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La casa de los Peláez | Capítulo 6: Los asesores de la Zarzuela

Enrique Flores

Os preguntaréis si Miriam entró en ese pendrive y la respuesta, ya os lo adelanto, es no. Alentada por la fidelidad a la que empuja el amor, Miriam había resistido la poderosa fuerza de la curiosidad y ocultado celosamente la memoria USB en un lugar de la casa de sus padres que prefiero mantener en secreto porque yo también soy partidario de respetar la voluntad de las personas amadas. Y también porque podría ser que alguno de vosotros, aprovechando el ocio forzado al que nos obliga este confinamiento infernal, diera en matar el tiempo haciendo averiguaciones sobre la familia Peláez hasta encontrar el perfil de alguno de sus miembros en las redes sociales.

Nada hubiera deseado más Iván que recibir hoy por Instagram un mensaje vuestro con instrucciones precisas sobre el paradero del pen. En vano había intentado él que su hermana lo conectara a la computadora de sobremesa para acceder a su contenido, pero ella se había mantenido firme a la palabra dada. Por eso, ahora que Miriam ha abandonado el hogar para cumplir la misión de adquirir medicinas y protecciones, él troca la encomienda de recoger la cocina por la búsqueda frenética de la memoria portátil.

Ajena a la febril actividad de su hermano y también, por qué no decirlo, muy segura del lugar elegido para mantener el preciado objeto fuera de su alcance, Miriam se dirige a la farmacia de la esquina, en lo que acaso constituya su última salida de casa en mucho tiempo. Se diría que la popular barriada manchega donde reside, poblada otrora de pícaros y buscavidas, se ha vuelto por vía de encantamiento una nueva Utopía donde las gentes son capaces de formar una ordenada hilera, de separarse unas de otras y sobre todo de guardar silencio, sin reclamar para sí privilegios ni recurrir a engaños o añagazas para colarse.

Cuando a Miriam le llega el turno y puede formular su pedido, un mozo de botica, embozado tras una mascarilla que solo deja ver unas cejas extraordinariamente pobladas y unos ojos diminutos y extraviados tras unas gafas de miope, le informa de que las existencias de guantes, mascarillas y alcohol de 72º se han agotado, y de que en ese momento solo puede proveerle de píldoras de paracetamol e ibuprofeno.

—Y también puedo dejarle mi teléfono, señorita Peláez —le dice el supuesto farmacéutico mientras le tiende un paquetito con las medicinas y una tarjeta de visita—, por si usted o algún miembro de su familia encuentra cierto objeto que nos pertenece. En ese caso le recomiendo que se ponga en contacto con nosotros a la mayor brevedad. Estamos por todas partes. Uno de mis hombres, o yo mismo, se desplazará hasta su domicilio con el fin de recogerlo y ahorrarle a usted molestias. Nos gustaría sobre todo eso: ahorrarle molestias.

Miriam, que tras recoger el pedido ha echado a correr como alma que lleva el diablo, solo se detiene al guarecerse en su portal; y es allí, al amparo de los buzones, donde se siente capaz de leer la tarjeta, cuya inscripción en hermosa letra humanista dice:

LÓPEZ & LÓPEZ LTD.

CROWN ADVISORS /ASESORES DE LA CORONA

MADRID, LONDON, LUXEMBOURG

Mañana, capítulo 7: Separémonos todos

Antonio Orejudo es escritor. Autor de Ventajas de viajar en tren, recientemente adaptada al cine, sus últimos libros son Los cinco y yo (Tusquets, 2017) y Grandes éxitos (Tusquets, 2018).

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