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La apuesta de Pedri

Pedri, defendido por Kristoffer Olsson.
Pedri, defendido por Kristoffer Olsson.Alejandro Ruesga

Los casi 30 grados que marcaban a las nueve de la noche los termómetros en Sevilla provocaron que de la frente de Pedri resbalara un molesto reguero de sudor. La flama, abajo en la hierba, elevaba la sensación térmica de calor. La alineación de inicio del volante azulgrana confirmó la apuesta que Luis Enrique ya insinuó en la convocatoria de marzo. Con 18 años y 201 días, su titularidad supuso que se convirtiera en el jugador español más joven en disputar una fase final de un gran campeonato. Hasta ayer, Miguel Tendillo, que disputó la fase final de la Eurocopa de 1980 con 19 años y 132 días, ocupaba ese lugar en la historia de La Roja. En esta Eurocopa, a Pedri se le ha adelantado en 207 días el inglés Jude Bellingham tras su debut el domingo ante Croacia, con 17 años y 349 días.

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En una selección que juega sin mediapunta, el futbolista canario es para Luis Enrique lo más parecido con lo que cuenta en la lista de 24 jugadores. Intuía el seleccionador español a un rival encerrado y se la jugó con el volante azulgrana para sumar a Koke otro jugador de buen pie para bailar por delante de Rodrigo.

No se equivocó Luis Enrique al pensar que Suecia iba a arriesgar poco. En ese paisaje, Pedri tuvo bastante protagonismo en el arranque del encuentro. Amenazó con una pared y un desmarque y realizó un par de cambios de orientación. Olsson le dejó un recado la primera vez que Pedri recibió de espaldas. A medida que pasaban los minutos, la incomodidad de Pedri con el pelaje que cobraba el partido fue en aumento. Las estadísticas llegaron a registrar un 88% de posesión de la Roja. Un cabezazo picado de Dani Olmo que sacó Olsen con una buena mano, otro disparo lejano del jugador del Leipzig y un mano a mano desperdiciado por Morata favorecieron que Suecia mantuviera su plan de riesgo cero. En el primer tiempo, España también batió otro récord que remitía a la Eurocopa de 1980. El dominio de la pelota español supuso 303 pases en campo contrario. De ellos, 36 fueron de Pedri, que pareció echar de menos una mayor irrupción de Jordi Alba por su izquierda.

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Convertido el partido durante todo el primer tiempo en un monólogo español, Pedri cayó en la misma rutina de pases sin profundidad en la que fueron desembocando uno a uno el resto de los internacionales españoles. Luis Enrique, sentado sobre una nevera en la zona técnica, reclamaba a sus futbolistas una velocidad de balón que no llegó.

En el segundo acto, Pedri tampoco pudo cambiar el fútbol pastoso que embargó ya definitivamente a todo el equipo español. Y en estas, el personal volvió a tomarla con Morata. Un mal remate y un balón perdido desataron otra pitada para el delantero madrileño después de la que vivió en el Wanda Metropolitano. Luis Enrique bajó la mirada a la hierba y meneó la cabeza para desaprobar los silbidos hacia su delantero de cabecera. A falta de un cuarto de hora, Morata fue reemplazado y, de nuevo, los pitos emergieron desde las gradas de La Cartuja. El seleccionador se preocupó mucho de chocar sus manos con Morata, que caminaba cabizbajo camino del banquillo. Tiene tarea Luis Enrique para tratar de recuperar a un futbolista que tiende a derrumbarse anímicamente cuando se siente cuestionado.

Una parte de la afición responsabiliza a Morata del mal que persigue a esta selección. Una vez más, la falta de gol condenó a la Roja. Tampoco Gerard Moreno, en un cabezazo a pase de Sarabia, pudo romper el empate. Aunque la afición pareció entusiasmarse más con el delantero del Villarreal. El debate del gol se ha vuelto a abrir desde el primer día de competición para España.

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