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Kuwait persigue hasta España a un empresario enfrentado con la familia real

Un mural con el rostro del emir Sabah Ahmed al Sabah, en Kuwait.Un mural con el rostro del emir Sabah Ahmed al Sabah, en Kuwait.RAED QUTENA / EFE

La vida de Bashar Kiwan dio un giro inesperado hace menos de un lustro. Este empresario nacido en Kuwait, de padres sirios y nacionalidad francesa, pasó de contar con el favor de la monarquía de su país a caer en desgracia y ser detenido y encarcelado. El lujo y la vida en la jet set del Golfo Pérsico dejaron sitio a las “torturas”, según su relato, antes de conseguir huir a París para refugiarse con su familia. La Audiencia Nacional ha rechazado su extradición a Kuwait al entender que existe riesgo para su integridad.

Kiwan, antiguo magnate de los medios de comunicación y la publicidad, fue detenido en marzo de 2019 en Madrid, adonde había acudido a ver un partido de fútbol entre el Real Madrid y el Barça. En ese momento se activó una orden de búsqueda internacional cursada por su país natal y se inició un proceso judicial para la entrega del que ha salido victorioso, según el auto al que ha tenido acceso EL PAÍS. La decisión judicial, que se puede recurrir ante el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia, cerraría, de confirmarse, la posibilidad de su entrega a las autoridades kuwaitíes.

Los jueces aceptan los argumentos de la Fiscalía y la defensa, contrarios a la extradición del empresario. “Hay un riesgo concreto de que haya tortura [para conseguir una confesión forzada]”, expuso el fiscal Carlos Bautista en la vista de extradición celebrada el 20 de febrero. “Temo de verdad por la vida mi cliente”, subrayó el abogado de Kiwan, Albert Carles Subirats. Sobre todo, añadieron, porque no lo persigue un cualquiera.

En 2017, la justicia de Kuwait le impuso siete años de prisión y de trabajos forzados por un delito de falsificación de documentos. Según la sentencia, el empresario modificó los estatutos de la sociedad mercantil Comoro Gulf Holdings para otorgarse más poder. Esa supuesta operación —que Kiwan niega— habría perjudicado a su socio y máximo accionista, Sabah Jaber Mubarak Al-Sabah, miembro de la familia real. Jaber, que posee el 51% de las participaciones de la compañía, es además el hijo del jeque Jaber Al-Mubarak Al-Hamad Al-Sabah, quien fuera primer ministro hasta hace apenas cuatro meses, cuando renunció al cargo después de que varios escándalos de corrupción salpicaran a miembros de su Gobierno.

Los magistrados de la Audiencia Nacional subrayan en su auto, fechado el pasado 13 de febrero, la “posible existencia de una persecución por parte de las más altas instancias del Estado”, ya que desde su marcha del país se le han abierto numerosos procedimientos judiciales a instancia de su exsocio. Además, la Sala plasma sus “sospechas” de que fuese torturado en su país natal en base a su declaración y a las fotografías aportadas a la causa. El empresario sirio-francés aseguró en la vista que, tras surgir “diferencias” empresariales, perdió el favor de Sabah Jaber y este inició una campaña contra él que incluyó su arresto por los servicios secretos, torturas y su retención en un “sótano” durante 48 días en los que no tuvo acceso a un abogado.

Una larga relación empresarial

Los vínculos entre Kiwan y Sabah Jaber vienen de lejos. El diario The Guardian publicó en 2015 un reportaje donde destacaba que el empresario, que cursó estudios en Francia de joven, aprovechaba este nexo para ampliar y expandir sus negocios. Su vínculo con la familia real le abría puertas y le servía de garantía. El periódico lo relacionó, además, con una operación fraguada en las Comoras para conceder la nacionalidad de este archipiélago del sureste africano a residentes de los países del Golfo Pérsico que necesitaba un pasaporte. Kiwan había ejercido supuestamente de intermediario entre las autoridades de los diferentes Estados.

Kuwait trató de aprovechar estas relaciones mercantiles para conseguir la extradición de Kiwan. El abogado del Estado árabe, personado en la causa a través de su embajada en España, acusó al empresario de presentarse como una víctima cuando, en realidad, se “acercó [al hijo del primer ministro] para hacer negocios por ser quien es”. “No podemos convertir en impunidad el delinquir contra políticos y personas sensibles de cualquier país”, aseguró el letrado en la vista, según fuentes presentes en la misma. También le restó credibilidad a las acusaciones de torturas.

Pero la Audiencia Nacional no lo ve igual. En su auto, los magistrados insisten en que Kuwait no ofrece garantías de que vaya a respetar los derechos fundamentales de Kiwan. Es más, acusan al Estado árabe de plantear una “contradicción en sí misma”, pues se reafirma la condena a trabajos forzados pero se alega que esta no “viola su integridad física”, ni supone “un trato inhumano o degradante”. “Lo cual choca frontalmente con el sistema de derechos fundamentales y libertades garantizado en nuestro ordenamiento jurídico”, subraya la Sección Segunda de la Sala de lo Penal, que insiste en la tesis de que existe una persecución contra él y su entorno. “Su hermano, su cuñado y su chófer se encuentran actualmente en prisión en Kuwait. Su abogado también fue detenido y acusado”. Un dato nada baladí. Según la Fiscalía, este fue el único letrado que se atrevió a defenderle allí.

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