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Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 6)

UN LIBRO: 24/7, de Jonathan Crary

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 6)

¿Han oído hablar del gorrión de corona blanca? Nada que ver con el Covid-19. Es un pájaro que puede volar sin dormir durante 15 días cuando emigra de Alaska al norte de México. El ejército estadounidense lleva años estudiándolo para tratar de aplicar a los seres humanos su síntesis de eficacia y vigilia y prescindir así de una de las armas químicas del siglo XX: la anfetamina. Eso cuenta Jonathan Crary, de la Universidad de Columbia, en este libro de 2013 y de subtítulo revelador: El capitalismo al asalto del sueño. Como las innovaciones militares –piensen en Internet– terminan llegando a toda la sociedad, al soldado insomne bien podría seguirle el trabajador y el consumidor insomnes. ¿Podría?

“Dormir es de perdedores”, afirma el credo neoliberal. Crary parte de ese axioma para atacar la producción y el consumo sin freno. Para ello recuerda hitos como las transferencias bancarias o la televisión como preludio de un tiempo, el nuestro, cuyo modelo de rendimiento es el de las máquinas: non stop. El giro es antropológico, dice, porque la voracidad del mercado resulta “incompatible con cualquier estructura de diferenciación: sagrado/profano, carnaval/día laborable, naturaleza/cultura, máquina/organismo”. La temporalidad 24/7 actúa igual que la publicidad: decreta la “absoluta disponibilidad” y, de paso, el estímulo ininterrumpido de las necesidades, su “perpetua insatisfacción”.

El delirio de un tiempo sin espera está, además, produciendo la atrofia de dos elementos esenciales para la democracia: la paciencia (para esperar tu turno de palabra) y el respeto (para escuchar a los demás). Lo contrario es el monólogo al que tienden las redes sociales y las campañas electorales. Un sistema que opera las 24 horas del día los siete días de la semana, advierte Crary, disuelve la separación entre la información y el entretenimiento, entre lo personal y lo profesional. Feliz teletrabajo. Javier Rodríguez Marcos

24/7. El capitalismo al asalto del sueño. Jonathan Crary. Traducción de Paola-Cortés Roca. Ariel. 142 páginas. Está disponible en ediciones impresa y digital en Todostuslibros, Fnac o Amazon.

UN DISCO: Electric Ladyland, de Jimi Hendrix

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 6)

En tiempos excepcionales uno siempre ha de volver a los discos importantes. No solo a los buenos, o a los clásicos, sino a los que trascienden más allá de su calidad o su idiosincrasia. El mundo era un sitio extraño y emocionante a finales de los sesenta. Algunas cosas estaban cambiando radical y vertiginosamente, y con ellas también lo hacía la música popular. Jimi Hendrix, que ya convulsionó unos cuantos aspectos del rock y la música negra en 1967 con sus dos primeros álbumes, grabó Electric Ladyland en los meses que llevaron del verano del amor hasta el de 1968, en un mundo estremecido por diferentes revoluciones, desde la Primavera de Praga hasta los asesinatos de Martin Luther King y Bobby Kennedy, o la icónica revuelta estudiantil de Mayo del 68 en Francia.

Como una especie de reflejo de ese clima de cambio, Jimi Hendrix creó una obra maestra tan generacional como atemporal, en la que aglutinó como nadie antes rock, psicodelia, blues, pop, jazz o funk, y que hoy suena tan majestuosa y excitante como entonces. Hendrix alternó píldoras pop con rabiosas descargas de frases de blues, magnéticos riffs, ecos de R&B, largos desarrollos instrumentales e incluso la osadía de reinventar a Bob Dylan en una de los pocos casos de la historia del rock en el que la versión es claramente superior al original. El resultado es un disco muy variado que funciona como un viaje, un tránsito que evoca diferentes paisajes acústicos y del que uno siempre vuelve enriquecido. Considerado un álbum denso en su momento por algunos críticos, Electric Ladyland se sitúa en la historia del rock como un clásico durmiente, nunca citado a la altura de los títulos más consensuados, pero sí imprescindible para entender el devenir de la música popular que vino después. Yahvé M. de la Cavada

Electric Ladyland. Jimi Hendrix. 1968. El disco está disponible en Spotify y Apple Music.

UNA PELÍCULA: Súper empollonas, de Olivia Wilde

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 6)

Hoy toca, en este recorrido semanal de películas filosóficas a su pesar, una clase de pensamiento adolescente. Y el mejor retrato de las dudas, alegrías y miserias de esa terrible edad, en la que cada hecho parece un acontecimiento histórico, y en la que se suele vivir sin perspectiva y sin poder contemporizar los sentimientos, es Súper empollonas (2019), el Supersalidos de la nueva generación. No importa que sus dos protagonistas sean listas, que lo son: la adolescencia es como una máquina apisonadora, y al final del instituto las chicas descubren que han pasado demasiado tiempo estudiando y poco disfrutando de esos años, con lo que intentarán reparar ese error en unas pocas horas. Alocadas y con ganas de perder el control.

Más allá de las obvias conexiones entre Súper empollonas y Supersalidos –incluyendo que la protagonista de la primera, Beanie Feldstein, es hermana en la vida real del protagonista de la segunda, Jonah Hill–, en ambas películas se respira un respeto por los chavales, una manera a la vez divertida, tierna, irrespetuosa y sincera de ilustrar los cambios hormonales y mentales de esa etapa. Súper empollonas puede que sea menos graciosa que Supersalidos; sin embargo, va más lejos en su indagación de lo que supone ser una adolescente en el EE UU de hoy día –y por extrapolación, en el mundo occidental–. Incluso en cómo encarar las relaciones sexuales con aplomo, uno de los mayores miedos de esa época.

El guion de Súper empollonas lleva pasando de mano en mano de buenas guionistas desde 2009 (en uno de sus últimos cambios, una de las dos amigas protagonistas se convirtió en lesbiana, y eso mejoró la amplitud del retrato), pero, en el rodaje, la directora Olivia Wilde –sí, la actriz, que gracias a este trabajo se ha ganado un respeto entre los fans de la comedia– pidió a sus dos actrices principales, Feldstein y Kaitlyn Dever (la chica violada en la que nadie confía en la serie Creedme), que se sintieran libres para improvisar, para añadir frases de su propia cosecha que reflejaran lo que ellas mismas sentían. Por eso, Súper empollonas es la gran radiografía de la adolescencia actual. Gregorio Belinchón

Súper empollonas. Olivia Wilde. 2019. La película está disponible en Amazon Prime Video, Movistar + y Filmin.

UNA SERIE: Babylon Berlin

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En los años veinte, el mundo era una fiesta, y Berlín especialmente. Era la ciudad más moderna y viva de Europa. La noche se vivía con libertad y entusiasmo en los cabarets y la cultura estaba en plena efervescencia. En aquellos años de la República de Weimar está ambientada Babylon Berlin, la mayor producción televisiva de la historia en Alemania. Sobre un tapiz de historia policial, sus tres temporadas consiguen recrear la época de actividad frenética y contrastes sociales marcados que sirvió de caldo de cultivo al nacionalsocialismo que pronto se alzaría en el país y pondría fin a la fiesta.

Gereon Rath, un inspector de la policía de Colonia, se une a la unidad antivicio de Berlín para investigar una red de pornografía en el cine. Por su parte, la joven Charlotte Ritter busca sacar adelante a su familia y salir de la pobreza ganándose la vida con trabajos puntuales para la policía mientras que por la noche consigue un dinero extra en un club. Ambos terminarán trabajando juntos en casos en los que la política se revela más importante de lo que parece en un principio.

La gran recreación del espíritu de la época fue posible gracias a un presupuesto de 40 millones de euros para las dos primeras temporadas, que fue posible alcanzar gracias a la colaboración de la cadena pública ARD, la plataforma de pago Sky Tv, la productora X Film Creative Pool y la productora y distribuidora Beta Film. Tres directores alemanes, Tom Tykwer, Achim von Borries y Hank Handloegte, están al frente del guion y la dirección de capítulos con tramas a las que es fácil engancharse, sobre todo si se ven en maratón. Natalia Marcos

Babylon Berlín. Tom Tykwer, Achim von Borries y Hank Handloegte. ARD / Sky TV. Las tres temporadas de la serie están disponibles en Movistar +.

UN CÓMIC: El futuro es brillante

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Están las redes sociales llenas de memes que muestran que la vida de los autores y autoras de cómic apenas ha cambiado con la cuarentena. Anclados a su mesa de dibujo, aislados del mundo exterior y centrados en una hoja blanca de papel. El oficio de dibujar tebeos deja una imagen en apariencia inalterada por la cuarentena, pero que no nos engañe la vista: hay una diferencia importantísima. Los autores y autoras tienen en la viñeta una mágica ventana indiscreta que les permite ver en cualquier dirección, escrudiñar cualquier lugar del mundo para, cual émulos de James Stewart, imaginar las historias que ocurren a través de esas ventanas. Quizás por eso los tebeos son los mejores testimonios de sus épocas, alimentados por esos ojos indiscretos que nos observan sin que seamos conscientes de su omnipresencia.

Es posible que, dentro de unos años, los mejores relatos de las cuarentenas de hoy vengan de esos dibujantes que comienzan a narrar en redes sociales su confinamiento como solo ellos y ellas saben. Nos contarán su vida viñeta a viñeta, y todos nos veremos reflejados en esos dibujos porque somos parte de ellos. En la red se pueden encontrar ya muchos ejemplos, pero les invito a empezar por el Instagram de Elisa Riera, El futuro es brillante. Hasta ahora, la autora contaba su devenir cotidiano, sus problemas sentimentales, sus pensamientos, sus aspiraciones, sus miedos, sus locuras. Desde hace una semana, nos sigue contando su vida, pero encerrada por las cuatro paredes de la viñeta, las mismas cuatro paredes que nos confinan a todos y todas en el resto del planeta. Ella está sola en su viñeta. El resto la tenemos a ella, haciéndonos compañía, asintiendo en la cercanía de un like a sus vivencias de la cuarentena. Álvaro Pons

El futuro es brillante se puede seguir en la cuenta de Instagram de Elisa Riera.

UN VIDEOJUEGO: The Last of Us

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The Last of Us (Naughty Dog, 2013) es un juego que no inventa nada en cuanto a lo narrativo —es una historia de contagio, caos y distopía— ni en cuanto a lo jugable —combate, sigilo, infiltración, recolección—, pero que perfecciona casi todo. En lo narrativo, el tratamiento de personajes es envidiable y la progresión del relato sobresaliente —tanto, que se sitúa a la cabeza de cualquier “historia de zombies”—, y en lo mecánico refina todo lo que se había visto hasta ese momento en el mundo del videojuego. En plata: es una delicia jugar a The Last of Us.

Joel, hombre que pierde a su hija nada más surgir el brote que convierte a la gente en esos inclasificables y aterradores zombies vegetales, y Ellie, la niña que se hace mayor frente a nuestros ojos, protagonizan una aventura (en PS3 y PS4) capaz no solo de redefinir un género, sino de cambiar el curso de la industria. Dos nombres que entran por derecho propio en el olimpo de los grandes personajes y una historia que, hoy mejor que nunca, muestra cómo puede comportarse el mundo (para bien y para mal) frente a la amenaza.

Por si fuera poco, salen jirafas. Específicamente, salen jirafas en el que es uno de los momentos más emotivos, chocantes y maravillosos de la historia reciente no ya de los videojuegos sino de la narración en general. Este año, si el coronavirus no lo impide, llegará a PS4 la segunda parte, que promete romper los récords de su predecesora. Es el mejor momento para recordar aquella historia, coger el mando y volver a vivirla. Jorge Morla

The Last of Us. Naughty Dog, 2013. El juego está disponible para PS3 y PS4.

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