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La causa que unió a la ciencia mundial (antes de la covid)

La historiadora Andrea Wulf en 2016, durante una visita a Madrid.
La historiadora Andrea Wulf en 2016, durante una visita a Madrid.Samuel Sanchez

Científicos de naciones rivales, y a veces directamente enfrentadas, por encima de las fronteras y de los conflictos, de sus propios reyes y gobiernos, de sus intereses geográficos, se reúnen para una causa común que implica a toda la humanidad. No, no se trata de la búsqueda de la vacuna contra la covid-19, sino de algo que ocurrió en el siglo XVIII: el esfuerzo colectivo para medir la distancia entre la tierra y el sol, que la historiadora Andrea Wulf retrata en su último libro publicado en España, En busca de Venus (Taurus). Wulf, que alcanzó un éxito internacional con La invención de la naturaleza, su premiada biografía de Alexander von Humboldt, reconstruye aquella hazaña colectiva en la que percibe indudables paralelismos con la lucha global contra pandemia.

“Aquella fue la primera vez en la que la comunidad científica internacional trabajó de forma conjunta y global”, explica Andrea Wulf (Nueva Delhi, 1972) por teléfono desde una casa campestre en Alemania, donde ha pasado gran parte de la pandemia, aunque su residencia habitual está en Londres. “Para mí en ese momento empieza la aldea global. Ahora mismo nos apoyamos en esos astrónomos. Y es sin lugar a dudas la fundación de lo que está ocurriendo ahora mismo con la vacuna. Se trata de una red parecida a la que hemos establecido ahora, que transciende agendas nacionales. Todos los países quieren tener la vacuna para su gente, pero para lograrlo todo el mundo tiene que trabajar de forma conjunta, que es lo mismo que hicieron los astrónomos. Superaron las fronteras nacionales, las diferencias religiosas, incluso trabajaron juntos durante una guerra, y compartieron los resultados. Y, solo después, los sentimientos nacionales se hicieron más fuertes. Cada Estado quiso vender que había sido el primero en calcular la distancia con el Sol. Creo que con la vacuna pasará lo mismo: una vez que se alcance comenzarán las discusiones para encontrar a los privilegiados que sean los primeros en probarla”.

Santo Grial de la astronomía

En busca de Venus (traducido por Joaquín Chamorro Mielke) relata dos tránsitos de Venus, un fenómeno astronómico muy raro, que se produce cada siglo. En este caso, el primero fue en 1761 y el segundo en 1769. El tránsito es el momento en que el planeta atraviesa la cara del Sol y es visible como un punto negro. Midiendo el tiempo durante el que se prolonga este fenómeno se puede calcular la distancia entre el Sol y la Tierra. Fue una idea que propuso el gran astrónomo británico Edmond Halley en 1716. Así describe Wulf en su libro aquel momento fundacional para la cooperación científica internacional: “Cuantas más personas participaran, mayor era la probabilidad de éxito. No bastaba con observar el paso de Venus desde Europa; los astrónomos tendrían que viajar a lugares remotos. Y solo si combinaban sus resultados podrían lograr algo que hasta entonces había sido casi inimaginable: una medición matemática de las dimensiones del sistema solar, el Santo Grial de la astronomía. La llamada de Halley halló respuesta: cientos de astrónomos se sumaron al proyecto. Fue un momento crucial para el inicio de una nueva era en la que el hombre trató de entender la naturaleza utilizando la razón”.

Esta entrevista fue realizada primero en el Hay Festival de Cartagena de Indias, en Colombia, a finales de enero de 2020, cuando la pandemia era una amenaza lejana. En los aeropuertos empezaban a verse a viajeros o policías con mascarilla, pero eran la minoría. Pocos científicos intuían entonces que aquella enfermedad ya había desbordado las fronteras de China y avanzaba desbocada por el mundo. De hecho, Wulf pensaba volver en primavera a Colombia para la Feria del Libro de Bogotá, pero todos los planes se vieron interrumpidos. Su libro iba a salir en marzo, pero se retrasó hasta septiembre. En aquella primera entrevista, las reflexiones sobre los esfuerzos comunes de la ciencia se centraban en la lucha contra el cambio climático y la indignación de la historiadora ante el Brexit. Como alemana residente en Londres desde hace décadas, se sentía varada en tierra de nadie, fuera de la UE. La entrevista se completó en octubre por teléfono en mundo totalmente diferente (salvo porque el Gobierno de Boris Johnson sigue sin aceptar un acuerdo para el Brexit al que se comprometió).

“Es interesante ver que, por una vez, los políticos están escuchando a la ciencia”, explica la investigadora. “Vivimos un momento insólito en el que se toma en serio a los científicos, pero la pregunta es si se los tomarán también en serio con respecto a otros problemas. Ojalá ocurriese lo mismo con el cambio climático, porque los investigadores han demostrado lo que está ocurriendo desde hace mucho tiempo y los políticos no les han escuchado. Ahora sí lo están haciendo; pero a causa del coronavirus. Dudo mucho que cumplan sus promesas de reconstruir apoyándose en una economía verde. Una pandemia nos afecta de forma muy directa, por nuestros seres queridos enfermos o porque nosotros mismos tenemos miedo de enfermar, pero el cambio climático a largo plazo será mucho más devastador para todos nosotros”.

Los libros de Wulf se centran en el nacimiento de la ciencia moderna, a través de su relato de la vida de Humboldt, de la creación de los grandes jardines botánicos –The Brother Gardeners, todavía no traducido– o de la medición del tránsito de Venus, “un acontecimiento que se prolongó durante seis horas y que movilizó a más de 200 investigadores, que viajaron por todo el mundo”. “Luego, volvieron a sus países, compartieron sus cálculos. Cientos de cartas recorrieron el planeta de un lado a otro y llegaron a medir la distancia entre el Sol y la Tierra de una forma bastante cercana a la que conocemos ahora. Todas nuestras colaboraciones científicas siguen ese mismo patrón”, señala.

La tesis de Wulf sobre Humboldt es que fue el primer científico que comprendió que los ecosistemas funcionan como un todo –de ahí el título de su libro, La invención de la naturaleza– y cree que esa misma teoría está ahora más vigente que nunca, por el cambio climático, pero también porque la emergencia del coronavirus responde a esa misma quiebra de la relación de nuestra especie con el mundo natural. Y la historiadora cree que esto es solo el principio: “Ahora mismo se está produciendo un cambio enorme, porque ya no pensamos que la siguiente generación vivirá mejor que la nuestra. Y se ha revertido la idea de progreso como algo positivo: cuando pienso en mi hija y en la generación de mi hija, que tiene ahora 29; y en la generación de Greta Thunberg, padecen una incertidumbre sobre el futuro mucho más profunda que la nuestra. ¿Y si somos la última generación que tuvo una vida muy buena?”. Solo una nueva búsqueda de Venus, un esfuerzo científico internacional apoyado por los políticos, se interpone entre ese negro futuro y la humanidad.

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