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La Casa de Alba espera la llegada de una nueva duquesa

La Casa de Alba tiene una camino un nuevo heredero, en este caso una heredera. Fernando Fitz-James Stuart, primogénito del actual duque, y Sofía Palazuelo esperan su primer hijo para el otoño, según informan las revistas Semana y ¡Hola!. La pareja se casó el 6 de octubre de 2018 en el Palacio de Liria de Madrid, una cita que congregó a representantes de la vida social y económica del país. La niña se convertirá en el futuro en duquesa de Alba ya que la reforma en la ley de sucesión de títulos nobiliarios ha suprimido la prevalencia al varón sobre la mujer. La única duquesa hasta ahora en la Casa de Alba fue Cayetana, que al ser hija única llevó este título.

Fernando Fitz-James Stuart es un gran desconocido. Muchas fotos en las revistas pero ni una sola declaración. El actual duque de Huéscar, título que llevan los herederos de los Alba, no tuvo una infancia fácil. Sus padres se separaron siendo todavía un niño. Su madre, Matilde Solís, sufrió una gran depresión que como ella misma ha desvelado le llevó a intentar suicidarse. Luego, durante el posterior tratamiento psicológico al que se sometió, asegura que padeció abusos por parte de su psiquiatra, Javier Criado. Durante mucho tiempo fueron él y su hermano Carlos quienes cuidaron de ella y del menor de la familia, Borja, nacido de un segundo y breve matrimonio de su madre con el empresario sevillano Borja Moreno. Pero la proximidad con su madre no impidió al actual duque de Huéscar, título que heredó cuando su padre se convirtió en jefe de la Casa de Alba, estar también muy unido a su progenitor. Fernando, de 30 años, parece un heredero diseñado para el papel que le va a tocar desempeñar: discreto, amante de la familia, buen gestor y experto en arte.

Estudió en el colegio Nuestra Señora de los Rosales. Luego se decidió por el Derecho y el Marketing, materias que complementó con dos másteres. Mientras cursaba uno de ellos, en el College for International Studies (CIS), conoció a su ahora esposa, Sofía Palazuelo. Pero además de esta sólida formación, el joven duque es un gran amante del arte, un valor necesario para algún día poder gestionar el valioso patrimonio de los Alba. De hecho ayuda a su padre en Euroexplotaciones Agrarias, una de las empresas dedicadas a gestionar sus terrenos. Además, es administrador solidario de Mibor Inversiones, una sociedad de inversión inmobiliaria también liderada por su padre y en la que su madre, Matilde Solís, es administradora.

De su abuela no ha heredado el carácter abierto y jovial pero sí algunas de sus costumbres, como escaparse a Sevilla siempre que puede. Allí vive también su familia materna, los Solís, toda una institución en la ciudad. Por ello, cuando la duquesa de Alba hizo el reparto de sus bienes quiso que el Palacio de las Dueñas fuera para él. “Es tan sevillano como yo y ya que será jefe de esta casa un día, sabrá cuidarlo como nadie”, argumentó la duquesa para explicar tal deferencia ante sus otros nietos.

Su afición por el arte fue una de las cosas que unió a la pareja. Sofía Palazuelo,, tras licenciarse en Márketing y Comunicación en el Emerson College y cursar parte de la carrera en Estados Unidos, se dedica a este mundo de manera profesional trabajando con su madre en Around Art, una empresa que se dedica a proporcionar experiencias artísticas en colecciones particulares, en museos a puerta cerrada, entre otras.

Su padre, Fernando Palazuelo, es sobrino del pintor y escultor Fernando Palazuelo y él mismo pronto enfocó su trayectoria profesional —centrada en el sector inmobiliario— en la rehabilitación de edificios históricos, que compraba, reconstruía y volvía a vender para que tuvieran una segunda vida. Su tía paterna es la diseñadora Teresa Palazuelo, especializada en vestidos de novia y quien realizó el de su sobrina.

Su madre siempre se ha relacionado con el mundo del arte. En su juventud fundó, junto a su entonces marido, una galería —Arte Express— en Madrid. Un lugar para jóvenes artistas que no tenían acceso a las que solo tenían ojos para las firmas ya consolidadas. Después, cuando la familia se estableció en Palma de Mallorca, donde vivieron casi 20 años, fue conservadora y gerente del Museo Español de Arte Contemporáneo de la Fundación Juan March en Palma y organizó durante seis años el programa de coleccionistas de ARCO. Después llegó la separación del matrimonio, el traslado del padre a Lima (Perú) para continuar allí con sus negocios y reiniciar su vida sentimental. El resto de la familia volvió a Madrid y la matriarca creó la empresa con la que organiza viajes culturales que incluyen el acceso a las colecciones más importantes del mundo o visitas a casas y palacios exclusivos.

La pareja lleva una vida muy discreta y apartada del foco mediático.

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