Barrett y es madre de siete hijos, uno de los cuales tiene síndrome de down y otros dos fueron adoptados en Haití. La muerte de Ginsburg y la celeridad con las que la Casa Blanca pretende reemplazar a la juez progresista hace temer sobre el futuro de la sentencia conocida como Roe versus Wade, que en 1973 estableció que la Constitución de EE UU garantizaba el derecho a poner fin a un embarazo no deseado. El hecho de que Barrett sirviese bajo la tutela de Scalia muchos años da una idea del ideario sobre el aborto que abandera Barrett.

De la misma manera que Roe peligra con una mayoría ultraconservadora en el Supremo, el futuro de la ya bautizada como Obamacare también podría estar en riesgo con el nombramiento de Barrett. La máxima corte, de hecho, tiene previsto en su agenda un tercer asalto a la ley la semana después de la elección presidencial.

Los más críticos consideran que la letrada no ha sido juez el tiempo necesario como para poder desarrollar una voz propia al respecto, y más considerando que accedería a la máxima institución judicial de la nación. Pero la muerte de Ruth Bader Ginsburg ha servido en bandeja -de forma oportunista- a los republicanos la posibilidad de sustituirla por un elemento conservador que decante definitivamente el Supremo a un 6-3, con jueces afines al conservadurismo ideológico y religioso.

Suscríbase aquí a la newsletter semanal sobre las elecciones en Estados Unidos

Leave a Reply