Lo último

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

UN LIBRO: A la puta calle, de Cristina Fallarás

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

Barcelona, una tarde de 2012. Suena el timbre. Abre Lucas (10 años) y Pepa (4) corre a ver quién llega. “Mamá, es un señor”. “Mamá” es la escritora y periodista Cristina Fallarás y el “señor” trae una comunicación del juzgado: los van a desahuciar. Cuatro años antes, en noviembre de 2008, dos meses después de la caída de Lehman Brothers, la habían despedido del diario ADN, del que era subdirectora. Estaba embarazada de ocho meses. Con un sueldo de “3.000 euros limpios al mes” y colaboraciones en radio y televisión, no parecía el tipo de persona destinada a terminar viviendo con sus hijos en una cabaña de una sola habitación en la sierra de Collserola. Pero terminó allí. Antes pasó por todas las fases de lo que ella denomina “miserización” y lo contó en esta crónica en primera persona cuya lectura es más que recomendable ahora que vuelven los tiempos oscuros y alguien va a tomar una decisión: proteger a los más débiles o ampliar más aún la brecha entre ricos y pobres porque el Dios Mercado exige sacrificios humanos. “Gobernar, a veces, es repartir el dolor”, se lee en una de las citas que abre el libro. Lo dijo Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia en 2012, el año en que sonó el timbre.

A la puta calle es un descarnado ejercicio de memoria, economía y política. Es el relato de un desahucio detalle a detalle, pero también un ensayo sobre las prácticas bancarias en los tiempos de la burbuja, sobre la autoexplotación de muchos autónomos de la cultura y sobre el contraste entre las preocupaciones de los políticos –“la rentabilidad del bono”–, las de las madres –“¿Llevaría a comer a sus hijos a un comedor social?”– y las de los niños –“¿Otra vez arroz?”–. Javier Rodríguez Marcos

A la puta calle. Crónica de un desahucio. Cristina Fallarás. Emecé, 2013. Disponible en edición digital e impresa en Todos tus libros, Libelista, Amazon y Fnac.

UN DISCO: Our Ill Wills, de Shout Out Louds

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

Con la celebratoria intimidad de aquel que ha sido golpeado pero no deja de levantarse porque nadie va a decirle lo que puede o no puede hacer, el sonido de Shout Out Louds, ese cruce entre el lado más luminosamente triste de The Cure –sí, Adam Olenius es lo más parecido, vocalmente hablando, a Robert Smith que ha existido jamás– y un huidizo pop encantadoramente percusivo y pluscuamperfecto, acabó de perfilarse en este, su segundo disco, producido por Björn Yttling, de Peter Bjorn and John. Como adentrándose en ese territorio prohibido del pasado más inmediato y aún claustrofóbico –el de las primeras veces de casi todo, como deja claro Parents Livingroom–, el secreto mejor guardado del indie sueco catapultó, con clásicos instantáneos como el poderoso y especialmente adecuado para estos días en los que el futuro es incierto Impossible, su barroquismo de raíz ochentera y noventera y sus riffs primorosamente naïfs. Hay profundidad (el propio, e instrumental, Ill Wills), súplica musculosa (Time Left For Love) y, sobre todo, una irrefrenable pasión (Your Are Dreaming) en un disco que marcó un antes y un después en su trayectoria.

Con homenaje a The Smiths incluido –su lacónico y susurrante Meat is Murder funciona como una advertencia a aquello que, en realidad, no deberíamos contar–, y un complejísimo despliegue que evidencia una vez más el don del pop sueco para hacer que parezca fácil lo difícil –es decir, un don para el hit, por más indie que este sea, casi mefistofélico–, los de Olenius nos invitan a situarnos en el epicentro de una ruptura en la que los lamentos se sustituyen, de una nota a la siguiente –y, también, de un corte a otro– por una euforia contenida que es euforia al fin y al cabo. Una euforia liberadora, que hoy necesitamos más que nunca. Laura Fernández

Our Ill Wills. Shout Out Louds. Bud Fox/Sony, 2007. El disco se puede escuchar en Spotify y otras plataformas.

UNA PELÍCULA: Porco Rosso, de Hayao Miyazaki

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

Él es un veterano piloto de la Primera Guerra Mundial, que afronta los años 30 del pasado siglo con su lustroso aparato, completamente rojo, un hidroavión con el que sobrevuela la costa adriática. Su nombre es Marco Pagot, con el que Hayao Miyazaki –dios de la animación en la tierra y un fanático de la aviación, como subraya su última película, El viento se levanta– homenajeaba a una familia de animadores italianos (el resto de los personajes también usa nombres de personajes reales, de grandes pilotos italianos de la Gran Guerra). Pagot añora unos tiempos en los que montarse en un avión era ya de por sí una proeza, años en los que ser aviador dejaba a la gente con la boca abierta (la película emparenta, en ese mensaje, con The Right Staff, que en España se estrenó como Elegidos para la gloria). Pero aún habita una época en la que vivir aventuras era el culmen del éxito: lucha contra piratas aéreos (muy del estilo de los estudios Keystone), siente cómo sus pasos son escrutados por los fascistas que han alcanzado el poder en Italia, coquetea con las mujeres y el alcohol… En su alma también reside Saint-Exupéry. Y en el corazón de la película, diversos mensajes antitotalitaristas y sociales: la canción que interpreta el personaje de Gina, Les temps des cérises, es un himno de la Comuna de París.

Y aún no hemos llegado a lo mejor. Por culpa de una maldición, Marco Pagot es un cerdo antropomórfico, y por eso le llaman Porco Rosso, bautizando de paso el filme de 1992. No se necesitan mayores explicaciones. Así es la vida y así es aceptada. Solo entre las nubes, alejados de la podredumbre que mancha lo que acontece en la tierra, se encuentra la libertad. El resto son bagatelas. Gregorio Belinchón

Porco Rosso. Hayao Miyazaki. 1992. La película está disponible en Netflix.

UNA SERIE: Succession

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

No hay mejor plan para un día de cuarentena que adentrarse en las miserias de los ricos. Los dardos que se lanzan en la familia Roy son mucho más afilados y llegan más lejos que los que vuelan en las cenas Nochebuena o en los hogares tras más de un mes de confinamiento. Eso sí, para ellos el encierro y la distancia social no serían un gran problema en sus enormes mansiones. Este drama (con altas dosis de comedia ácida) de HBO no está protagonizado por unos ricos cualquiera, sino por multimillonarios. Por eso, la sucesión del imperio mediático que maneja Logan Roy, padre de cuatro hijos a cada cual más despreciable que el otro, se convierte en una guerra en la que todo vale.

Nadie está libre de pecado en esta serie, una mezcla de tragedia shakespeariana y sátira despiadada que resulta de lo más divertido y adictivo que se ha emitido en la televisión reciente. Todos sus personajes son odiosos y están fantásticamente interpretados por un grupo de actores (Brian Cox, Jeremy Strong, Kieran Culkin, Sarah Snook, Matthew Macfayden…) que se nota cómo se divierten mientras ruedan. De hecho, durante la grabación son habituales las improvisaciones y los cambios de escenas sobre la marcha bajo la batuta de su creador, Jesse Armstrong, un autor curtido en la sátira política de The Thick of It y responsable de uno de los mejores episodios de Black Mirror, Toda tu historia. Tanto el guion como el tema musical principal, una pieza llena de energía con varios pianos desafinados superpuestos compuesta por Nicholas Britell, tienen ya sendos premios Emmy, y la segunda temporada logró el Globo de Oro al mejor drama del año con la crítica mundial rendida a sus pies. Natalia Marcos

Succession. Jesse Armstrong. HBO. 2018. Las dos temporadas de la serie se pueden ver en HBO España.

UN CÓMIC: Nellie Bly, de Carlos Correia y Montse Mazorriaga

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

Es indudable que el consumo cultural online está ayudando a aliviar los rigores del confinamiento. En el caso del libro y el cómic, a diferencia de lo que ocurría en el audiovisual, el consumo digital era un mirlo blanco mil veces anunciado que nunca había terminado de despegar ni consolidarse, pero la necesidad impuesta y la increíble generosidad de la industria editorial y los autores y autoras a la hora de compartir contenidos gratuitamente puede favorecer que se rompan las resistencias que existían a la lectura en dispositivos digitales. Un cambio que pueden aprovechar las plataformas de lectura online ya existentes, que asimilan los mecanismos de funcionamiento de otras famosas plataformas digitales de música y televisión. Para el mundo del cómic, una de las experiencias pioneras en este sentido ha sido Tebeox, que pone a disposición del público un amplio surtido de cómics para lectura en app de dispositivos móviles (iOS y Android) mediante suscripción o gratuitamente con publicidad. Su catálogo es heterodoxo y variado tanto en géneros y temáticas como en autoría, mezclando la obra de autores veteranos como Paco Nájera o jóvenes promesas. Un buen ejemplo de lo que se puede encontrar en Tebeox es Nelly Bly, Carlos Correia y Montse Mazorriaga, ficción inspirada en la vida de la famosa e intrépida periodista Elizabeth Cochran, que firmaba como Nellie Bly. Una precursora del reporterismo de campo que protagonizó la gesta de dar la vuelta al mundo en 72 días a finales del siglo XIX. Una proeza aprovechada por los autores para crear una obra de lectura agradable y muy entretenida que bebe de la aventura verniana, sin renunciar a la reivindicación, y eficazmente narrada con un dibujo que juega con acierto con una paleta centrada en los sepias. Una excelente forma de huir a lugares exóticos y alejados sin salir de casa. Álvaro Pons

Nellie Bly. Carlos Coreia y Montse Mazorriaga. 2020. El cómic se puede leer en la plataforma Tebeox.

UN VIDEOJUEGO: Limbo

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 33)

El mundo del videojuego también se rige por aquella máxima de Don Quijote de que vale más un diente que un diamante. O sea, más vale hacer juegos sólidos que vistosos, juegos pequeños hechos con mimo que superproducciones brillantes y vacías. Hemos vivido una década en que las compañías independientes podían tratar de tú a tú a los grandes estudios, y uno de los pistoletazos de salida de esta época gloriosa de los estudios independientes fue, en 2010, Limbo, de la independiente danesa Playdead. Juego mudo, de plataformas en dos dimensiones y en blanco y negro (y gris, mucho gris), en el que controlábamos a un niño perdido en un mundo que le era ajeno y hostil. ¿Una metáfora? ¿Un viaje astral? ¿Un estado del alma? La gracia de los videojuegos (y de los dientes) es que su significado se descubre al usarlos. Jorge Morla

Limbo. Playdead. 2010. El juego está disponible para Xbox One, PS4, Windows, LINUX, MAC, iOS, Android y Switch.

Leave a Reply