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La campaña demócrata vive este martes un pulso crucial entre Biden y Sanders

Sanders y Biden, durante el debate de este domingo.Sanders y Biden, durante el debate de este domingo.-/CNN via Zuma Wire /dpa (Europa Press)

La campaña electoral en Estados Unidos ha entrado en un territorio nunca antes explorado debido a la epidemia del coronavirus y la incertidumbre que esta crisis ha generado en todos los ámbitos. Tras el último debate demócrata entre los dos candidatos viables de ese partido y las nuevas primarias en cuatro importantes Estados este martes, la nominación demócrata podría quedar sellada para Joe Biden en perjuicio de Bernie Sanders. El pulso que se vivirá en Florida, Arizona, Ohio e Illinois será crucial. El exvicepresidente de Barack Obama tiene una ventaja de más de 20 puntos en los sondeos nacionales y de más de 40, por ejemplo, en las encuestas realizadas en Florida.

No se sabe hasta qué punto la contienda entre Biden y Sanders está quedando eclipsada por la emergencia nacional y la crisis global que ha dictado el coronavirus. Hasta la fecha, dos primarias, las de Luisiana y Georgia, han sido aplazadas por razones de seguridad. El Centro de Prevención y Control de Enfermedades (DCD, siglas en inglés) ha solicitado que se mantengan las reuniones por debajo de las 50 personas, lo que puede complicar mucho el voto de este martes, que de momento sigue en pie, aunque el gobernador de Ohio, el republicano Mike DeWine, ha pedido que se posponga.

Si hasta ahora, y como ha sucedido durante décadas, los candidatos zigzagueaban de Estado a Estado cruzando el país de costa a costa para estar presentes entre sus votantes, el Covid-19 ha puesto la campaña electoral en modo virtual en todo el país. Sin un solo acto público, Florida podría darle la victoria casi final a Biden al lograr una buena parte de los 248 delegados y superdelegados de ese Estado que se sumarían a los 885 que ya ha acumulado y que le mantienen como favorito tras un inicio de campaña más que decepcionante. En Illinois se reparten 184 delegados, 153 en Ohio y 78 en Arizona. El número mágico para lograr la nominación es 1.919. Sanders cuenta hasta la fecha con 739.

Según una encuesta de Univision, Biden le lleva también una sólida ventaja a Sanders en las primarias de Arizona, con un 51% de los demócratas registrados para votar en dicho Estado dándole su apoyo, frente a un 34% que se inclinan por el senador por Vermont. En Ohio, la encuestadora Emerson apunta a un 57% de intención de voto para el exvicepresidente, un 35% para el senador y un 12% para la congresista Tulsi Gabbard, candidata que sorprendentemente insiste en seguir en la carrera aunque su papel es residual. En Illinois se prevé una victoria de Biden con un rango de apoyo entre el 57 y el 63%, según las distintas encuestas.

Biden había planeado dar mítines en Tampa y en Miami, pero todos quedaron cancelados. Se harán “eventos virtuales” que todavía están por definir, a menos de 24 horas de que se inicien las primarias en ese Estado este martes. Sanders también planeaba un “encuentro digital” en el que participaría el músico Neil Young.

El que fue el primer debate cara a cara en el que se probaría la altura de estadista del candidato se llevó a cabo el pasado domingo con el planeta sumido en una crisis histórica. Dos hombres con edades consideradas dentro del grupo de riesgo, de 77 y 78 años, tenían más que nunca la misión de probar que estarían a la altura del cargo si resultaban elegidos para dirigir el país. Por eso, cada uno de ellos intentó en toda la primera parte del debate, centrada en la pandemia, conducir la discusión sobre el coronavirus hacia territorio conocido. Biden insistió una y otra vez en su experiencia durante la Administración Obama y el manejo de la crisis del ébola y Sanders promovió la idea central de su programa sobre la sanidad universal.

Si en algo estaban de acuerdo ambos políticos era en criticar la respuesta que el presidente Trump ha tenido frente a la crisis del coronavirus. Sanders recomendó al mandatario que se callara y escuchara a los expertos y Biden dijo que era como estar en “una guerra”. Si Sanders empleó una generalidad cuando se le preguntó directamente qué haría para contener el virus y dijo que usaría “todas las opciones que tienen sentido”, Biden fue tajante al afirmar que sacaría “de inmediato a los militares a la calle”, ya que en su opinión eran ellos los que pueden proporcionar la ayuda inmediata que necesitan los hospitales.

Debatir en tiempos de coronavirus se convirtió en todo un reto. El lugar del cara a cara se trasladó de Phoenix (Arizona) a la ciudad de Washington para evitar viajes innecesarios. No se permitió la presencia de público en el plató de CNN en el que los contendientes guardaban una prudente distancia de casi dos metros.

Conscientes de que eran observados, su primer gesto fue suprimir el consabido apretón de manos y cambiarlo por el ya significativo choque de codos. (Aunque en un momento determinado, las cámaras recogieron cómo Biden tosió y lo hizo sobre su mano, no sobre el codo como indican los manuales sanitarios). Era la mayor representación de que el miedo y la prudencia tiñe todo. El virus nacido en China ha acabado ya con la vida de 66 estadounidenses y afectado a cerca de 3.000. Las cifras en el resto del mundo se elevan a más de 6.600 personas muertas y más de 172.000 infectadas.

Era este el onceavo debate demócrata y en prácticamente todos los anteriores Biden había representado un pésimo papel, acorde con sus resultados en las encuestas y en los primeros caucus y primarias, cuando Sanders parecía el candidato a la nominación indiscutible. Ese escenario cambió hace más de dos semanas. En las primarias de Carolina del Sur y en el famoso Supermartes. Biden ha ganado 15 de los 20 Estados en los que se ha votado en el mes de marzo y las encuestas le dan una ventaja de entre 20 y 40 puntos de ventaja sobre Sanders en los Estados que votan este martes: Florida, Arizona, Ohio e Illinois.

Fue una buena noche para Biden, su equipo de campaña podía respirar tranquilo porque el exvicepresidente no tuvo ninguna pifia respecto a datos o salidas de tono. Aunque Sanders logró ponerle contra las cuerdas y situarle a la defensiva cuando le cuestionó su pasado sobre temas como la seguridad social, el aborto o la guerra de Irak durante sus años en el Senado. Biden contraatacó criticando la defensa de las armas que el senador de Vermont ha hecho en varias votaciones en el Capitolio y su defensa de regímenes dictatoriales como la Cuba de Castro, la Nicaragua sandinista o su defensa de un país que viola los derechos humanos como China.

Ambos hombres se comprometieron ―Biden con mayor contundencia y claridad― a apoyar al que finalmente sea el candidato demócrata a competir por la Casa Blanca en 2020. Ambos dejaron claro que el enemigo a batir es Donald Trump. Sanders añadió que hay que refundar América, “lejos de la avaricia y las corporaciones”. Biden declaró que el pueblo no quiere la revolución que ofrece Sanders, sino resultados. El exvicepresidente de Obama finalizó su intervención situándose por encima de la riña política para declarar la importancia de esta elección, “más grande que ninguno de nosotros”. El algunos momentos, se echaron de menos los aplausos del público.

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