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Jesse Eisenberg: “No soy consciente de lo que dicen de mí”

Las casas son todas iguales. Misma pintura verde, dos pisos y un jardín. Sin embargo, la número nueve es distinta: es la suya. O, más bien, puede serlo: solo falta una firma. El agente inmobiliario lo tiene así de claro, pero Gemma y Tom dudan. No es el nido que imaginaron para su sueño. Algo no les convence, tal vez tantos edificios idénticos, o la urbanización desierta. Así que, finalmente, deciden marcharse. Pero, entonces, su idilio se vuelve una pesadilla. Una inventada, al menos cuando el director, Lorcan Finnegan, y el guionista, Garret Shanley, la escribieron, la filmaron y la titularon Vivarium. Sin embargo, ahora que se estrena, su trama recuerda el día a día de muchos. “Verla durante este encierro puede llevarte a conectar de otra manera”, reconoce Jesse Eisenberg, que interpreta a Tom. Porque la joven pareja se encuentra de golpe prisionera de un bucle: por más que intente huir, se vuelve a encontrar ante la puerta número nueve. Está condenada a no salir de casa.

Los espectadores también verán el largo en sus hogares. A falta de salas, Vivarium está desde hoy en el cine virtual de la distribuidora A Contracorriente. Eisenberg (Nueva York, 36 años) admite que es “extraño” lanzar un filme en este contexto. Aunque no por ello renuncia a subrayar sus virtudes: “Es una gran obra surrealista, el tipo de película que podría haber hecho Dalí. También evoca Black Mirror. Ahora el público la percibe como aún más relevante por la situación, pero se debe además a su alto nivel de realización”. El actor confiesa que el rodaje también se alejó de la normalidad. El set de la urbanización, con la fila de viviendas iguales, se levantó en Bélgica. Pero el interior se filmó en Irlanda. Lo bueno, para Eisenberg, fue que terminaron tan “desorientados” como sus personajes.

Él mismo ha vivido cierto caos en los últimos días. Acaba de llegar a su hogar en Indiana, donde transcurrirá la cuarentena con su mujer y su hijo. “Me he pasado dos semanas conduciendo para cruzar EE UU. He estado bastante aislado de todo. Empiezo a darme cuenta ahora”, explica. Aunque debe de haberse puesto al día rápidamente: desde el principio, se interesa por la situación de su interlocutor, su familia o España. Una, dos, tres preguntas: el arranque de la entrevista se desarrolla al revés. Hasta las palabras, que Eisenberg suele disparar a un ritmo acelerado, salen despacio: su preocupación resulta seria y genuina. En todo caso, los suyos también están bien. A pesar de la gestión de Donald Trump, en su opinión: “Hace tres años que vivimos una situación política rara. Este es otro capítulo más”.

Vivarium, en cambio, es la enésima entrega de un talento hiperactivo. Eisenberg es conocido por interpretar a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, en La red social, de David Fincher, con la que obtuvo una nominación al Oscar. Pero, antes y después, apareció en Una historia de Brooklyn, Café Society, Bievenidos a Zombieland o Batman v. Superman y hace tiempo que estrena un par de filmes al año. Aunque los malévolos, o la web especializada Imdb, apuntan a que tiende a interpretar personajes neuróticos o asociales. “No hay muchos trabajos donde la gente pueda comentar constantemente qué haces, cómo e incluso tu imagen. No veo mis películas, ni leo sobre ellas. No soy consciente de lo que dicen de mí. A veces mi mujer me cuenta algo que sale en la prensa e intenta corregir mis errores. Prefiero no saber nada, me hace pasar vergüenza”, responde él.

Eisenberg conoce las sensaciones desagradables. Fue un niño excluido, que lloraba “cada día” en el colegio. Hace tiempo que sabe qué significa lidiar con ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo y depresión. Aunque, a la vez, declaró a The Guardian: “Sé que mis circunstancias son las más afortunadas desde el comienzo de la civilización”. Con 16 años, se estrenó en la sit-com Get Real; a los 18, vendió a un estudio su primer guion. Y con el largo Cosas de hombres, en 2002, empezó a percibirse como un intérprete. “Como actor, solo eres tan bueno como el filme donde trabajas. Allí, se dijo que estaba maravilloso, porque era una gran obra. A veces sientes que lo has dado todo, y por alguna razón no funciona. Otras, tú estás regular, pero la película triunfa y te celebran a ti también”.

Aunque su horizonte va mucho más allá de la actuación. Eisenberg escribe obras de teatro, publica relatos o artículos en The New Yorker, creó la web de juegos OneUpMe.com y lucha con dinero y voluntariado contra la violencia de género o por la acogida de los refugiados. “La mayoría de la gente trabaja de lunes a viernes cada semana. Los actores tienen varios meses libres. Creo que hay que mantenerse activo, si no, enloqueces”, defiende. De hecho, justo acaba de realizar una donación para proteger los empleos destruidos en el cine de EE UU. “Aunque sé que los grandes estudios siguen adquiriendo guiones y desarrollándolos. No sé si se han instalado en el rechazo o es que es una buena época para comprar”, asegura. Él, en todo caso, en los últimos tiempos ha trabajado casi más con el cine europeo. “Les estoy muy agradecido, así como a la industria de Canadá. Nos han dado la manera de rodar los grandes dramas, esas películas de clase media, de 15 o 20 millones, que en EE UU ya no se hacen. Aquí, se oscila entre superproducciones de superhéroes u obras indie de presupuesto mínimo”, afirma.

A saber cuántos de esos filmes hablarán, pronto, de la Covid-19. “Todo el mundo está afrontando lo mismo, y me pone curioso ver qué sale de esto. Aunque puede llevar a que se superpongan muchas respuestas creativas”. Él también piensa aprovechar la reclusión para escribir, pero, a priori, prefiere evitar el tema del coronavirus. Quiere reflexionar más, no dejarse llevar. Algo, en todo caso, saldrá. Hace años que Jesse Eisenberg no para.

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