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Jarvis Cocker, el icono del britpop que quiere ser Leonard Cohen

“Me gusta confundir a la gente”, afirma la voz pausada y grave de Jarvis Branson Cocker (Sheffield, Reino Unido, 1963) desde las oficinas de su discográfica en París, ciudad en la que reside a caballo de Londres. Se encuentra promocionando Beyond the pale, un álbum firmado con el nombre de Jarv Is… y que contiene las primeras canciones nuevas grabadas por el que fuera líder de Pulp en 11 años. Aunque podría entenderse como su tercer trabajo en solitario, él lo vende como un nuevo grupo. “El nombre confunde, pero al mismo tiempo es apropiado, porque la banda está basada en ideas que yo tenía, pero sus miembros han definido los temas instrumentalmente”, explica.

Sin duda, hay algo también de reclamo comercial en utilizar su nombre de pila para presentar un trabajo no precisamente fácil, apenas siete temas, todos por encima de los siete minutos de duración. “Sé que eso no tiene mucho sentido en la era de Spotify, pero uno tiene que seguir sus instintos creativos”, sostiene el músico. “Tampoco me gusta buscar muchas explicaciones a por qué hago la música que hago, pero supongo que tienen una melodía y unas estructuras muy pop, porque yo crecí con la radio comercial y con las listas de éxitos. Ahora no tengo ni idea de qué es lo que suena en ellas”, argumenta el de Sheffield, que entre 2010 y 2017 estuvo conduciendo el programa radiofónico Sunday service en la BBC 6, poniendo la música que le apetecía. Su misión, bromeaba él, era “devolver el aburrimiento a los domingos”.

Jarvis es algo más que un músico pop: es un icono cultural y, para un significativo grupo de personas, un tesoro nacional británico que ha presentado documentales y programas sobre arte en televisión, ha sido columnista en The Guardian, apareció en una de las películas de Harry Potter o inspiró –y puso voz– a uno de los personajes de Fantastic Mr. Fox, de Wes Anderson. Su camino nunca ha sido el previsible: alcanzó el estrellato masivo entre 1994 y 1995, cuando publicó sus dos obras imperiales al frente de Pulp, His ‘n’ hers y Different class. Aquello coincidió con el estallido del britpop, aunque él nunca se identificó con el movimiento. La banda llevaba en activo desde 1978, aunque muy tapada entre los nombres más esquivos del indie de la época.

“Tras el final de Pulp pude haberme retirado, pero seguí componiendo. Era importante. Así llegué a darme cuenta de que escribir canciones es mi forma de encontrarle un sentido al mundo”

En 1988 hizo un alto en su trayectoria y se mudó de Sheffield a Londres para estudiar Cine y Bellas Artes en la Central Saint Martins School Of Art. Sus seguidores lo saben perfectamente, pues ese lugar protagoniza la primera estrofa de su canción más legendaria, Common people, y además alentó la mejor leyenda urbana generada sobre él: que la chica griega sobre la que cantaba era la hoy esposa del exministro Yanis Varoufakis. El caso es que aquella época fue más importante para Cocker por un motivo poco evidente. “Viví allí el surgimiento de la cultura rave”, confiesa.

“Entonces yo tenía 25 años, había ido a clubes nocturnos en Sheffield, solía ir a uno llamado The Limit dos noches a la semana, pero era más del tipo indie disco. Al llegar a Londres yo solo quería ser un cineasta, ¿para qué querría salir a bailar?, pero el acid house comenzó a desarrollarse mucho, alguien me invitó a una fiesta, yo dije: ‘Guay, vale’ y era un nivel completamente diferente a lo que yo conocía. De repente había como 20.000 personas en el campo, con música que era futurista pero muy primitiva también, con ritmos repetitivos, miles de personas de todos los orígenes sociales bailando durante horas y horas sin parar. Me pareció increíble, me di cuenta de que eso era lo que siempre había buscado en un club pero nunca había pensado que pudiera existir. Eso siempre se ha quedado conmigo”.

Una de las mejores canciones de Pulp, Sorted for E’s and wizz, narra una de esas experiencias, pero la prueba de que eso ha seguido resonando en su interior es que en dos de sus nuevos temas, House music all night long y Must I evolve?, vuelve a ello. “Me acuerdo mucho de una fiesta a la que me llevaron, en un túnel bajo la autopista que parecía como una caverna, y yo sentía como que había viajado hacia atrás en el tiempo. Fue una experiencia musical y social muy importante para mí y supongo que por eso siempre me ha aportado inspiración”, recalca.

Jarvis es uno de esos iconos que nos hacen pensar en qué fue del siglo XX. De sus nuevas canciones se infieren reflexiones sobre la gentrificación o la turistificación. I am Pharoah, por ejemplo, está escrita desde el punto de vista de una de las estatuas humanas que pueblan los lugares más visitados del mundo. “Mi idea venía de un lugar más malévolo”, revela él. “Como estas personas están siempre disfrazadas, podrían espiar a alguien o seguirlo sin que se entere. También pensé en los ataques terroristas que han ocurrido recientemente en lugares públicos. Es como si todo hubiese perdido su inocencia”.

“No me gusta buscar muchas explicaciones a por qué hago la música que hago”, asegura el músico inglés. Audoin Desforges

El de la gentrificación es un tema que también preocupa a este hombre de izquierdas convencido. “Al principio de ir a Londres vivía en Hoxton, en el East End. Era un lugar muy peligroso y ahora está lleno de cafés. Entonces estaba poblado por artistas porque era una zona más barata para vivir y trabajar, y ahora lo que sucede es que todo este tipo de espectadores de la sociedad dicen: ‘¡Oh, eso es tan trendy…! ¡Todos los artistas viven allí!’, pero el alquiler sube y los artistas se tienen que ir a otro lugar. Es una pena porque si piensas, por ejemplo, en Saint Martins, probablemente la principal razón por la que decidí ir allí era porque estaba en el centro de la ciudad, donde había oficinas, tiendas y escuelas. Ahora mismo en el centro ya no hay pequeños negocios porque nadie se lo puede permitir. Todo se ha vuelto muy soso porque solo hay un tipo de persona que puede vivir allí, los ricos”, manifiesta.

Cocker reunió a Pulp, que se había disuelto en 2002, para tocar en directo en 2011 y 2012. “No estaba muy satisfecho con cómo había terminado todo. Quería finalizar la historia del grupo del modo correcto, traer las canciones de nuevo a la vida de un modo convincente y auténtico, y por eso creo que fue la gira más placentera que hicimos”, rememora. Finalizo preguntándole por lo que para él han supuesto las pérdidas de David Bowie, Leonard Cohen y Scott Walker, artistas de una estirpe de la que, probablemente, Jarvis Cocker sea uno de los últimos herederos. “Esas tres personas que mencionas han sido grandes influencias para mí durante toda mi vida”, concede.

“Una característica de ellos es que siguieron haciendo música prácticamente hasta su último día, y eso me parece muy inspirador, porque más allá de hablar en términos de éxito, el mismo acto creativo era tan importante para ellos que siguieron desarrollándolo incluso cuando sabían que su tiempo en la Tierra era limitado. En cierto modo, ese es el motivo por el que este disco existe. Tras el final de Pulp pude haberme retirado, pero seguí componiendo y era importante para mí, porque llegué a darme cuenta de que escribir canciones es mi forma de encontrarle un sentido al mundo”.

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